Dinámica joven
La dinámica de los jóvenes está hecha con la matriz de un mundo nuevo, al que -como dice el filósofo Martín Homenhayn- logran adaptarse mucho más rápido que los adulto:
“La juventud es un grupo que, por sus características de edad, como de cultura y educación, es una amenaza permanente de relevo en el trabajo para los adultos. La juventud está mucho más preparada para nuevas formas de flexibilización, formas de producir, un mundo más intensivo en tecnología y acceso al conocimiento en el trabajo cotidiano: son más adaptables, más plásticos, más dinámicos. Confieso que hay una construcción fóbica de la nueva generación como una generación que te va a desplazar en un momento en que uno no quiere ser desplazado. Es decir que puede haber por ese lado una sensación de amenaza también.” Diario Página/12, 02-01-2012
No obstabte, hay que decirlo, no sólo se adaptan, también generan condiciones de vida, trabajos, proyectos, que ya tienen la dinámica del nuevo mundo; es más: es el nuevo mundo. Allí, en ese proceder, en esa objetivación colectiva, están los indicios de una nueva institucionalidad:
Internet, juventud y política
Internet, la juventud y la política siguen dando que hablar. En este caso una interesante nota de José Natanson, que vuelve al redil, pero esta vez más enfocado en las derivaciones políticas de intertet. Muy recomendable. Se sigue, sin embargo, analizando y teorizando sobre los efectos, es decir, sobre las anécdotas de una dimensión política a la que no se le realiza un fundamento social, político y generacional histórico, que encuentra en las nuevas tecnologías la posibilidad de expresarse. Aquí va. Abajo el link:
Internet, juventud y política en tiempos de Kirchner
Los avances de la técnica condicionan la política. La política de masas, por ejemplo, es resultado del acelerado proceso de urbanización de entreguerras, las presiones por la ampliación de los derechos sociales y la masificación de los partidos, pero también de los grandes progresos producidos en las primeras décadas del siglo XX, bajo el impulso del cine, en la tecnología del altavoz, sin cuya ayuda los discursos de Mussolini o Perón nunca hubieran llegado a sus destinatarios. El altavoz es la base técnica de lo que Daniel López Gómez (Tecnopolítica del sonido) define como “tecnologías sonoras de convicción”, aquellas que operan produciendo masa, esto es, sujetos colectivos organizados, con límites internos y externos claros, que componen un colectivo capaz de escuchar al líder y proyectar sus fuerzas hacia un único fin. La mejor analogía es la del director de orquesta, que no sólo llega al oído sino que incluso controla los cuerpos de quienes escuchan: por eso la gente tose, se mueve y se despereza en los intervalos.
Pregunta
¿Cómo está afectando el boom de las nuevas tecnologías a la política? ¿Cuál es la influencia real de Internet y sus mil derivaciones –las páginas y los blogs, los foros virtuales, las redes sociales tipo Facebook o Twitter–? ¿Y qué pasa con todo esto en la Argentina de hoy?
Nuevos jóvenes
Vivimos en lo que Manuel Castells define como “sociedad red”, en la que cada vez más cosas –desde las instituciones de la Unión Europea y los flujos financieros globales al tráfico de drogas– funcionan bajo esa forma. En este nuevo contexto, que es global pero que asume características propias en cada país, las nuevas tecnologías están redefiniendo a los sujetos, en particular a los jóvenes, que nacieron en ellas y se mueven por allí como pez en el agua.
Cito desordenadamente algunas de las características compiladas por Sergio Balardini en Impacto y transformaciones de la cultura escolar ante la inclusión de las nuevas tecnologías (Flacso). Los jóvenes, señala Balardini, viven el ciberespacio con comodidad, como si estuvieran en su casa, lo que ha generado un fenómeno inédito: por primera vez en la historia saben cosas que sus padres, a menudo tecnofóbicos, directamente ignoran (les enseñan, por ejemplo, a usar la computadora).
Pero además desarrollan nuevas habilidades, como la capacidad de procesar mucha información de manera rápida (en esto los videojuegos, tan injustamente denostados, son una gran escuela) o de moverse en lenguajes no lineales: el mundo de los hipertextos supone el corte con la secuencialidad serial y la apertura de varios rumbos diferentes, lo que implica una dilución de las jerarquías de lectura clásicas (centro-margen) en pos de direcciones múltiples. Se construyen así discursos más horizontales a partir de diversos retazos, en los que el texto muchas veces funciona como auxiliar, como si sirviera para esclarecer algo que ha sido experimentado primero como imagen.
