Las redes sociales, la política y las ciencias sociales

Esta es la versión original de la nota aparecida el viernes 1º de julio de 2011 en la Revista Ñ, bajo el título “Ciudadanos hiperconectados”. Título original: “El 15-M, las redes sociales, la política y las ciencias sociales”

Ciudanos Hiperconectados

No existe un fenómeno social que genere tanta incertidumbre, tantas aventuras intelectuales y tantas contradicciones como las redes sociales. Su vertiginoso crecimiento, su versatilidad y su insoslayable presencia pública parecen haber conminado el pronunciamiento –la mayoría de las veces apresurado y categórico, cuando no prejuicioso– de comunicólogos y consultores políticos hasta pedagogos, periodistas y filósofos. Se repite hasta el cansancio que Facebook es el tercer país más grande del mundo después de China y la India (en la actualidad supera los 600 millones de usuarios); que Twitter puede derrocar gobiernos mientras otros dicen que “la revolución no será twitteada”; que con casi 160 millones de blogs emitiendo noticias se ha terminado el periodismo y se perdió de vista la verdad; que no se puede tener tantos amigos sin conocerles la cara; que internet es el opio de los pueblos, etc. Pero sin certezas, las dudas, la inmediatez, el entusiasmo y los miedos terminaron por reavivar un nuevo round entre apocalípticos e integrados. De un lado los tecnofóbicos que confirman sus presagios decadentistas con cada nuevo gadget que sale al mercado, y del otro los apologistas e ingenuos que celebran acríticamente y corren detrás de las invenciones del “cerebro digital planetario” como quien persigue los designios de un demiurgo. Ahora bien, ¿cómo abordar una manifestación social cuya contemporaneidad y extensión la convierten en una trampa a la medida de todo tipo intrigas? ¿Cómo superar el asombro, los prejuicios y el anecdotario para pasar a pensar la “naturaleza” de las redes sociales y los fenómenos epocales que se producen alrededor de las Nuevas Tecnologías?
Un buen modo de empezar sería reconocer lo que de propio hay en ese acontecimiento, admitir que no se trata de una irrupción marciana y que si bien no podemos ser optimistas sin cierta cuota de intrepidez, tampoco podemos sostener el credo heideggeriano que ve en el pensamiento técnico un irrefrenable alejamiento del Ser y un peligro para el pensamiento reflexivo, porque sería caer en simplificaciones –a esta altura– irresponsables. El cruce de palabra, imagen y velocidad que produjo el siglo XX ha sofisticado las comunicaciones tanto como el modo en que nos relacionamos con el mundo; desde el automóvil y el cine hasta la televisión y la banda ancha hay un complejo proceso de asimilación social que se desagrega en los modos de nuestro presente. La vida cotidiana está atravesada por ese devenir, y por más que pueda parecer un proceso ajeno a nuestras vivencias, todos fuimos parte de su desarrollo. ¿O acaso no es posible ver en la lógica instantánea, intersticial y discontinua del zapping una versión electrónica del shopping, y un antecedente de los múltiples procesos concurrentes que intervienen cuando navegamos por internet?, ¿no son los juegos online y las redes sociales una virtualización de la vida pública que se perdió primero con la urbanización y después con la modernidad tardía? Dicho esto, podríamos decir que, a pesar de su nombre, las Nuevas Tecnologías son un fenómeno social antes que tecnológico, como habitualmente se las referencia.
 
