Un movimiento de todos y de nadie
Link a la entrevista que le hice a Amador Savater sobre los llamados “movimientos sociales difusos” o “movimientos sociales que no son movimientos sociales”, y que fue como complemento de la nota que posteamos anteriormente. Amador es un pensador agudo, creativo y arriesgado. Vale la pena debatir con él.
Link a la nota: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/movimientos-sociales-15-M_0_631736833.html
F.P.
Mundo nuevo Mundo viejo
El sábado pasado apareció en el suplemento Radar del diario Página/12 una nota excelente del escritor y bloggero Hernán Casciari, que también se puede encontrar en la página web de la editorial Orsai. Hace poco, aún cuando nos tiene acostumbrado a sorprendernos gratamente con su desparpajo y su creatividad, nos volvió a sorprender con su conferencia Cómo matar al intermediario en TEDx Río de la Plata, con un discurso autobiográfico que nos resultó tan inquietante como interpelador. Reproducimos a continuación la nota de Página/12 con algunos subrayados hechos por Jengibre con el propósito de destacar dos cosas: 1) la existencia simultánea de dos mundos (uno nuevo y uno viejo) que conviven y se superponen; 2) el procedimiento que Hernán marca en relación al mundo editorial es perfectamente coincidente con el nuevo procedimiento político: avanzar sin confrontar porque el mundo viejo está gagá y se cae solo, por su propio peso. Con ustedes el texto:
Piratas y Tiburones
El contador de suscripciones anuales a la nueva revista Orsai acaba de llegar a mil. En nueve días, y sin noticias sobre los contenidos o la cantidad de páginas, mil lectores ya compraron las seis revistas del año próximo. Y eso que todos saben que habrá una versión en pdf, gratuita, el mismo día que cada revista llegue a sus casas. Repito: acabamos de vender seis mil revistas. Seiscientas sesenta y cinco por día. Veintiocho por hora.
Al mismo tiempo, una escritora española acaba de informar que dejará de publicar. “Dado que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio que no voy a volver a publicar libros”, dijo ayer Lucía Etxebarría. La prensa tradicional se hizo eco de sus palabras y la industria editorial la arropó: “Pobrecita, miren lo que Internet les está haciendo a los autores”.
A nosotros nos ocurre lo mismo. Durante 2011 editamos cuatro revistas Orsai. Vendimos una media de siete mil ejemplares de cada una, y con ese dinero les pagamos (extremadamente bien) a todos los autores. Los pdf gratuitos de esas cuatro ediciones alcanzaron las seiscientas mil descargas o visualizaciones en Internet.
Vendimos siete mil, se descargaron seiscientas mil.
Si los casos de Lucía Etxebarría y de Orsai son idénticos, y ocurren en el mismo mercado cultural, ¿por qué a nosotros nos causan alegría esos números y a ella le provocan desazón?
La respuesta, quizá, es que se trata del mismo mercado pero no del mismo mundo.
Existe, cada vez más, un mundo flamante en el que el número de descargas virtuales y el número de ventas físicas se suma; sus autores dicen: “qué bueno, cuánta gente me lee”. Pero todavía pervive un mundo viejo en el que ambas cifras se restan; sus autores dicen: “qué espanto, cuánta gente no me compra”.
El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.
El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.
Dicho de otro modo: no es responsabilidad de los lectores que no pagan que Lucía sea pobre, sino del modo en que sus editores reparten las ganancias de los lectores que sí pagan. Mundo viejo, mundo nuevo. Hace un par de semanas viví un caso muy clarito de lo que ocurre cuando estos dos mundos se cruzan. Se lo voy a contar a Lucía, y a ustedes, porque es divertido:
me llama por teléfono una editora de Alfaguara (Grupo Santillana, Madrid); me dice que están preparando una Antología de la Crónica Latinoamericana Actual. Y que quieren un cuento mío que aparece en mi último libro, “un cuento que se llama tal y tal, que nos gusta mucho”.
Le digo que por supuesto, que agarre el cuento que quiera. Me dice que me enviará un mail para solicitar la autorización formal. Le digo que bueno.
A la semana me llega el mail, con un archivo adjunto:
“Estimado Hernán, te explico lo que te adelanté por teléfono: Alfaguara editará próximamente una antología de bla bla bla cuya selección y prólogo está a cargo de Fulanito de Tal. El ha querido incluir tu cuento Equis. Si estás de acuerdo con el contrato que te adjunto, envíame dos copias en papel con todas las páginas firmadas a la siguiente dirección” (y pone la dirección de Prisa Ediciones, Alfaguara).
Abro el archivo adjunto, leo el contrato. Me fascina la lectura de contratos del mundo viejo. No se molestan en lo más mínimo en disfrazar sus corbatas.
Al cuento que me piden lo llaman “La aportación”. En la cláusula 4 dice que “el editor podrá efectuar cuantas ediciones estime convenientes hasta un máximo de cien mil (100.000)”. En la cláusula 5, ponen: “Como remuneración por la cesión de derechos de ‘La aportación’, el editor abonará al autor cien euros (¿100?) brutos, sobre la que se girarán los impuestos y se practicarán las retenciones que correspondan”.
Pensé en los otros autores que componen la antología, los que seguramente sí firman contratos así. Cien euros menos impuestos y retenciones son sesenta y tres euros, y a eso hay que quitarle el quince por ciento que se lleva el agente o representante (todos tienen uno), o sea que al autor le quedan cincuenta y tres euros limpios. No importa que la editorial venda dos mil libros o cien mil libros. El autor siempre se llevará cincuenta y tres euros. ¿Firmará Lucía Etxebarría contratos así?
Esa misma tarde le respondí el mail a la editora de Alfaguara:
“Hola Laura, el cuento que querés aparece en mi último libro, que se distribuye bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported, que es la más generosa. Es decir, podés compartir, copiar, distribuir, ejecutar, hacer obras derivadas e incluso usos comerciales de cualquiera de los cuentos, siempre que digas quién es el autor. Te regalo el texto para que hagas con él lo que quieras, y que sirva este mail como comprobante. Pero no puedo firmar esa porquería legal espantosa. Un beso.”
La respuesta llegó unos días después; ya no era ella la que me hablaba, sino otra persona:
“Hernán: entendemos esto, pero el departamento legal necesita que firmes el contrato para que no tengamos problemas en el futuro. ¡Saludos!”
Y ya no respondí más nada. ¿Para qué seguir la cadena de mails?
La anécdota es esa, no es gran cosa. Pero quiero decir, al narrarla, que no hay que luchar contra el mundo viejo, ni siquiera hay que debatir con él. Hay que dejarlo morir en paz, sin molestarlo. No tenemos que ver al mundo viejo como aquel padre castrador que fue en sus buenos tiempos, sino como un abuelito con Alzheimer.
–¿Me das eso? –dice el abuelito.
–Sí, abuelo, tomá.
–No, así no. Firmame este papel donde decís que me das eso y yo a cambio te escupo.
–No hace falta, abuelo, te lo doy. Es gratis.
