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Las resistancias a las limitaciones del logos

Hoy, en Página/12 salió una nota de Juan Pablo Ringelheim, un investigador de la Universidad de Quilmes y de Buenos Aires, que le reprocha al mundo el modo en que las nuevas tecnologías ha jibarizado el lenguaje, convirtiéndolo en expresiones cada vez más pequeñas. Ringelheim compara al lenguaje con una casa (un guiño, supongo, a aquella máxima de Heidegger que decía que “el lenguaje es la morada del ser”) y denuncia la tendencia que reduce el mundo posible (el de los grandes edificios modernos) a pequeños monoambientes para separados. Aquí dos citas de la nota que lo ilustran todo:

“Ultimamente tanto el lenguaje como las casas están sufriendo una mutación de sus dimensiones. Por un lado crecen edificios por doquier, como brotes de soja mudados a la ciudad con ansias de civilidad. Los modernos edificios exponen la numeración con tipos desmesuradamente grandes, como si indicara las miles de toneladas de soja que costó levantarlos. Por otro lado se edifica hasta el gigantismo todo un lenguaje en Twitter, Facebook, y los blogs. También en los celulares hay millones de palabras que se vierten a diario.”

“Los debates entre intelectuales también pueden ser jibarizados. De una amplia conversación de seis, siete, ocho conceptos, la sociedad del espectáculo sólo podrá digerir una frase comprimible a la medida Twitter. El micropoder produce conceptos quick.”

Reducir el ser al lenguaje, al logos no nos ha traído pocos problemas. Pero por suerte asistimos a un progresivo abandono del logocentrismo. La cultura que tenía en el lenguaje (de la palabra) la morada y la radiación del sentido, está teniendo fisuras. Y en su declinación, arrastra consigo una cosmovisión y la gama de dispositivos subsidiarios que conformaron la cultura occidental hegemónica. A contrapelo de una larga y dolorosa historia, por primera vez la cultura civilizatoria se desplaza del logocentrismo al lococentrismo (donde lo importante es estar). Por suerte, y en buena medida gracias las cultura de la imagen, hay otra dimensión, que no es la dimensión de la palabra y que tiene que ver con la emoción. La emoción debería ser algo en lo que reparáramos más seguido, como lo hacen las nuevas generaciones cuando piensan (y se comprometen) en política, o como cuando se vinculan afectivamente con el mundo, que ya no termina en su hogar, ni en el barrio, sino que es literalmente el mundo.

F.P.

Link: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-172653-2011-07-20.html

Tags: Juan Pablo Ringelheim palabra twitter Página/12 morada del ser logos 12 notes | # | Jul 20, 2011
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Sociedad y Nuevas Tecnologías.
Un blog de Fernando Peirone

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