Siguiendo con lo transmedial
Lo transmedial tiene un costado espontáneo, propio del devenir en que abundan nuestras biografías y en el que se solaza gran parte de las expresiones estéticas contemporánea; pero más de uno ha visto en ese emergente un “curro” importante. Estos tíos, han visto en lo transmedial una aplicación comercial de lo que Jenkins expuso en su memorable “Convergence culture”, que terminó revelándoseles como una gran vaca lechera de cuyas tetas se prendieron primero los más ágiles y más tarde los que estaban haciendo fila.
Esta nota, realizada en Films Guión a Roberto Ponieman, Director de Iberminuto New Media, puede ayudarnos a comprender el fenómeno. Pero más allá de esa posibilidad, la entrevista, o mejor, el entrevistado, expone aspectos e ideas que resultan de lo más interesante para pensar sin el prejuicio de la moral, como síntomas de una época que ha dejado de ocultar su rumbo para interpelar abiertamente a la modernidad. Acá van algunos extractos con algunas notas mías encorchatadas al final de cada ítem:
• El desarrollo transversal de las tramas implica que haya un universo narrativo que la audiencia no podrá conocer en su totalidad. [Ya no se puede conocer todo. Más aún: ya no hace falta]
• El formato de producción Transmedia se puede (y se debe) aplicar también a la educación, la publicidad, la política (es la herramienta ideal para la propaganda neuropolítica) y tantos otros ámbitos, como el de cambio social. [Lo transmedial, como la navaja tiene filo de los dos lados de la hoja; pueden ser una herramienta con importantes connotaciones sociales o, como dice desprejuiciadamente Ponieman, un instrumento de propaganda neuropolítico]
• La garantía del éxito de las producciones Transmedia está en que es la clase de mundo de entretenimiento diseñado en base a la experiencia de los nativos digitales, (que han nacido con internet, móvil, juegos, ordenador, etc.); que son la gran audiencia del presente y que no hará más que crecer exponencialmente. [Lo mismo que en el punto anterior: puede ser la expresión estética e incluso ideológica de una nueva generación o puede ser un instrumento de acceso a un segmento del mercado…]
• La industria de los contenidos ha entrado en una nueva época radicalmente diferente a todo lo conocido ya que ahora los desarrollos serán obligatoriamente multidimensionales. [Dicho esto, me resulta interesante pensar el destino del logo, ¿dónde queda? ¿cuál es la expresión política relativa a esta nueva dimensión, como antes lo fue la democracia para la razón]
• Hablamos de una cultura descentralizada y participativa donde el usuario es el eje de lo que ocurre; lo que existe entre el productor Transmedia y su público es un diálogo bidireccional en el cual el valor añadido está definido claramente por la participación de las audiencias. [¿Dónde quedan los derechos de autor? ¿Murió el autor, tal como lo anticipaban Foucault y Blanchot? La legilslación que nos rige es de otra época, no nos contiene lo nuevo pero lo castiga como si aún viviéramos en la modernidad]
El link a la nota: http://filmsguion.blogspot.com/2010/09/que-son-las-narrativas-transmedia.html
F.P.
El dilema de los nativos digitales
Una entrevista a Alejandro Piscitelli aparecida en el diario cordobés, La Voz del Interior. Es una nota de abril del año pasado, contemporánea a la salida del libro “Nativos digitales”, pero tiene una enorme vigencia…
F.P.
Arbitro!… Cambio.
Somos protagonistas de un recambio generacional. Con una diferencia respecto de otras tantas: quienes llegan no se acoplan a la vida social con la rebeldía que desde siempre manifestaron los jóvenes respecto de los viejos, dando lugar a muchas de las revoluciones políticas, culturales y estéticas que conocemos. Los nativos digitales (tal el nombre de los jóvenes que comienzan a pedir pista), no critican, no se desobedecen, avanzan con otros criterios. Para ellos, la era digital es el entorno en el que han crecido, no tienen ninguna anomalía, por lo tanto están por encima de las controversias en las que abundan los que tienen más de treinta años, que son quienes hoy gobiernan el mundo. Los nativos digitales se mueven con solvencia donde los mayores se sienten impotentes. Su saber práctico los posiciona en el mundo con una fortaleza y una sensación de independencia completamente inusual. Sienten que en muchos sentidos están por encima de sus mayores; y de hecho, sobran los casos en que han alfabetizado tecnológicamente a sus padres y docentes, con todo lo que eso implica, porque convengamos que es una sensación fuerte: no hay muchos antecedentes en la historia donde el alumno pase a enseñarle al maestro en forma tan prematura. Sin embargo no dejan de ser adolescentes. ¿Cómo sobrellevan esa sensación de potencia que significa saber más que el maestro o el padre? Está claro que no saben más, pero la realidad en la que nos movemos a diarios, les resulta mucho más amigable y empática a ellos que a sus mayores, la sensación por lo tanto no es antojada. ¿Podrán evitar la tentación de la soberbia, que es un impulso etáreo propio de la etapa adolescente? Mientras tanto, comienzan a ser la punta de lanza de una nueva realidad que ya está entre nosotros. Veamos algunos ejemplos:
- Shawn Fanning, en 1999, con apenas 19 años, creó Napster, un programa para compartir archivos que de allí en más haría temblar a la industria discográfica.
- Mark Zuckerberg creó Facebook en 2004, cuando también tenía 19 años; hoy, con 23, su creación se transformó en una de las redes sociales más importantes del mundo con más de 250 millones de usuarios; de ser un país, sería el quinto del mundo. Pregunta: ¿en la práctica no es un estado pannacional, con su comercio, su legislación y su propio contrato social de convivencia?, ¿no sería posible hacer una traducción política de ese país de usuarios?, ¿qué modelo social y político propone?
- Larry Page y Sergey Brin, crearon Google en 1996, cuando tenían 23 años, hoy es la marca más valiosa del mundo, con un valor estimado 66.000 millones de dólares, superando a empresas emblemáticas como Microsoft, General Electric y Coca-Cola.
Esta tensión generacional -que no sólo se puede ver en el mundo anglosajón, Taringa, es un ejemplo propio, entre otros- no tiene antecedentes, no se trata de un proceso de superación dialéctica. Somos testigos de un agotamiento y un colapso de alcance planetario, frente al cual no alcanza con desconectar el módem o resistirse a usar celular. Para ser más claros: habitamos un tiempo en el que se están definiendo futuras cosmovisiones, la matriz conceptual y social sobre la que se organizarán la mayoría de las prácticas sociales futuras. Por supuesto, no faltan los que se resisten a los cambios. Algunos, con rigor decimonónico, condenan a los jóvenes como el producto de una tecnocracia que abolió el humanismo. Pero los tiempos que corren demandan una mirada menos rígida. Hace falta superar el diagnóstico y las condenas a la modernidad que terminan inexorablemente en el pesimismo. Ya no basta con decir que el amor y la modernidad se han vuelto líquidos o con estar predispuestos para la irrupción del acontecimiento que eventualmente reformule las condiciones políticas. Tal vez, lo que hace falta, es asumir que se está pensando de otro modo.
Fernando Peirone