–¡Necesito que me firmes este papel, no lo puedo aceptar gratis!
–¿Pero por qué, abuelo?
–Porque si no te cago de alguna manera, no soy feliz.
–Bueno, abuelo, otro día hablamos… Te quiero mucho.
Y de verdad lo queremos mucho al abuelo. Hace veinte, treinta años, ese hombre que ahora está gagá, nos enseñó a leer, puso libros hermosos en nuestras manos.
No hay que debatir con él, porque gastaríamos energía en el lugar incorrecto. Hay que usar esa energía para hacer libros y revistas de otra manera; hay que volver a apasionarse con leer y escribir; hay que defender a muerte la cultura para que no esté en manos de abuelos gagá. Pero no hay que perder el tiempo luchando contra el abuelo. Tenemos que hablar únicamente con nuestros lectores.
Lucía: tenés un montón de lectores. Sos una escritora con suerte. El demonio no son tus lectores; ni los que compran tus novelas ni los que se descargan tus historias de la red.
No hay demonios, en realidad. Lo que hay son dos mundos. Dos maneras diferentes de hacer las cosas.
Está en vos, en nosotros, en cada autor, seguir firmando contratos absurdos con viejos dementes, o empezar a escribir una historia nueva y que la pueda leer todo el mundo.
El link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7594-2012-01-02.html
F.P.
Dinámica joven
La dinámica de los jóvenes está hecha con la matriz de un mundo nuevo, al que -como dice el filósofo Martín Homenhayn- logran adaptarse mucho más rápido que los adulto:
“La juventud es un grupo que, por sus características de edad, como de cultura y educación, es una amenaza permanente de relevo en el trabajo para los adultos. La juventud está mucho más preparada para nuevas formas de flexibilización, formas de producir, un mundo más intensivo en tecnología y acceso al conocimiento en el trabajo cotidiano: son más adaptables, más plásticos, más dinámicos. Confieso que hay una construcción fóbica de la nueva generación como una generación que te va a desplazar en un momento en que uno no quiere ser desplazado. Es decir que puede haber por ese lado una sensación de amenaza también.” Diario Página/12, 02-01-2012
No obstabte, hay que decirlo, no sólo se adaptan, también generan condiciones de vida, trabajos, proyectos, que ya tienen la dinámica del nuevo mundo; es más: es el nuevo mundo. Allí, en ese proceder, en esa objetivación colectiva, están los indicios de una nueva institucionalidad:
Sobre la identidad en las nuevas prácticas políticas
Hace ya algún tiempo que venimos hablando de los modos en que las nuevas prácticas políticas evitan ofrecer flancos de anatemización. Uno de las claves, por ejemplo de OWS, el 15-M o la Primavera árabe, es evitar dar una identidad, razón por la cual las ciencias sociales -sin abdicar de sus prejuicios- no las reconocen como movimientos sociales. Como dice Amador Fernández Savater, hijo del filósofo Fernando Savater y activista del 15-M español, “…los políticos y los media presionan para que nos convirtamos en un “interlocutor válido” con sus propuestas, programas y alternativas. Una identidad ya no hace preguntas, sino que ocupa un lugar en el tablero (o aspira a ello). Se convierte en un factor previsible en los cálculos políticos y las relaciones de fuerzas.”[1]. Esta mecánica, sin embargo, no puede —y al parecer no quiere— evitar el conflicto, sólo diluyen la identidad diciendo “no tenemos jefes ni jerarquías, no obedecemos órdenes, sólo somos muchos que quieren otra cosa”.
[1] Publicado en “15-M: el poder de indefinir”. Entrevista a Amador Fernández-Savater realizada en el sitio Libro de notas. Diario de los mejores contenidos de la Red en español. http://librodenotas.com
F.P.
¿Qué es la Política 2.0?
Como hemos referido en algunos post anteriores, la nota que Página/12 le publicara a Gerardo Adrogué, cuyo título es Los malentendidos de la Política 2.0, nos llevó a reflexionar acerca del alcance de las nuevas tecnologías en política; más aún, fue una sana interpelación a algunas ideas y conceptos que venimos trabajando en este blog desde hace más de dos años, por lo cual nos sirvió para poner a prueba lo que pensamos. A continuación el texto completo de la nota que salió en Página/12 a modo de respuesta:
Sobre los malentendidos de la política 2.0
A casi dos años de haber ingresado en la segunda década del siglo XXI, podemos decir que brecha digital no es igual a brecha económica. Sostener la homologación de estos dos elementos de análisis es desconocer que la brecha digital es cada vez menos económica que mental. De allí que el manejo de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) que en Argentina está entre los más altos de Iberoamérica no guarde una relación directa con la cantidad de hogares que tienen computadora e internet, sino con el nivel de acceso y manejo de cierto capital cultural. Es decir, si bien la conectividad puede servir para expresar cierto standard de vida, no es una variable de hierro para establecer niveles de inclusión. Lo mismo ocurre con la PC. Hoy, pensar el acceso a la PC como una variable de inclusión, es como haber supuesto en el boom de la industria liviana que la radio o la televisión iban a definir pertenencias de clase. La accesibilidad tiende a resolverse fácticamente, con celulares y netbooks cada vez más económicos. Mucho más cuando las políticas de Estado (nacionales, provinciales, incluso municipales) marchan hacia una inclusión digital que, lejos de estancarse, iguala las oportunidades de los diferentes sectores sociales.