Mundo extenso
La sociedad capitalista y la globalización contaron con sus propios dispositivos tecnológicos. Sin embargo, hay una diferencia que distancia considerablemente el carácter de estos dos dispositivos. Mientras que en la revolución industrial la máquina a vapor estaba en manos de los capitalistas que esclavizaban a los obreros del siglo XIX, en la era digital, la computadora personal e internet, al alcance de muchos, aumentaron la capacidad de actuar y de comunicar de los ciudadanos de a pie. El acceso masivo a este instrumental, echó a andar volúmenes de información sin antecedentes, capaces de sortear límites que hasta no hace mucho eran la garantía de regímenes de gobierno totalitarios que lograban mantener en el aislamiento a poblaciones enteras. Gran parte de las ciencias sociales, sin embargo, se resiste a ver en la cultura participativa algo más que la corrosión de economías digitalizables, la generación de bienes intangibles, o un relativo empoderamiento de los consumidores. Está muy lejos de ser, dicen, un poder contrahegemónico que genere iniciativa política y presente una alternativa real frente a la globalización y el neoliberalismo. Pero que no logren establecer un poder contrahegemónico, como en su momento fue el movimiento obrero organizado para la sociedad capitalista, no le quita relevancia al protagonismo que tuvieron las redes sociales en los últimos años, haciéndose presentes cada vez que en algún lugar del planeta, por apartado que sea, se necesita ayuda o un pronunciamiento social. ¿No hay en ese acudir una conciencia social y por lo tanto un potencial político? ¿Que Google, YouTube y Wikipedia hayan desbaratado el paradigma de conocimiento que convirtió al modelo ilustrado en un factor de poder y hayan puesto a circular mundialmente otros saberes, no es la expresión mediada de un contenido político a dilucidar? ¿Las banderas del movimiento antiglobalización, de los grupos ecologistas y el Foro Social Mundial, no fueron tomadas y reinventadas (ver el video “Coalición de voluntades”) por un frente generacional-tecnológico que en los últimos 10 años ha producido cambios fundacionales? Hay más de un indicio que nos habilita a pensar que estamos frente a una avanzada contracultural con un alto contenido político, cuyos antecedentes se remontan a los movimientos sociales de los años ’60, de quienes retoman algo más que consignas graffiteras, como el decálogo de “la ética hacker” que hoy presentan como una alternativa a “la ética protestante” con que Weber describió el espíritu del capitalismo.
Las Nuevas Tecnologías han potenciado el surgimiento de una vanguardia polifronte que ha logrado poner en crisis formas dominantes tanto de información, comunicación y conocimiento como de investigación, producción, organización y administración. Esta nueva cultura concibe y cultiva otros tipo de relaciones interpersonales, tanto como otros procedimientos políticos, que no están expresados acabadamente en el uso que hacen de Facebook los televidentes de 6-7-8, como tampoco en el uso que le dieron los jóvenes universitarios a las redes sociales durante la campaña de Obama, pues si bien en ambos casos han ingresando variables bien interesantes a las prácticas políticas, no dejan de reproducir lo que hasta acá se entendía por participación, militancia y compromiso, sólo que en otro registro. Hablamos de un cambio más extenso, que ha perdido la localidad para abrirse a una dimensión planetaria, vaga e inabarcable, que vino de la mano de la globalidad pero que tiene un accionar divergente.
 