Hay más información (demasiada, como en la canción de The Police: “Too much information/ running through my brain/ Too much information/ driving me insane”); la clave ya no es su acceso sino la capacidad de jerarquizarla y ordenarla, es decir el filtro. Además, el ciberespacio crea una sensación de proximidad espacio-temporal, como si las clásicas categorías se achicaran, y abre la posibilidad de realizar varias actividades a la vez: hablar por teléfono, mirar la tele, chatear y comer una manzana. Como señala Balardini, la vieja frase de los padres, que por algún motivo Serrat no incluyó en su insoportable canción sobre los hijos, pierde sentido: “No estás prestando atención” ya no significa absolutamente nada.
Brecha digital
Según los últimos datos, la banda ancha llega en Argentina al 40 por ciento de los domicilios, y el acceso de los jóvenes –en sus casas o locutorios– es casi total. Esto significa que la brecha digital no es tal, o al menos no se ha convertido en la fosa que muchos temían a principios de los ’90. Internet se ha democratizado, por los avances tecnológicos pero también –atención anticapitalistas– por el mercado: la superación permanente de la industria del hardware, impulsada por el tecno-snobismo de la clase media, empuja a la baja del precio de las máquinas usadas, fácilmente reciclables para los locutorios o cibercafés de los barrios populares.
Este problema es reemplazado por otro: la calidad en la navegación. Ahora lo crucial no es estar conectado o no. Prácticamente todos los jóvenes lo están, aunque la distancia aumenta entre los adultos, donde sí pesan las diferencias de clase. Ahora lo central es cómo y para qué se usa la red: los jóvenes de clase media –que cuentan con PC en casa, banda ancha, un ambiente cómodo, etc.– tienen más opciones de navegación: participan en comunidades virtuales, crean páginas y blogs, bajan video y música sin que nadie los apure. Las investigaciones revelan que los jóvenes de los sectores populares, que se conectan de manera más precaria, tienen menos posibilidades de interactividad. El Plan Conectar Igualdad puede ser clave para enfrentar estas diferencias.
Algunos impactos políticos
La expansión de las nuevas tecnologías está modificando la política y redefiniendo la democracia. ¿Cómo? Señalemos, antes que nada, dos efectos fácilmente identificables. El primero es tecnocrático: la red permite mejoras de eficiencia y tiempo y abre nuevas oportunidades de gestión, como la posibilidad de hacer trámites en línea, elevar reclamos puntuales a las autoridades e incluso crea instancias –por cierto muy limitadas– de autocontrol comunitario, como el programa lanzado por el gobierno porteño para que los vecinos denuncien con fotos a los infractores.
El segundo efecto son las movilizaciones espontáneas en momentos de crisis. Tras los atentados en España del 11 de marzo de 2004, el gobierno del Partido Popular se apuró a responsabilizar a la ETA, consciente del posible impacto electoral de la noticia en las elecciones que se realizarían tres días después. A las pocas horas, sin embargo, comenzó a circular la versión de que los ataques habían sido cometidos por terroristas islámicos (el gobierno de Aznar había enviado tropas a Medio Oriente). Miles de manifestantes, reunidos espontáneamente mediante cadenas de mensajes de texto y mails, marcharon a la sede del PP para protestar por la versión oficial, que tuvo que ser desmentida y terminó costándole a Rajoy las elecciones.
Otro caso de movilizaciones espontáneas convocadas mediante SMS y mails fue el de Honduras, donde los partidarios de Mel Zelaya organizaron varias manifestaciones en defensa del presidente depuesto. En ambos casos, las nuevas tecnologías contribuyeron a romper el cerco desinformativo.
Pero más allá de las nuevas posibilidades de gestión y convocatoria espontánea, no resulta sencillo analizar los efectos de las nuevas tecnologías en la política. ¿Permitirán acaso acercanos a la utopía de la democracia directa?
En una primera mirada, daría la sensación de que la red puede encoger inmensos territorios hasta convertirlos en pequeñas aldeas suizas y, al hacerlo, concretar el sueño de la decisión colectiva e instantánea de todos los ciudadanos. Pero conviene andar con cuidado. Como sostiene Gilberto Dupas (Nueva Sociedad Nº 196), el bien común, fin último de cualquier democracia, no es nunca la simple suma de los puntos de vista individuales. La democracia exige procesos de deliberación que llevan cierto tiempo y que requieren un desplazamiento de los individuos del espacio privado al espacio público, donde se reconocen libres e iguales y se convierten en ciudadanos. Las nuevas tecnologías pueden ayudar a conectar pero también aislar, reforzar la dispersión. O pueden conectar al individuo social y culturalmente, pero no políticamente. La idea de la plaza publica a un click de distancia es una pavada.