Tomemos el ejemplo del celular. El celular, que era un artículo de lujo en los ‘90, ha dejado de ser excluyente para la inmensa mayoría; hoy sólo el 10 por ciento de la población mundial no usa celular. Pero hay un dato aún más significativo: los últimos 20 años conformaron un proceso de alfabetización digital que le permitió a un número todavía creciente de personas interactuar y producir contenidos. Pensémoslo en perspectiva: si hoy somos 2 mil millones de personas [inter]conectadas en el mundo, en menos de cinco años ese número lejos de estancarse habrá aumentado exponencialmente, incluyendo la producción y la interacción de gente que no provendrá precisamente de Europa, América del Norte o Japón, sino de China, India y Sudamérica. Podríamos decir entonces que mientras en “la lógica del capitalismo” las telefónicas y las fábricas de celulares aumentan su poderío económico, en la lógica social aumenta la capacidad de interacción e intervención de muchos con muchos, y por lo tanto una cierta autonomía como un renovado poder contracultural. Hace ya bastante tiempo, por ejemplo, que diferentes comunidades de pescadores del mundo han incorporado el SMS para consensuar cotizaciones que cuando atracan en los puertos les permiten negociaciones más ventajosas. Algo parecido ocurre con sectores populares de Perú que mediante SMS acceden a información fiable y necesaria para decidir sus compras frente a la rapacidad corporativa de los supermercados. ¿No son estos ejemplos la demostración de una fortaleza colectiva que se apoya en las TIC? ¿La incorporación de ese instrumental no tiene una dimensión política? ¿Eso que con descrédito suelen llamar Política 2.0 no abrió acaso el camino de la crítica global que hoy llevan adelante los “indignados” en el mundo entero? Si alguna conclusión podemos sacar es que las TIC, antes que un fenómeno tecnológico, demostraron ser plataformas de socialización y de construcción cooperativa de conocimiento. ¿Es disparatado pensar que esa cultura colaborativa pueda generar su propio dispositivo de poder como en su momento lo hizo el modelo ilustrado? Aunque intrépida, no es una pregunta inoportuna en el contexto de una crisis del capitalismo —y de los sistemas políticos— como la que atravesamos. Los medios de producción que en el capitalismo industrial se sostenían en el paradigma energético, en la actualidad han ingresado en una fase crítica bajo el paradigma del conocimiento. Esto, que algunos teóricos llaman “capitalismo cognitivo” está modificando las relaciones de fuerza de los actores que intervienen en el proceso de producción y está produciendo mutaciones históricas. Los trabajadores son cada vez menos piezas reemplazables de una cadena de producción, como lo fueron durante el taylorismo y el fordismo; lo cual ha puesto en marcha un proceso de reapropiación de los medios de producción y una revaloración de lo que Eduardo Rojas llama el “saber obrero”. No es lo mismo el tipo de oposición (física) que se le presentaba al capitalismo industrial, que el tipo de oposición (intelectual) que se le presenta al capitalismo actual. Antes los obreros se resistían a la explotación, ahora —sobre todo los jóvenes— se preservan de la alienación. Lo mismo ocurre en el campo de la política, con jóvenes que interpelan viejas prácticas y recusan las alternativas de “participación” que les ofrecen los partidos. Occupy Wall Street, el 15-M de España y la Primavera Arabe, rechazando toda filiación, jerarquía o liderazgo, forman parte de esta movida. Y aunque aún no logren componer una alternativa, porque en la actualidad tienen más poder desestabilizador que instituyente, manifiestan un descontento estructural que más temprano que tarde habrá de (re)presentar una alternativa efectiva.
Por todo esto, aun cuando la matriz moderna nos condicione la percepción, asistimos a la evidente irrupción de una nueva esfera pública y a un nuevo concepto de lo político. Medir esta mutación, como se suele hacer, por la efectividad revolucionaria de Facebook o por los seguidores de Obama en Twitter, es una simplificación, cuando no una descalificación, más cerca del prejuicio y el desconocimiento que de un censo de lo real, en el sentido que Hannah Arendt concebía a lo real, como la aparición y el registro del otro.
El link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-180678-2011-11-07.html
F.P
Joseph Stiglitz y su mirada sobre el 1% y el 99%
Excelente nota de Joseoh Stiglitz en el diario El País de España. La nota guarda una sintonía total (cosa que me halaga mucho, obvio) con los trabajos que vengo publicando desde los acontecimientos de enero en Túnez. Hay, en los mal llamados indignados, tanta historia como innovación, dos variables que no siempre se en encuentran, pero cuando lo hacen aplican la experiencia y el régimen (en este caso una cosmovisión antes que un sistema, en eso difiero con Stiglitz) se queda sin respuesta. Es decir, estamos en un proceso de cambio que recién empieza y aunque tiene todo por mostrar, arroja muchos indicios que nos advierten que lo suyo es más que una protesta, en su estilo (forma y no fondo) está la propuesta posible, su modo de mirar el mundo
El link a la nota: http://www.elpais.com/articulo/economia/globalizacion/protesta/elpepieco/20111106elpepieco_2/Tes
La mal llamada "Política 2.0"
Comparto con ustedes una nota mía que en el día de ayer publicó Página/12 sobre la mal llamada “Política 2.0”. La nota fue en respuesta a una nota que hace algo más de un mes el diario le había publicado a Gerardo Adrogué y que se llamaba “Los malentendidos de la Política 2.0”. La mía, pues, es “Sobre los malentendidos de la política 2.0”.
Este es el link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-180678-2011-11-07.html
F.P.
#OWS: interacción y fiesta callejera
El sábado 29 de noviembre la Revista Ñ publicó una de las notas más lúcidas sobre el mal llamado movimiento de “los indignados” (también es incorrecto llamar Ocupy Wall Street, porque es un movimiento con características globales). Su autora, la antropóloga mexicana Rossana Reguillo es autora de “Estrategias del desencanto”, un libro con el que se podría tener más de un punto de desencuentro, pero no con su sensibilidad, que le permite captar como pocos el devenir epocal en el que se despliegan nuestras co-biografías. En esta testimonio personal, como en ningún otra nota sobre el #OWS, Reguillo resalta el carácter “interactivo y festivo” de Ocupy Wall Street, y habilita una mirada optimista que ningún pensador europeo se permite, aún los más progresistas, como si en el hecho de abandonar la mirada densa y descreída (por no decir oscura) de la cultura centroeuropea se les fuera la vida. Reguillo, memorable y valiente como pocos menciona los casos de Slavoj Zîzêk y Sygmunt Bauman, expone sus contradicciones y marca los puntos en los que disiente con su lectura del fenómeno político más importante de los últimos tiempos. Cabe aclarar que hasta ayer sólo se accedía a la nota en versión papel, pero hoy -en buena medida por la gentileza de Horacio Bilbao- fue publicada en la web de la revista, por eso podemos compartirla con algunos párrafos resaltados, lista para el debate.
El 99% resiste la intemperie
Mic check (comprobar micrófono), grita el orador en turno, en un eco casi instantáneo la multitud congregada va contestando “ mic check ” en oleadas que alcanzan distancias considerables entre el epicentro del discurso y las últimas filas de los participantes en las asambleas de #Occupy Wall Street. Son los micrófonos humanos que se utilizan en las asambleas, marchas, teach in (conferencias públicas), dado que a los ocupacionistas les están vedados cualquier tipo de aparatos de reproducción tecnológica (además de lo que la policía llama “estructuras” entre las que se encuentran los paraguas). Hace un par de días un joven le pidió matrimonio a su novia Deb y le preguntó para gozo de los habitantes de Liberty Plaza (antes Zuccoty Park), después del correspondiente “ mic check ”, si quería “ocupar su vida” ( Deb, would you occupy my life? ). (disponible en http://youtu.be/3KzMT2u0nlE).
Este es el espíritu festivo e interactivo que caracteriza a los movimientos insurreccionales y ocupacionistas que, de la Primavera Arabe a Occupy Wall Street impregnan el ánimo colectivo y que parece preocupar mucho tanto al filósofo esloveno Slavoj Zizek como al sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Para el primero, la ausencia de un plan programático y un fin establecido representan un problema y una debilidad; contradiciendo su filosofía radical, Zizek parece exigirles a estos movimientos un comportamiento moderno y teleológico. Además, en su intervención en Liberty Plaza, advirtió el riesgo del carnaval y de la fiesta, a la que considera una especie de narcisismo intolerable. Por su parte, Bauman, entrevistado hace pocos días (el 17 de octubre) con motivo de la aparición de otro de sus libros, declaró que “el 15 M es emocional, le falta pensamiento”, para añadir de manera un poco sorpresiva, si se revisa su trabajo intelectual que “si la emoción es apta para destruir resulta especialmente inepta para construir nada”.
