Militante, modelo 2011
Wael Ghonim, Jefe de Marketing de Google para Medio Oriente y Africa del Norte. Era un activista independiente, pero debido a sus posibilidades tecnológicas era considerado “una pieza clave de la iniciativa comunicacional 2.0”, razón por la cual fue secuestrado por las fuerzas policiales y desaparecido durante cuatro días. Las manifestaciones no tenían un líder ni una organización convocante. Multitudes de jóvenes se autoconvocaban en las calles de Egipto y derrumbaron a Hosni Mubarak. Resta saber y analizar si, el hecho de no darse una continuidad fue: 1] un error táctico que terminó entregándole el gobierno a otros militares que continuarán ejerciendo el despotismo (tal vez un poco atenuado); 2] Si se trata de una nueva concepción de lo político, que no disputa el poder para ocuparlo, sino que -como en España, Chile y Grecia- reclaman justicia y lo hacen implicándose, pero de rechazando las vías de acceso que le da la política conocida.
F.P.
Sobre el "deseo" democrático del mundo árabe, a propósito de una nota de Badiou
En una nota aparecida en Le Monde, el 18 de febrero de 2011, el filósofo francés Alain Badiou desestima la importancia que tiene la democracia para el pueblo egipcio. “Es oscurantista decir “este movimiento [el egipcio] reclama democracia” (…) La palabra ‘democracia’ apenas es pronunciada en Egipto. Se escucha hablar de ‘un nuevo Egipto’, de ‘el verdadero pueblo Egipcio’, de una asamblea constituyente, de cambios radicales en la vida de todos los días, de posibilidades inauditas y previamente desconocidas.”
Por supuesto que la “resonancia revolucionaria” de lo ocurrido en Egipto, para Badiou es la revelación de un acontecimiento. Pero más allá de si es o no un acontecimiento, me parece muy interesante la posibilidad de analizar lo que ocurre en medio oriente como un reclamo con características propias. Quienes ven en la movida del mundo árabe sólo un deseo democrático irrefrenable, ponen a occidente una vez más como la medida de todas las cosas, como si nuestra democracia fuera el mejor sistema de gobierno del mundo, como si los árabes no pudieran tener otro. Del mismo modo (des)califican de populistas a las democracias latinoamericanas que se separan del modelo neoliberal europeo.
Link a la versión francesa en http://www.lemonde.fr: “Tunisie, Egypte: quand un vent d’est balaie l’arrogance de l’Occident”, o traducido al español en:
Link a la traducción argentina en http://lahipotesiscomunista.blogspot.com: Alain Badiou “El alcance universal de los levantamientos populares”
F.P.
Algo más sobre Egipto
El conflicto de Egipto no es un conflicto más. Estamos hablando de un conflicto que puede cambiar la historia del mundo. Egipto es un país clave de medio oriente y del modo en que resuelvan estos enfrentamientos depende la suerte de muchos países, del mundo incluso si se considera el rol que viene jugando en el conflicto árabe-israelí. A diferencia de lo que en algún momento se pensó, la historia está viva.
En este conflicto han aportado un elemento clave e inmanejable y cualquier medida que tome Mubarak parece insuficiente para detener la inminencia de un futuro tan incierto como evidentemente diferente. Cualquier medida parece tan inútil como querer tapar el sol con la mano. No estamos diciendo, por si hiciera falta aclararlo, como tal vez se pueda sospechar, que estos cambios son el producto de las nuevas tecnologías, sí que aportan un condimento novedoso, con una lógica organizacional y estratégica que aún no ha sido descifrada ni aprehendida por el poder interpelado; aunque tiene identificado dónde se originan sus problemas, por eso no duda en ordenar los apagones tecnológicos o desaparece súbitamente Wael Ghonim, Jefe de Marketing de Google para Oriente Medio y el Norte de África. No es un dato menor que ya no se secuestre, como antes, a los cabecillas de las manifestaciones callejeras, se secuestra al Jefe de Marketing de Google, un ferviente activista pro dimisión, pero sobre todo, un estratega comunicacional de las nuevas tecnologías.
F.P.
Preguntas en torno a Egipto y nuestra época
Supongamos que Mubarak, a diferencia de su colega, el dictador tunecino, logra sofocar las protestas aceptando la abolición del estado de emergencia que rige desde 1981 y algunas de las demandas más importantes, o supongamos que negocia una transición más o menos airosa como tal cual se lo recomienda el humanitario EEUU. Pero aún cuando los ciudadanos egipcios no logren una restitución del estado de derecho que reclaman; aún cuando los países árabes, tanto como el gobierno chino, sigan siendo fuertes y poderosos; aún cuando los estados puedan apelar a sus fuerzas represivas si los controles comunicacionales -apagones tecnológicos o great firewall- no alcanzan para sobrellevar los levantamientos; aún con todo eso: ¿se puede decir que este escenario es el mismo que el que se vivió, por ejemplo, en la Plaza de Tianamen algo más de veinte años atrás? ¿No hay una variación en la relación de fuerzas que habilita a pensar la proyección de un escenario diferente? ¿Estas y otras manifestaciones que convocan con “una piedra en una mano y un celular en la otra” no plantaron la semilla de una sociedad que lleva inscripta en su germen la mala suerte de estos regímenes? ¿Puede Occidente pensar que se encuentra al margen de este aluvión sociotecnológico? ¿No se puede vislumbrar en la utilización masiva, creativa y desmadrada de los recursos tecnológicos, tanto en la revuelta de los países árabes como en China, los indicios de una nueva práctica política? Más aún: ¿de una nueva cultura?
F.P.