Argentina
El nuevo protagonismo de los jóvenes se nota en las tomas de los colegios y la marcha por la Noche de los Lápices, y por supuesto en el acto en el Luna Park. ¿Emerge una nueva militancia? En notas anteriores señalamos la dificultad del Gobierno para dar cuenta de este fenómeno y profundizarlo mediante políticas específicamente orientadas a la juventud (desde planes de primer empleo hasta programas para enfrentar el drama del embarazo adolescente).
También resulta interesante invertir los términos del razonamiento: los jóvenes de hoy, socializados en las nuevas tecnologías y portadores de las características señaladas al comienzo de esta nota, ¿qué le aportan al kirchnerismo? Alguien diría: ahí está el acto en el Luna Park. Fue impactante, por cierto, por su masividad y su entusiasmo, aunque también es verdad que Hugo Moyano puede hacer uno igual, o más masivo, en dos o tres días. Otro caso interesante es el de la liga de blogueros nac & pop: contracara de Carta Abierta, en cuyas asambleas prevalecen los sesentones setentistas, los blogueros discuten la coyuntura con inteligencia y frescura. La ausencia de militancia virtual de otros partidos confirma que es necesario “algo de política” para sostener este tipo de esfuerzos. ¿O alguien ha visto un blog que defienda las ideas de De Narváez?
Pero no se trata de plantear la militancia clásica versus la militancia virtual (ambas se retroalimentan y los protagonistas probablemente se superpongan), sino de buscar pistas acerca del lugar de la juventud en tiempos de Kirchner. Si en los ’70 la JP radicalizó al movimiento, condicionó al líder y hasta pensó en disputarle la conducción (hasta que fue expulsada de la plaza); si en los ’80 la Coordinadora aggiornó un partido de viejos y lo conectó con las masas universitarias, la pregunta que cabe formularse hoy es por el rol histórico de la juventud. En suma, ¿qué es lo nuevo que le aporta la juventud kirchnerista al kirchnerismo?
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-153825-2010-09-26.html
F.P.
Juventud y política
Esta nota continúa -o responde a- una nota anterior, posteada el 28 de julio pasado en este mismo blog. Allí prometía una respuesta, esta, que finalmente llegó. Fue publicada en el día en el diario Págna/12. La nota fue escrita hace algo más de un mes y más o menos a limón (como dicen los españoles cuando quieren decir “a dúo”) con el amigo Eduardo Rojas. Su vigencia se mantiene, pero a la luz de lo sucedido con la toma de la escuelas, se podría decir más. Queda para la próxima, mientras tanti la comparto con ustedes.
Juventud y política
Hace algunas semanas, el periodista y politólogo José Natanson publicó en este diario una nota en la que arriesgaba una tesis sobre el vínculo entre juventud y política que sería interesante retomar en el contexto de la toma de las escuelas secundarias. De título sugestivo, “Kirchner, Ben Stiller y la juventud como actor político”, la nota comienza con una pequeña genealogía de la juventud, como “un fenómeno de la segunda mitad del siglo XX” surgido de la combinación de factores económicos y sociales que incluyeron acontecimientos políticos de gran trascendencia; paso seguido realiza un recorrido por los hitos más salientes que protagonizó ese nuevo grupo etario, remarcando las diferencias que caracterizan a la juventud de clase media –con la que habitualmente se identifica a los jóvenes– respecto de los sectores más desprotegidos, cuyo ideario y devenir biográfico están más signados por la necesidad de subsistir que por sus expresiones estéticas o políticas. El derrotero desemboca en el actual estado de situación, con vivencias partidas que no logran ser integradas por una política de Estado. Luego, Natanson expone su tesis: la clase política, en este caso el kirchnerismo, “descuida las políticas específicamente orientadas a las ‘dos juventudes’, sus problemas y necesidades”. Aceptando que lo propio del Estado es implementar políticas tendientes a contener las demandas y necesidades de quienes integran este rango etario, independientemente de la extracción social a la que pertenezcan, la nota incurre en un error de concepto que comparte con la corporación política: la consideración que hace de la juventud en cuanto identidad social y su modo sistémico de entender la participación.
La participación de los jóvenes actuales –como el concepto mismo de juventud– ya no puede ser evaluada a la luz de conceptos y categorías que sólo persisten por efecto inercial y no responden a los datos de realidad disponibles. La modernidad del siglo XXI ha cedido su lugar a una nueva cultura, que tiene precisamente en la participación no regulada una de sus alteraciones copernicanas. El desarrollo digital de los últimos 20 años trajo aparejadas prácticas culturales, interacciones, comunicaciones, colectivos y sistemas organizacionales que reformularon significados, interpretaciones, legitimaciones y valores en todas las capas de la sociedad, trastornando el “orden” de las cosas. Estos rasgos de época alcanzan al conjunto de la sociedad, revelando algo que ya estaba anunciado en el acceso –legal o ilegal– a la TV por cable: los sectores marginales no son marginales a la tecnología de la comunicación y, por consiguiente, a la información social, en la misma medida en que lo son económica o políticamente.