En esta ocasión discrepo totalmente con estos grandes pensadores y quisiera dar algunas pistas y claves para aproximarnos al espíritu de #OWS (Occupy Wall Street), como reza el hashtag de Twitter, que he seguido desde su gestación en Internet y desde el primer día, el pasado 17 de septiembre de 2011 en Nueva York, cuando cientos de jóvenes acudieron puntualmente a la cita en el símbolo del capitalismo global y epicentro de la crisis financiera por la que atraviesan los Estados Unidos.
Ese día, después de muchos rodeos y un trayecto laberíntico, pude arribar al parque y darme cuenta de que parecían ser más los policías que los manifestantes. Eran las 7.30 de la noche y la determinación de quedarse a ocupar la plaza parecía inquebrantable y así fue. Con el paso de los días fueron llegando más y más personas, la mayoría jóvenes, es cierto, pero también amas de casa, abuelas, desempleados, los homeless encontraron rápidamente un espacio de cobijo generoso, en el que no han faltado mantas, comida y una colaboración constante. El cambio de escala vino con la llegada de algunos sindicatos y con la marcha impresionante de 700 pilotos de aerolíneas que en sus impecables uniformes fueron a brindar su apoyo a los ocupacionistas y a reconocerse en su protesta: una crisis financiera, una desigualdad económica mayúscula, una injusta y brutal distribución de la tasa fiscal, las inconcebibles deudas por créditos educativos que condenan a los estudiantes a una vida entera de pago por intereses. Para mediados de la primera semana, ya eran miles y miles y miles los que entraban y salían de la recientemente bautizada “Liberty Plaza”.
Me tomó varios días entender por qué pese a la brutalidad policíaca que he podido documentar en fotografías y videos, no los desalojaban de una vez. Así se abrió paso un dato que sacudió el cimiento de mis certezas como latinoamericana: el parque tenía dueño, era un ¡parque público, privado!, pertenece a la Brookfield Office Properties, una gigantesca compañía de bienes raíces. Mientras los dueños no soliciten el desalojo, la policía no puede intervenir. En este sentido, una alerta puso a funcionar los innumerables recursos del movimiento, cuando el pasado 14 de octubre, los manifestantes recibieron una notificación en la que se les informaba desde la oficina del alcalde Bloomberg, que por instrucciones de los dueños, se efectuaría una limpieza, lo que a todas luces era un desalojo disfrazado. Ese día circularon desde distintas agrupaciones que apoyan al OWS, distintas iniciativas para resistir los intentos de desalojo, pero el arma secreta estaba escondida y en punto, a las 6 de la mañana, empezaron a circular primero por el livestream (el canal en vivo que transmite continuamente las actividades de OWS) y luego por Twitter, Youtube, Flickr y otros sitios, las imágenes increíbles del “arsenal” de escobas y trapeadores, las casas de campaña perfectamente empacadas y en alto, que los ocupacionistas mostraron al mundo y a la ciudad para volver inútil la opción por la limpieza. Bloomberg desistió, gran triunfo y alegría para los habitantes de esta utopía colectiva.
La ocupación de Wall Street cumplió ya su primer mes y el ánimo no decae; a su configuración central se le han añadido dos importantes movimientos complementarios: Occupy Wall Street en español, que convoca a miles de latinos e hispanos que se reconocen y son reconocidos en esta hazaña colectiva (ocupar en español, reafirma el espíritu que los anima, una política de las identidades incluyente) y, Occupy the Hood (ocupar el barrio), que animado por afroamericanos, ha llevado las protestas y las ocupaciones a Harlem, el Bronx, Queens y otros territorios de la ciudad y del país. La genialidad del We are the 99% como consigna principal del movimiento (por oposición al 1% que controla la riqueza de los EE.UU.), ha logrado la auto-inclusión de una compleja y multidimensional, variada y festiva multitud que avanza como un síntoma efervescente y poderoso del agotamiento de un modelo.
La gran manifestación en Times Square, el llamado 15 O, fue una gran fiesta ciudadana, una aventura compartida de descubrimiento de la palabra colectiva, de los cuerpos en la plaza, sin miedo, sin sospechas, sin consignas. Frente a la maravilla de descubrir a la otra, al otro, de compartir la indignación, la experiencia de ocupar la calle que para muchos es inédita (pero no hay que olvidar que en Estados Unidos, la tradición de luchas civiles es de larga data), la posibilidad de un reconocimiento colectivo, de una escucha atenta amplificada por los micrófonos humanos, el estar ahí, a la intemperie, con un número telefónico escrito con tinta en el brazo (212 679 6018, para llamar a los abogados en caso de ser arrestados), hace que las críticas en torno a lo festivo, lo performativo, lo luminoso de este momento, suenen no sólo desproporcionadas, sino totalmente desencaminadas. Al volver a mi casa provisional en NY, el día 15 de octubre en el metro desde Times Sq hasta Washington Sq, pienso (y siento), al observar los rostros de los jóvenes (que van dispuestos a tomarse el Washington Square) y la exhibición más o menos tímida de nuestros números escritos en los brazos, que hay algo aquí que autoriza el optimismo.
Link a la nota: http://www.revistaenie.clarin.com/edicion-impresa/wall-street-reguillo-indignados-protesta_0_584341778.html
F.P.
Subrayado a la entrevista de Héctor Pavón a Giacomo Marramao
En el número de la Revista Ñ del sábado 22, Héctor Pavón le hizo una muy buena entrevista a Giacomo Marramao. Muchos de los conceptos abordados en la nota están relacionados con la lectura sobre la nueva dimensión política que venimos trabajando en este blog. A continuación la nota y algunos fragmentos subrayados para el debate.
Ultimas noticias de la globalización
La filosofía política muestra fisuras y cierta zozobra para poder explicar lo que ocurre urbi et orbi . Sin embargo, los filósofos políticos están más activos que nunca para interpretar y divulgar las causas y los futuros posibles del mundo capitalista que se encuentra en pleno replanteo de sus estrategias de supervivencia. Giacomo Marramao, filósofo calabrés se encuentra entre quienes interpelan y cuestionan el orden capital de las cosas. Ha sido un pionero en el análisis crítico de la globalización y hoy se pregunta por el devenir de Europa, el mundo árabe y Estados Unidos.
Marramao estuvo en Buenos Aires invitado por Democracia Global y por la Cátedra Altiero Spinelli del CUIA, dio una conferencia en la UBA y presentó su libro La pasión del presente: Breve léxico de la modernidad-mundo (Gedisa). En esta entrevista habla de un presente incierto.
¿Cuáles son las últimas noticias de la globalización sobre la desigualdad, los derechos humanos, la justicia, por ejemplo…?