Temor y temblor
El ingreso a la sociedad conexionista puso en juego algo más que un modo de funcionamiento social, puso en duda un modo de estar en el mundo que tiene una tradición milenaria, y con el que hasta las culturas más diversas se habían alineado. Por eso, como decíamos a principio de este año durante las revueltas del mundo árabe, Europa se equivoca cuando ve en los conflictos de Medio Oriente sólo una consecuencia de los regímenes autocráticos musulmanes y la manifestación de un deseo democrático, en lugar de ver en esas sublevaciones un efecto dominó que viene de más atrás y que terminará por afectar –como ya lo está haciendo– su propia suerte. El Movimiento 15-M español y su repercusión en otras ciudades europeas, es un ejemplo vivo de esa transversalidad cultural. Lo que origina las protestas es mucho más ancho que las circunstancias que lo desencadenan en cada lugar. La presencia y el pronunciamiento que posibilitan y estimulan las redes sociales, expresa una voluntad comunicativa y un interés cuya res-pública (cosa pública) es el mundo. Digamos que así como la corporación universitaria no debería dejar de ver en la crisis de los diarios en papel los efectos –en todo caso veloces– de una impronta procedimental que empezó por las discográficas y terminará por alcanzarla y relevarla de su sitial si no logra anticiparse a la jugada; del mismo modo, las democracias occidentales no deberían suponer que están a salvo del Tsunami que están produciendo estos plegamientos intraculturales. No alcanza con presentar credenciales republicanas y esgrimir representatividad democrática, porque no es un sistema de gobierno lo que está en juego sino una cosmovisión.
A diferencia de otras crisis que el capitalismo supo sortear y aprovechar para salir fortalecido, estos trastornos sociales presentan una estrategia renovada, frente a la cual el sistema –hasta el momento– no ha sabido darse una respuesta; entre otras cosas, porque su cuestionamiento trasciende al modelo económico y alcanza a sus fundamentos. El carácter de esta singular prorrupción social podría resumirse en cinco puntos fundacionales: 1] carece de un sujeto de cambio identificable; 2] no acota su accionar a un territorio (locus); 3] socava poder sin disputarlo; 4] evita –en la medida de lo posible– las confrontaciones; 5] abandona el estatuto que tenía en la palabra (logos) como morada del Ser y patrón de sentido para validar una transmediación y una convergencia de lenguajes cuyo producido no es pasible de ser asimilado ni conocido en su totalidad, sólo aludido como campo simbólico-empático. Es decir, se trata de un movimiento que elude cualquier representación acabada, que prefiere accionar y traccionar de un modo dislocado y discontinuo (rizomático), tornándose especialmente escurridizo y difícil de combatir. Estas prácticas se promueven y desarrollan fundamentalmente a través de blogs y redes sociales, lo cual les permite: a) reconocerse en un colectivo de afines; b) multiplicar un mensaje con un alto contenido político implícito; c) expresar un ánimo social verificable; d) manifestar una voluntad política en estado de latencia. ¿Podemos entonces menospreciar las implicancias políticas de las redes sociales o sostener, como hace el analista canadiense Malcolm Gladwell, que los lazos de las redes sociales son débiles y sin compromisos, incapaces de generar activismos efectivos? Habría que preguntarle a José María Aznar qué opina de la efectividad que tuvieron las cadenas de SMS después de Atocha (11-M) o a Hosni Mubarak y el dictador tunecino Ben Alí qué piensan sobre la efectividad de Twitter. Por ejemplo, nadie pudo evitar las previsibles consecuencias políticas que produjo el 15-M español, sólo con sentadas silenciosas en la Puerta del Sol y las principales plazas del país; pero tampoco pueden prever cuáles serán sus derivaciones económicas, políticas y sociales, ni en qué lugares repercutirán.
Estamos frente a una importante renovación de los procedimientos políticos y de una sofisticada manera de discutir lo instituido (el poder). Es cierto que por el momento ha desarrollado mayor capacidad de desinstitucionalización que de construcción e institucionalización, pero todo parece indicar que se trata de una corrida cultural de envergadura, cuyas derivaciones políticas e institucionales aún no podemos predecir. “Los especialistas estamos desconcertados, no podemos hacer un pronóstico” dice el sociólogo español Javier Elzo. “Estamos ante el nacimiento de un nuevo tipo de movimiento social autónomo de partidos y sindicatos”, dice su compatriota Jaime Pastor, experto en movimientos de masas. Leyendo estas palabras y frente a una prorrupción semejante, con ramificaciones que van desde la educación hasta la psicología, no es extraño que las ciencias sociales se muestren particularmente inquietas y en buena medida estimuladas.

F.P.

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Michel Maffesoli comentado

Hace unos días estuvo en Buenos Aires el polémico sociólgo francés, MIchel Maffesoli. El sábado pasado salió en Ñ una entrevista muy jugosa, donde Maffesoli, además de provocar, como hace siempre, deja entrever un optimismo poco frecuente entre los intelectuales de nuestro tiempo. Es muy interesante el modo en que extiende las marcas de la cancha donde juegan los cientistas sociales. ¿Qué jugador se anima a entrar en esa cancha? ¿Se modifican las reglas? ¿Cuáles son esas nuevas reglas?

Estos son algunos destacados del reportaje. Y más abajo algunos comentarios nuestros.

