Maratón de besos en Chile

Los estudiantes chilenos se caracterizan por su estilo vanguardista de protestar. No hace falta más que recordar la llamada “revolución de los pingüinos” de 2006 para dar cuenta de su creatividad. El pasad miércoles 6 de julio, varios miles de jóvenes se reunieron en la Plaza de Armas para protestar con media hora de besos continuados. La convocatoria la realizaron los alumnos de la Universidad de Santiago y se suma a la serie de iniciativas que el estudiantado está realizando para visibilizar pacíficamente sus demandas por mejoras en el sistema de enseñanza. Unos capos.

No dejemos de ver en este tipo de manifestaciones un continuum epocal que atraviesa a toda una generación y que, independientemente de los motivos y particularidades que lo llevan a emerger en cada lugar (Túnez, Egipto, Grecia, España, Chile, etc.), está expresando (y reclamando) otro modo de habitar el mundo que entra en colisión directa con la cosmovisión extendida durante la globalización. Cuando hablamos de cosmovisión, no hablamos del sexos de los ángeles; hablamos de una estuctura eminentemente jerárquica y a una función organizadora que se extiende como modelo institucional, político, relacional, etc.

Los jóvenes rechazan ese modo de habitar el mundo, en cada lugar a su modo. Ellos proponen otro, y que sea a través de besos no es un dato menor. Para aquellos que a principios de los ‘90 se apresuraron a dar por muerta a la historia, estas maniestaciones son una recuperación del mejor espíritu del mayo francés y del hippismo, de ideas que como Blanco Herrera en la legendaria rumba de Guillermo González Arenas, no estaban muertas, estaban de parranda.

F.P.

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