Para mí la globalización es el pasaje desde la modernidad nación a la modernidad mundo. Es una palabra un poquito débil, demasiado general, un contenedor de demasiadas cosas. En particular soy crítico frente al uso de la terminología utilizada en los derechos humanos: me parece demasiado etnocéntrica porque a veces puede servir a los EE.UU. como justificación para sus intervenciones en el exterior. Hay que plantear una lucha para los derechos en el sentido político de un nuevo universalismo. También Zizek habla de la necesidad de una nueva forma de lo universal. En tanto izquierda, pensamiento democrático radical no podemos no estar de parte del universalismo de la diferencia; no de la identidad. Es decir, la idea misma de lo humano, del derecho tiene que ser radicalmente redefinida en un sentido multicultural. La palabra humano en el pasado fue un campo de conflictos, de guerra, una palabra problemática. Hay una doble cara de lo humano y de los derechos humanos dado que se legitiman por los individuos privilegiados: blancos, norteamericanos, etcétera. Unos son menos humanos que otros. Esta diferenciación no es más débil con la globalización, por lo contrario, devino más fuerte que antes. Hay una diferenciación mayor que en el pasado entre sujetos humanos y sujetos subhumanos.
Hay pensadores en Europa que debaten sobre el posible retorno del humanismo. Pero según lo que usted dice también podríamos pensar lo contrario…
Sí, creo que tenemos una crisis irreversible del humanismo moderno, como en la modernidad teníamos la del humanismo clásico. Ahora tenemos dos problemas, uno de reconstrucción, porque el poder global es un poder deconstructivo. Pero el poder global no es más un poder tradicional piramidal en el sentido de la soberanía tradicional, no es banalmente jerárquico, no tiene más centros ni verticalidad ni jerarquía, tiene más una estrategia reticular. Esta doble metáfora es muy importante para entender el poder hoy: la pirámide y el poder a través de las redes. Y yo no veo que la Red sea una figura geométrica liberadora. La geometría es siempre geometría del poder. Un poder reticular es un poder que se deconstruye, tú no encuentras nunca el poder en el mismo lugar donde estaba ayer, hay un tránsito constante. En este sentido yo me podría encontrar muy bien con la perspectiva de una reconstrucción pero no en el sentido neohumanístico sino en el de una redefinición antropológica. Estamos en un pasaje que no es solamente un pasaje histórico y político sino también un pasaje cultural, de civilización y antropológico, tenemos que reconstruir lo humano en el sentido de pos humano. Esta nueva dimensión de la humanidad también tiene relación con lo animal. Hay una reelaboración y un nuevo sentido humano de la tecnología y, por otro lado, hay una posición que está más allá de la frontera entre el hombre y el animal [esta idea tiene una gran empatía con Maffesoli y su reencantamiento del mundo], porque el hombre tiene el lenguaje o tiene la razón y el animal no tiene el lenguaje. Eso no es verdad. Nosotros somos animales y tenemos un lenguaje, un cerebro y una razón particular. Pero los otros animales tienen su lenguaje, su cerebro, su retórica, su estrategia en la relación con el medio ambiente, con la constelación de su hábitat, construyen un sistema de relaciones. Entonces tenemos que renegociar la relación con la técnica y la tecnología por un lado, y con la animalidad por otro, más allá de la tradición filosófica occidental.
Poder, globalización, la crisis en Europa, en los EE.UU…. ¿El marxismo aún sirve como herramienta de análisis?
Hay una función nueva de la obra de Marx confirmada por los acontecimientos de la globalización. Es decir, el capital global ganó, pero con un precio que aparentemente está en contradicción con la previsión de Marx en el sentido de que no hay una única sociedad capitalista global, hay una dominación del capital y del mercado global pero hay una pluralidad de sociedades capitalistas, diferentes culturalmente. Lo que muchos filósofos olvidan es que en Marx no encontramos nunca la palabra capitalismo. Sólo encontramos la palabra capital y la idea de sociedades en las cuales domina el modo de producción capitalista. Lo social para Marx está siempre determinado por factores culturales y antropológicos. El capital global tendrá una dominación declinada en formas socioculturales diferentes. Existe el capital originario de Europa y Occidente, el capital euroamericano, pero hay también otras tres grandes civilizaciones que tienen el capital de una manera específica que señalaba Marx: India, China, Rusia. Hay una declinación, un carácter personificado, pero las relaciones sociales son diferentes y esto lo vio Marx.
Estos capitalismos responden a esta idea que usted señala de que el capitalismo ganó. Pero también tenemos crisis sin retorno en Grecia, España, EE.UU…
El capital global hasta ahora ganó pero yo creo que no tiene la capacidad de comprender la dimensión que en Marx se llamaba fuerzas productivas y que yo llamo potencias. Las potencias, las capacidades humanas que se desarrollaron en el mundo en los últimos dos siglos, la lógica del capital está en una fase terminal, al igual que la lógica de la democracia, porque la democracia procedimental en esto tiene razón parcialmente, aunque yo no esté muy seguro sobre el carácter de la actualidad, de mí mismo. Pero hay una crisis contextual de la lógica económica capitalista y de la lógica formal procedimental de la democracia. Entonces tenemos la necesidad de imaginar una nueva perspectiva porque nosotros tenemos la herencia de dos crisis, la de 1989, la caída del Muro de Berlín y la de 2008/09. Estas dos crisis no se contestan recíprocamente, no están en contradicción, son una suma. Estamos frente a un pasaje donde el poder intenta una supervivencia del capital global a través de una estrategia que no es más una estrategia solamente del poder represivo sino de la deconstrucción, de la restructuración, donde todos los sujetos, los potenciales de los sujetos tienen que ser construidos o deconstruidos.
¿Cuál es el lugar de la política? Grandes líderes políticos como Obama parecen derrotados por el poder económico…
La política hasta ahora está necesitada de los vínculos económicos. Pero no hay vínculos que sean puramente económicos, existe una dislocación de la lógica del poder desde las instituciones de los Estados que es la dimensión de los grupos de poder global financiero, económico y tecnológico. Los vínculos que necesita la política son económicos. Pero en todo Occidente esta situación de desocupación o de trabajo precarizado es una cosa negativa para la sociedad, porque tiene más obligaciones financieras. Todas las formas de precarización y desocupación son un lastre económico para la sociedad. Creo que tenemos que desmitificar esta falsa objetividad de la lógica económica y de los vínculos económicos. Son la máscara de la estrategia del poder para producir una separación al interior de la población, entre una parte que es privilegiada y otra que no lo es.
¿Y alguien como Berlusconi hoy es poderoso?
Berlusconi es una forma de expresión del poder anterior al Estado nacional, en el sentido de que es el poder de lo imaginario, un neo populismo mediático contrario al populismo clásico. Pero no hay un poder simbólico en Berlusconi; él se coloca en el espacio vacío entre lo material y lo simbólico, su reino es el de lo imaginario –que no es un reino que tiene exploración de sentido–, es simplemente la señal de la sugestión de las imágenes, como una telenovela, una señal infinita que no tiene sentido porque el sentido es la droga de la serialidad, uno tiene ganas de escuchar lo que pasa en el episodio nuevo pero no hay un sentido, no hay una historia.