La modernidad I:

“la intelligentsia política, periodística y universitaria continúa hablando de modernidad para describir el período en el que vivimos. Soy de los que creen que estamos en la posmodernidad dado que tenemos toda una serie de valores que ya no son los que imperaron durante la modernidad. Pero el problema es que siempre hay un desfasaje entre lo que se vive y lo que se piensa y lo que se nombra. Hay que tener en cuenta que el nombre mismo de modernidad apareció recién en 1848: fue Charles Baudelaire justamente quien lo utilizó para nombrar lo que estaba ocurriendo. Hasta entonces, solamente se hablaba de posmedievalismo: lo que venía después de la Edad Media. Y no es sino hasta la mitad del siglo XIX que va a empezar a hablarse de modernidad para nombrar lo que se vivía.”

La modernidad II:

“Hay tres grandes valores modernos: el trabajo –que se convierte en el imperativo esencial, aquello a través de lo cual hay una realización de cada individuo. Segundo, la razón como único elemento que caracteriza tanto al individuo como a la sociedad. Y tercero, el futuro: la fe en el porvenir.”

[Comentario: sería interesante hacer el ejercicio de trasladar esos rasgos a la actualidad y ver qué da. Buscar cuáles son los emergentes epocales de nuestro presente.]

La posmodernidad I:

“[La] posmodernidad ya no gira en torno del trabajo sino de la creación: hacer de la propia vida una obra de arte, poner el acento en lo cualitativo de la existencia, la dimensión un poco hedonista. En segundo lugar, ya no la razón como simple vector por el cual uno se piensa a sí mismo y la sociedad también, sino la imaginación, lo imaginario y en tercer lugar, el presente dado que en términos de temporalidad ya no se vive más el futuro, el carpe diem, diría incluso: presenteísmo. Eso es, dicho de una manera muy simple: lo que se abandona –trabajo, razón, futuro– que es oficial, en las instituciones oficiales.”

[Comentario: Ese rasgo ¿no es más un síntoma de Europa que de época?]

La política actual:

“Lo político no funciona más. Ni izquierda ni derecha. Yo digo ‘lo’ político porque lo propio de lo político es proyectivo, está orientado hacia el futuro. Y estas jóvenes generaciones no adhieren, no se identifican más con los grandes valores futuristas. Se concentran en el presente.”

[Comentario: La idea que había del presente se volvió mucho más próxima. Cuando Maffesoli dice que la idea de futuro ya no moviliza las energías que movilizó durante la modernidad; lo dice suponiendo que él, en París, y nosotros en Argentina, habitamos un mismo presente. Además de nos ser así, se contradice, porque cuando dice que Sudamérica y Oriente son “los laboratorios de la posmodernidad”, los está diferenciando.

El presente, dice Maffesoli, se ha vuelto importante como en otro momento lo fue el futuro. Pero parte de una valoración de la experiencia vivencial del presente que es, por lo menos, dudosa, como cuando habla de “hacer de la propia vida una obra de arte, poner el acento en lo cualitativo de la existencia, la dimensión un poco hedonista”. En esa Sudamérica que él ve como un laboratorio, ¿el presente se ve de esa manera?]

Fernando Peirone

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Un par de preguntas
El uso del celular aún no cumplió treinta años. El primer teléfono móvil ingresó al mercado el 13 de junio de 1983. Desde los primeros ladrillos hasta el actual  Iphone, sólo pasaron 26 años. Sin embargo, aquello que comenzó siendo un lujo para uso exclusivo de funcionarios y empresarios yuppies, hoy se ha extendido a más de un tercio de la población mundial. Esto quiere decir que más de 2200 millones de personas llevan encima un celular durante las 24 horas del día.El par de preguntas:Más allá de las conjeturas personales que podríamos hacer a partir de la propia experiencia, o de lo que podemos imaginar con datos tan reveladores, sería bueno saber ¿qué cambios, que aún nos resultan inconmensurables, se habrán producido en el mundo a partir de una comunicación potenciada por el uso tan extendido del celular?, esto es: ¿cuáles serán las derivaciones cualitativas –más que cuantitativas– que habrá propiciado una comunicación tan fluida?, ¿habrá mejoras, no sólo en los modos, sino en los atributos, por caso, de la cultura, el comercio y la política?, ¿de qué índole?
Fernando Peirone

Un par de preguntas

El uso del celular aún no cumplió treinta años. El primer teléfono móvil ingresó al mercado el 13 de junio de 1983. Desde los primeros ladrillos hasta el actual Iphone, sólo pasaron 26 años. Sin embargo, aquello que comenzó siendo un lujo para uso exclusivo de funcionarios y empresarios yuppies, hoy se ha extendido a más de un tercio de la población mundial. Esto quiere decir que más de 2200 millones de personas llevan encima un celular durante las 24 horas del día.