La militancia tradicional funcionaba en concomitancia con una idea del poder y con un modo de abordarlo. Ese modelo incluía la formación de cuadros, el disciplinamiento y la postergación personal en pos de fines más nobles, para “ocupar espacios y conquistar el poder”. La juventud actual, a diferencia de aquellos militantes, no disputa espacios tradicionales ni confronta del mismo modo, no está organizando la toma de la Bastilla. Sus diferencias con lo instituido las dirimen de un modo que no es asequible a las anteriores formas del conocimiento social. Quien decida entenderla o interactuar con ella debe tener una gran apertura teórica y práctica, ver en Cumbio algo más que una bloggera.
Quienes conciben el poder como la interacción de conquista, control y defensa no están preparados para la irrupción desestabilizadora del frente acéfalo y multiforme que despliega la avanzada generacional-tecnológica. Esta irrupción tiene una novedad principal: el poder fáctico de transformar en acción potencialmente política una serie de recursos tecnológicos que están al alcance de mucha gente.
El error es pensar que eso no es participación, que sus acciones no conllevan un pronunciamiento. El posteo de Patricio, un joven bloggero rosarino de 23 años, ayuda a comprender: “Hoy los pibes tenemos más voz e interés que los adultos porque somos artífices de la horizontalidad de los mensajes que plantea Internet, las redes sociales, los blogs y demás. Los viejos miran TN. Nosotros vemos en Facebook la opinión de un amigo kirchnerista, de otro radical y así. Leo a Natanson y después un artículo de La Nación que me envió un amigo, y la participación se agranda cada vez más. La web es más democrática que cualquier gobierno. Se terminó la verticalidad del mensaje que era funcional a los intereses políticos de algunos, y que construyó las ideas cerradas de nuestros abuelos. Por eso Clarín no sabe más qué hacer. Y hasta sacó sus propios blogs. Pero eso no sirve, no entiende que hoy la lógica es otra”. Este posteo, más allá del optimismo (o no), indica formas nuevas de pensar y vivir la política, que se resisten a los esquemas analíticos del pasado.
Estas prácticas han perforado la lógica con que hasta ahora se pensaba lo político y le han dado una dimensión diferente. Los jóvenes ingresaron una concepción vital y soleada que contrasta con el dogma, la organización y el sacrificio de los ’70, más propios de la purga religiosa que de la biofilia. Sus intervenciones forman parte de un colectivo multinodal que se resignifica permanentemente, que rechaza las jerarquías tradicionales y se expande en tiempo real de manera imprevisible, sin posibilidades ciertas –al menos por el momento– de ser controlado.
La adhesión política de estos jóvenes ya no es a una ideología, ni a un partido ni a una persona, mucho menos de manera estable; su adhesión, si así pudiera llamarse, en todo caso, es a un entorno que por definición es un proyecto inacabado, pero que expresa una empatía concreta y un horizonte difuso aunque compartido. Lo que Natanson llama “la emergencia de una militancia juvenil kirchnerista”, por ejemplo, no responde a la cohesión demiúrgica de “un liderazgo y un programa”, sino a un ecosistema integrado por elementos dinámicos y disímiles, pero consonantes, que en su variedad y fragmentación logran conformar una puesta en valor y una metáfora de sus deseos. Estos elementos pueden incluir tanto a Capusotto como al Bicentenario, Facebook, Kapanga, Diego Maradona, Los Simpsons, Arbolito, 6-7-8, la Bomba de Tiempo, la blogosfera, el matrimonio igualitario, y componer una especie de ideario que se puede –de hecho ellos lo hacen– proyectar políticamente. Es decir, se constituyen en una suerte de nuevo sujeto político que realiza intervenciones culturales efectivas; esto es: toman partido, suman, contagian, interpelan y producen resultados precisos. Las tomas de escuelas tienen esa lógica, es el efecto de un estado asambleario dinámico enancado en las redes sociales y objetivado de manera efectiva y cohesionada.
El remanido cambio de paradigmas no es otra cosa que la fatiga de un sistema que resiste su capitulación frente a la emergencia de otro que aún no tiene institucionalidad, pero que no está lejos de hallarla, con todas las incomodidades que trae aparejadas para los partidos políticos, la escuela, los sindicatos, la universidad, el mercado y la comunicación. Se requiere mucho esfuerzo de comprensión teórica y práctica, científica y tecnológica, para encontrar un diálogo con esta nueva dimensión política que plantean los jóvenes. La tarea de la cultura es siempre ardua, pero apasionante.
El link: http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-153520-2010-09-21.html
F.P.