¿Qué pasará en las próximas elecciones en Europa? ¿Hacia dónde va a ir el voto en España, en Italia, en Francia?
Si Europa no plantea de una manera eficaz, veloz, rápida, la cuestión de la unidad constitucional y política, creo que hay un riesgo del retraso, de una involución con fenómenos xenofóbicos, racistas, como ocurrió en Noruega; Holanda es el país de la tolerancia, de la hospitalidad, un país del multiculturalismo precoz donde también hay tendencias xenófobas. Estas tendencias se producen cuando no hay una relación entre la dimensión de la política y la de la transformación cultural.
¿Lo sorprendió la crisis del mundo árabe?
Escribí en Pasaje a Occidente que el mundo árabe no es sólo fundamentalismo también tiene tendencias nuevas de libertad y democracia. Pero es un buen ejemplo de un acontecimiento macroscópico del cual los políticos occidentales no tenían ideas.La pluralidad de los caminos es el punto fundamental, el universalismo de la diferencia, modernidades múltiples, es claro que no puede ser la democracia según el proceso estándar que tenía la democracia en Europa, en los EE.UU., no es lo mismo. No es lo mismo que el mundo occidental, son otros mundos como lo es China o la India. Será otra cosa, otro proceso.
¿Cuál es el estado de la filosofía política? ¿El siglo XXI le produjo más desafíos, objetos de análisis, casos?
Creo que estamos en una crisis de la filosofía política normativa en el sentido de la teoría de la justicia neocontractualista que fue importante para el planteamiento liberal democrático occidental. El desafío para la filosofía política es la redefinición no solamente de lo político más allá del Leviatán, más allá de la dimensión estatal, una separación de lo político de lo estatal. Tenemos que reconceptualizar ambas dimensiones de toda la tradición de la filosofía política occidental incluido el concepto de individuo, el de comunidad. Creo que el concepto de individuo no puede ser más un concepto de átomo separado sino una singularidad que es en sí misma plural y que posee un multiple self . Como una identidad en sí misma plural que tiene, entonces una red de relaciones con los otros. Mi idea de la singularidad relacional, dinámica, es también conflictiva pero no competitiva para entenderse de una manera mejor, el diálogo en el sentido griego, una polarización de posiciones. En este sentido es la relación y la pasión del conflicto. Por otro lado, una comunidad no orgánica en el sentido de la comunidad identitaria, yo estoy contra la identidad. Una comunidad capaz de valorizar las diferencias singulares que están en su interior, éste es el primer desafío. Segundo, la filosofía política occidental hasta ahora se dividió en dos grandes líneas de pensamiento político: la de la política como proceso, como praxis, desde Aristóteles a Hannah Arendt; y la de la política como acontecimiento, como evento, la intervención en el tiempo oportuno. Estos dos lados de la política tienen que estar integrados, convertirse en una síntesis. Es mi idea del desafío del siglo XXI.
Link a la nota: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/giacomo-marramao-entrevista_0_578342359.html
F.P.
El 15.O: La primera manifestación global de la historia
En el día de ayer, el diario Página/12 publicó una nota mía sobre el 15.O. Son los primeros pensamientos escritos en claliente sobre un tema que vengo trabajando hace tiempo en sus diferentes variantes expresivas: políticas, económicas, sociales, culturales, filosóficas, etc. Comparto con ustedes la nota completa
La primera manifestación global
El sábado pasado, algo más de un millón de personas de mil ciudades de todo el mundo salieron a las calles de manera pacífica y coordinada para manifestar por un cambio global. No existen antecedentes de una protesta tan extensa y tan cosmopolita, en la que haya confluido gente de sistemas de gobierno, culturas y sitios tan diversos como el mundo árabe, Europa, Rusia, China, Japón, Australia, Estados Unidos y Latinoamérica. Bajo el lema We are the 99% (“Somos el 99%”) y comunicados a través de Twitter con hashtags tan significativos como #globalrevolution, #globalchange y #WorldwideProtests, estos “ciudadanos del mundo” protestaron contra la desigualdad política, el daño medio-ambiental y el atropello financiero. Como sucedió en la Primavera Arabe, y más tarde en España, Grecia, Italia, Inglaterra y EE.UU., la primera manifestación global de la historia fue convocada a través de Internet y las redes sociales, sin líderes ni identificación partidaria, sólo con consignas elocuentes: “No somos antisistema, el sistema es antinosotros”, “Si no nos dejan soñar, no los dejaremos dormir”, “Toman decisiones sobre nosotros, pero sin nosotros”, “Ellos, la crisis; nosotros, la alternativa”, “Unidos para el cambio global”.
Cuando en enero de este año comenzaron en Túnez las protestas que después se extenderían a Egipto y la mayoría de los países árabes, la autorreferencialidad accidental hizo que muchos pensaran que se trataba del malestar producido por los regímenes autocráticos. Más tarde, cuando brotaron los “indignados” en España, Grecia e Italia, muchos redujeron las protestas a la crisis financiera. No vieron en esas sublevaciones la emergencia de un malestar mayor, que no tardaría en dialogar con los estudiantes chilenos, las revueltas de Inglaterra, el movimiento A Ocupar Wall Street y experiencias tan disímiles como las que se viven en Hong Kong, Frankfurt, Sydney, Ginebra, Tokio y Bruselas. Todas estas manifestaciones, más allá de las particularidades propias de cada lugar, exceden el malestar económico y político, que obviamente existe: “No es crisis, es estafa”, “Me sobra mes al final del salario”, “Votar es elegir en secreto quién te robará públicamente”, “Democracia, me gustas porque estás como ausente”. Lo que está en crisis es una cosmovisión y sus derivaciones culturales. Esto que muchos llaman “irrupción” tiene, sin embargo, varios antecedentes. La Contracumbre de Seattle (1999), el Foro Social Mundial de Porto Alegre (2001), la Contracumbre del G-8 en Génova (2001), las protestas en Davos contra el Foro Económico Mundial (2003), tanto como las protestas por los fracasos en la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático de Copenhague (2009), construyeron la conciencia y el camino del 15.O. Pero ninguna de estas expresiones fue escuchada, como tampoco se recogió el perverso precedente de la Argentina, ni las políticas económicas con que se logró revertir la crisis.