El par de preguntas:
Más allá de las conjeturas personales que podríamos hacer a partir de la propia experiencia, o de lo que podemos imaginar con datos tan reveladores, sería bueno saber ¿qué cambios, que aún nos resultan inconmensurables, se habrán producido en el mundo a partir de una comunicación potenciada por el uso tan extendido del celular?, esto es: ¿cuáles serán las derivaciones cualitativas –más que cuantitativas– que habrá propiciado una comunicación tan fluida?, ¿habrá mejoras, no sólo en los modos, sino en los atributos, por caso, de la cultura, el comercio y la política?, ¿de qué índole?

Fernando Peirone

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Pensando el mundo que viene

Como hemos dicho, Jengibre estuvo asistiendo al Congreso Internacional Wikimania 09, y después de presenciar algunas de las ponencias resulta llamativo (cuando no encantador) la convicción con que el mundo Wiki está discutiendo los modos de una nueva cultura. Es una práctica en la que nadie hace alarde de lo que está protagonizando, como si llegaran a eso como parte de una lógica factual que ya no debería sorprender. Esta práctica conlleva una dimensión política que, si bien se asume con conciencia preclara, no es incorporada al discurso, al menos no en los términos que hasta ahora se entendía lo político.
Digo esto porque durante las tres jornadas he descubierto que los “wikimaníacos” dan por sentado –sin aspavientos, pero también sin cortapisas– que la cultura enciclopédica se ha agotado, cosa que me parece tan inquietante como admirable. Por ejemplo, cuando se discute el modo de cargar contenidos, prescindiendo de las firmas (como establece el código Wiki), o prescindiendo de los planes de estudio de un país o de una universidad (en el caso de wikilibros), parten de un modelo social de convivencia, donde lo cosmopolita, lo democrático y la tolerancia son las moneda de cambio, la base sobre la que se interactúa; allí no importan las procedencias ni las creencias, ni lo que estás estudiando, nada, lo único que importa es lo que se está construyendo, que no es otra cosa que un bien común, porque en el mundo Wiki nadie construye sólo para sí, es más, en general se construye para los demás.

En Wikimania se piensa adelantándose al tiempo, como cuando se debate sobre las mejoras posibles para wikidia (para los chicos), que en la práctica funciona como una plataforma social, como un gran simulador de vuelo para que los niños vayan ensayando los modos y las potencialidades del mundo que viene. Sin que nadie lo pida, hay gente que asume lo que la escuela, que tiene la cintura ancha y lenta de cualquier institución decimonónica, no ha podido pensar ni responder: las prácticas-respuestas para un mundo que, como dice Peter Sloterdijk, ha traído el futuro hacia el presente, sólo que de un modo invisible.