El 15.O es un movimiento global protagonizado por gente de diferentes filiaciones, pero se declara autónoma: sin filiación, sin jerarquía, ni liderazgo. No es casual, por ejemplo, que en la mayoría de las manifestaciones haya aparecido la máscara de Anonymous (adoptada del comic V de Vendetta). La presencia multiplicada de esa máscara representa a ciudadanos de a pie actuando de manera pública y coordinada frente a objetivos acordados en forma asamblearia –fundamentalmente– a través de las redes sociales. Hablamos, pues, del surgimiento de una nueva dimensión política con un fuerte tono interpelador; de un dispositivo de implicación horizontal que, por experiencia histórica, desestima la obediencia y busca el consenso. Este carácter epocal está en sintonía con la actividad que llevan adelante organizaciones colaborativas como Wikipedia y Wikileaks; de fundaciones internacionales como Avina, Endeavor y Ashoka; de la proliferación de TEDx bajo el lema Ideas Worth Spreading (“Ideas que vale la pena difundir”); de colectivos como la Red Internacional de Comercio Justo y Slow Food; de los microcréditos generados por el banquero de Bangladesh Muhammad Yunus; de prácticas comerciales basadas en la confianza como las que instalaron eBay, MercadoLibre, DeRemate y Craigslist, rompiendo con el modelo de negocios competitivo, en el que uno gana y los demás pierden; del concepto de universidad implementado por la Fundación Mozilla Firefox en la Peer-to-Peer University; de la protección ambiental que buscan investigadores argentinos como Nancy Lis García, Silvia Goyanes y Mirta Aranguren (UBA y UNMdP), con el desarrollo de plástico biodegradable a base de almidón de mandioca y maíz. Nada de esto, a su vez, está lejos de lo que registran investigadores como Howard Rheingold, Clay Shirky, Sir Ken Robinson, Henry Jenkins, Pierre Lévy, Dan Dennett, Jane McGonigal y Dave Meslin, por citar algunos.
Estas miradas alternativas están conformando un sujeto político de alcance global que aún resulta muy difícil aprehender. Mientras tanto, así como la Gran Rateada sirvió para que miles de estudiantes verificaran una capacidad organizativa y un potencial político nada despreciables, el 15.O sirvió para que los “ciudadanos del mundo” reconozcan la capacidad que en la actualidad tiene la construcción de muchos con muchos.
Link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-179049-2011-10-17.html
F.P.
Inteligentes opiniones de Thomas Coutrot sobre los indignados
En el día de hoy el diario Página/12, publica una entrevista a Thomas Coutrot sobre el movimiento mundial de “los indignados”. Compartimos con ustedes la entrevista que le hizo el periodista Eduardo Febro [el resaltado en las respuesta, es nuestro]
La paradoja con los indignados
Hace diez años, Bin Laden y su socio carnal, el ex presidente norteamericano George W. Bush, globalizaron el terrorismo de masa y la represión a escala mundial. El Plan Cóndor aplicado al universo. Exactamente una década después, el movimiento de los indignados globalizó la protesta social y el hartazgo ante un modelo de depredación social, de abuso y de consumo cuyo control está reservado a una elite violenta e impune. Las protestas que sacaron a la calle a decenas de miles de personas en el mundo vienen a darle cuerpo a una corriente moral y política cuyos precursores llevan años proponiendo modelos alternativos al sistema de destrucción neoliberal. Si Sthéphane Hessel y su libro Indígnense logró aunar a un planeta indignado, hay autores cuyos ensayos ya contenían muchas de las consignas que ahora se escuchan en las calles del mundo. El economista francés Thomas Coutrot es uno de ellos. En 2005 publicó un libro que está en el corazón de la crítica formulada por los indignados: Democracia contra capitalismo. En 2010 salió otra obra que representa muy bien la esencia de lo que los indignados reclaman en París, Londres, Nueva York, San Pablo, Tel Aviv o Berlín: Terrenos para un mundo posible: volver a darle raíces a la democracia. Economista y estadístico, vicepresidente de la ong Attac desde 2009, miembro de la Red de alerta sobre las desigualdades, Thomas Coutrot rescata un hecho central en la emergencia de esta revuelta globalizada: ante el agotamiento del modelo capitalista y neoliberal y el descrédito de los dirigentes políticos, los pueblos salen a la calle y encarnan así una suerte de retorno a la raíz de la democracia. Para Coutrot, la sublevación del mundo occidental no hubiese sido posible sin las revoluciones árabes que las precedieron.
–Para usted, el movimiento de los indignados significa un retorno a las fuentes de la democracia. Pero hasta ahora los responsables políticos del planeta hacen oídos sordos a los reclamos de este movimiento mundial.
–El retorno a las fuentes de la democracia significa la intervención del pueblo. Es entonces casi normal que los dirigentes políticos se hagan los sordos porque no están de acuerdo con ello. Consideran que son los representantes del pueblo y que, por consiguiente, les corresponde a ellos gestionar los asuntos del pueblo. De hecho, los dirigentes políticos no quieren ver que en el movimiento actual hay una crítica fundamental contra el sistema tal y como funciona hoy. Será necesario mucho tiempo y mucho trabajo para que la clase política acepte ver que su papel ha sido puesto en tela de juicio. Por eso, lo esencial de todo esto no está tanto en la crítica al sistema financiero. Esto no es nuevo. Lo novedoso está precisamente en la crítica radical de la representación política, ese grito mundial que dice “¡ustedes no nos representan!”. La gente está diciendo: no es porque votamos por ustedes que van a hacer lo que les da la gana entre dos elecciones en contra de nuestra opinión. Esa es la innovación fundamental. El reclamo de un retorno a las fuentes de la democracia, a la democracia real, es histórico.
–Muchos analistas critican a los indignados porque carecen de líderes visibles. Ese no es su análisis.
–No, desde luego. Hay que ver esto desde una perspectiva histórica. Estamos recién al comienzo de una crisis muy profunda, una crisis a la vez del sistema capitalista y, más fundamentalmente, del modo de civilización y del llamado capitalismo parlamentario. Este capitalismo parlamentario está en una fase terminal y el movimiento de los indignados, que tiene resonancia mundial, es uno de los primeros signos que la sociedad está emitiendo. Las sociedades humanas están trabajando, creando alternativas para un modelo democrático que está agotado. No se trata entonces de un movimiento coyuntural que se vaya a apagar así nomás, o que se calmará con la próxima reactivación económica. Hay que verlo en una perspectiva más amplia, es decir, cara a los próximos diez años.
–Esto equivale a decir que la reprobación actual va más allá del confort y de un hipotético crecimiento recuperado o de la recuperación de la actividad económica.
–Sí, desde luego. Vemos muy bien que lo que está en tela de juicio es mucho más fundamental que la dominación de la finanza y que la misma dominación de la clase política. Lo que está en tela de juicio es un modo de desarrollo basado en el enriquecimiento permanente y el crecimiento constante, independientemente de toda finalidad humana. Por eso creo que este movimiento, que explota en plena crisis del modelo democrático, está llamado a madurar en los próximos años.
–Lo que vemos hoy es, de hecho, la explosión de todo un conjunto de ideas e iniciativas que ya estaban postuladas desde hace tiempo, tanto en el tercer mundo como en los países emergentes, en las comunidades indígenas. Esos discursos penetraron las democracias occidentales.
–Sí, es cierto. En el seno del movimiento alter mundialista ya se veía la emergencia de estos componentes así como la crítica radical del modelo de desarrollo, no sólo capitalista sino también occidental. Este modelo se caracteriza por estar basado únicamente en el bienestar material, independientemente de los valores y de la solidaridad. Hoy, ese movimiento ha logrado desarrollar sus críticas en el mismo corazón de Europa.
–¿Acaso el sistema capitalista no llegó ya al final de su propia barbarie social?
–No creo que haya llegado al final, pienso que aún tenemos para un rato y que todavía veremos desarrollos terribles. La crisis económica y social no se acabó. Aún no llegamos al final de la barbarie social. Me temo que lo que viene será muy feo con, por ejemplo, el desencadenamiento de los nacionalismos y el desgarramiento entre las naciones. Ya vemos hoy el ascenso de las tensiones dentro de la misma Europa, entre Estados Unidos y Europa, entre la China y Estados Unidos. Las rivalidades se afilan. Las elites intentarán prolongar su dominación, buscarán legitimarla recurriendo como siempre a un enemigo exterior, al nacionalismo. Sin embargo, la emergencia de un movimiento mundial como el de los indignados es un signo de que lo peor no es una garantía. La acción de la sociedad civil puede ser un muro de contención. Estamos en una carrera mundial entre soluciones autoritarias, que implican la xenofobia y el repliegue sobre sí mismo, y, del otro lado, la afirmación de una sociedad civil internacional en torno a los valores de la democracia. Lo curioso es que estos valores son los valores oficiales de las elites. De allí el hecho de que el movimiento de los indignados sea a la vez poderoso y peligroso para las elites, porque reposa sobre la ideología oficial de las elites. Pero esas elites se han vuelto incapaces de preservar esos valores.
–Es una paradoja: se hace una suerte de Revolución en nombre de los valores de la elite dominante.
–Sí, esa es la gran paradoja de esta crisis y de este movimiento, que defiende los valores supremos de la sociedad. Las elites que se proclaman democráticas están renunciando a la democracia para preservar su dominación.
–Muchos indignados reconocen la influencia determinante que tuvieron las revoluciones árabes en la posterior revuelta occidental.
–Las revoluciones árabes fueron una chispa fundamental porque demostraron que, incluso las situaciones más bloqueadas, que incluso los regímenes menos democráticos en donde las elites lo tenían todo controlado, podían desembocar en una situación revolucionaria increíble e inesperada. Las revueltas árabes aportaron un aliento de esperanza, un impulso, una dinámica. El mundo se dio cuenta de que las elites dominaban porque nosotros permitíamos que dominen. Hacen lo que quieren porque nosotros las dejamos hacer y, además, a menudo votamos para que lo hagan. Las revoluciones árabes fueron un mensaje de esperanza y un llamado a la sublevación de los pueblos. Hoy, la gente ha renunciado a resignarse.
–Otra paradoja radica en el hecho de que Francia, el país de la Revolución por antonomasia, el país de donde es oriundo el autor del libro a través del cual se plasmó el movimiento –Indígnense, de Stéphane Hessel– sea en la actualidad el más pasivo, el menos movilizado.
–Se trata de una auténtica paradoja. Hay varias razones para explicar esto. Tal vez la primera sea el fracaso del movimiento social contra la reforma del sistema de jubilaciones impulsado por el presidente Nicolas Sarkozy. Fue un movimiento muy profundo y mayoritario en la sociedad, que no logró que el gobierno retrocediera con su reforma. Eso ha pesado mucho en la disponibilidad mental de los ciudadanos para emprender otra acción colectiva. También tenemos la campaña electoral en curso, que polariza mucho los debates y lleva a que mucha gente se diga: vamos a sacarnos de encima a Sarkozy y después ya veremos. El último elemento es el hecho de que Francia no conoce por el momento una ola de austeridad tan brutal como Grecia, España o Portugal. Las políticas de austeridad en Francia están muy por debajo de las aplicadas en otros países, incluso Gran Bretaña o los Estados Unidos. Estos factores explican por qué, por el momento, la población no se siente tan agredida como en otros países.
–Sorprendió el surgimiento de un movimiento social en la cuna del liberalismo: Estados Unidos.
–La crisis social es la consecuencia del ultraliberalismo más dogmático, pero fueron los ultraliberales quienes cristalizaron un movimiento de masa como el Tea Party. Ahora bien, el despertar del movimiento de los indignados en los Estados Unidos muestra que la sociedad civil democrática empieza a organizarse, a actuar, a plasmarse en un movimiento de masa y popular.
El link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-179164-2011-10-18.html
F.P.
Los usos comerciales que hace Facebook de sus usuarios
Es conocido el aprovechamiento y la explotación comercial que hace Facebook de sus usuarios. En este link se pueden ver las estadísticas que Facebook ofrece para quienes necesitan planificar estrategias comerciales y de marketing.
El dato llamativo: en el ranking mundial Buenos Aires figura en el 6º lugar con 6.568.940 de usuarios. Córdoba, figura en el puesto 83 con 396.140 usuarios, mientras que Rosario figura en el puesto 86 con 333.220 usuarios.
Más información en Analytics Socialbakers: http://www.socialbakers.com/facebook-statistics/cities/
F.P.
Sobre los mal entendidos de la Política 2.0
Hace unos días, apareció en el diario Página/12 una nota del sociólogo Gerardo Adrogué en la que habla sobre “Los malentendidos de la Política 2.0”. Compartimos con nuestros lectores el link a la nota y un par de comentarios ad hoc:
Comentario 1:
Adrogué sostiene que uno de los malentendidos que se ha generado en torno a las TIC es la idea de que hay un nuevo y mejor tipo de participación política. Más aún dice que quien así lo crea incurre en un grave error. Pero quien tal vez quien incurra en un error –no grave, por cierto– sea el propio Adrogué, al realizar una aseveración tan arriesgada. Sobre todo si aceptamos que estamos frente a un proceso social que ha encontrado en las nuevas tecnologías una herramienta de implicación y una oportunidad de consensuar criterios que hasta no hace mucho estaba completamente desbalanceado a favor de quienes producían información y contenidos corporativos y en contra de ese tumulto informe de biografías que se acumulaban en los rubros consumidores, votantes, espectadores, audiencia, usuarios y trabajadores. En ese proceso las nuevas tecnologías, o lo que Adrogué cree que es la Política 2.0, no es un fin, ni siquiera un medio, sino canales que facilitan la expresión de una nueva cosmovisión donde la política, entre otras instituciones de la modernidad, están fuertemente interpeladas. Confundir la política 2.0 con el aprovechamiento que astutamente hizo Obama de las TIC, o con la discutible potencia revolucionaria de Facebook y Twitter es una simplificación, cuando no en una descalificación, más cerca del prejuicio y el desconocimiento que de un censo de lo real, en el sentido que planteaba Hannah Arendt, como la aparición y el registro del otro.
Comentario 2:
No se puede hablar de estancamiento digital si se tiene en cuenta que a fines de 2012 debido a diferentes programas nacionales y provinciales habrá casi 4 millones de computadoras en manos de adolescentes que habrán incorporado lenguajes y lógicas relacionales que darán cuenta de su potencial en un lustro. A esta altura, pensar a la conectividad como una variable de inclusión es como haber supuesto que el cine, la radio o la televisión iban a definir pertenencias de clase.
Link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-177645-2011-09-27.html
F.P.