Esto de que estoy hablando lo pude ver, por ejemplo, en las ponencias de Pedro Sánchez (de México) hablando sobre “Los Wikis y las matemáticas” o en la de Lila Pagola (de Villa María, Argentina) sobre “La generación Google y las estrategias docentes”. Lila expuso sobre la necesidad de mejorar las Competencias para el Manejo de la Información, no sólo entre los docentes (que no son nativos digitales) sino entre los alumnos, que aún teniendo acceso al universo digital, no incursionan en –por ejemplo– el mundo Wiki; estas competencias son completamente diferentes a las del viejo mundo (el de hace 15 años atrás, cuando un libro sólo se compraba o se conseguía en la biblioteca), no entenderlas es dar ventaja, es habitar un mundo ptolomeico, convencidos de que somos el centro del universo, mientras Copérnico ya se pronunció y está próximo a hablar Galileo. Pagola, sobre el final, fue más allá y dijo más o menos lo siguiente: la escuela ya no es el lugar del conocimiento, hoy la mayoría del conocimiento está y circula por afuera de la escuela; lo que debe hacer la escuela ahora, es ingresarlo al interior de la escuela sin pretender acapararlo ni administrarlo; debe, en todo caso, garantizar las condiciones para su circulación. Eso, en países como el nuestro, no es una práctica menor, porque habilita el mundo que viene a un sector social que, de otro modo, no tendría chances y estaría condenado a mirarlo desde afuera, sin siquiera la posibilidad de entenderlo. De allí la importancia de implementar políticas educativas con una clara conciencia social, que lleve a la educación pública lo que hasta ahora fue un privilegio de la educación privada. En la periferia del mundo, el país que no logre hacer esta jugada a tiempo es probable que quede ubicado en la parte incómoda de una nueva división política mundial, y con él los ciudadanos que por sus propios medios no puedan acceder.

Fernando Peirone

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Logo oficial del Partido Pirata (Piratpartiet) de Suecia, que sacó el 7,1% de los votos en las últimas eleccione europeas y ya tiene un escaño en el parlamento de la comunidad. Unos pata de palo  que se las traen…
F.P.

Logo oficial del Partido Pirata (Piratpartiet) de Suecia, que sacó el 7,1% de los votos en las últimas eleccione europeas y ya tiene un escaño en el parlamento de la comunidad. Unos pata de palo que se las traen…

F.P.

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El 50 por ciento de Jengibre está en Noruega. Siguiendo con el post de Fernando y la nota de Pola en Radar, podemos decir efectivamente que las nuevas tecnologías están ineludiblemente vinculadas a las nuevas formas de hacer política local y global.
Este lunes 22 de Junio, cruzando el Palacio Real y frente a las escalinatas de la cancillería del Reino, se dieron cita un conjunto variopinto de opositores al régimen de Ali Khamenei, el líder supremo, y de su delfín, Mahmoud Ahmadinejad. El grupo de algunos cientos de personas estaba conformado por iraníes, iraníes-noruegos, noruegos-iraníes, noruegos, curiosos y turistas. Si bien todos coincidían en repudiar el fraude electoral, las motivaciones y grupos de origen era de por más diversas. Demócratas, liberales, miembros del PC iraní, nostálgicos del régimen del Sha Mohammad Reza Pahlavi -si el mismo impuesto vía los oficios de CIA americana y el MI6 británico luego del coup d’etat en 1953 contra Mossadeq- interactuaban con defensores de Mousavi, y hasta un grupo de iraníes secesionistas kurdos que luchan por la creación de un Estado independiente conformado por pedazos contiguos de las naciones de Irak , Irán, Siria, y Turquía. Sin embargo todos estos vectores de sentido coincidían en un par de puntos.
Como es de esperar los conocimientos que Jengibre tiene del Farsi son nulos, y del Noruego francamente insuficientes. Sin embargo a los largo de al menos tres discursos había una serie de palabras que todos pudimos reconocer: Twitter, You Tube, Facebook y Flickr. Más o menos en forma descendiente de importancia. Dada la edad promedio de los asistentes, las referencias son entendibles. Diana y sus amigas (ver foto) se llevan evidentemente mejor con sus celulares que con las apelaciones a un modo clásico de sujeción a las normas islámicas.Si bien es cierto que al parecer Twitter se las trae, quizás estemos aún en una etapa de inflación. Bill Maher, cómico estadounidense que aparece por HBO, señalo no estar muy seguro si Twitter salvó a Irán o Irán salvo a Twitter. Después de todo el usuario promedio americano si se le pregunta qué es Irán, probablemente responda “¿el nuevo sistema para hacer jogging de Apple?” (no se si traduce bien el chiste de, nuevamente Bill Maher, pero fíjense). De todos modos quizás el valor de Twitter no sean sus posteos individuales, de apenas un poco más de 100 caracteres, sino el peso del conjunto, la creación de una tendencia, la autorregulación de los contenidos, la “sabiduría de las multitudes” para utilizar un término en boga.¿Twister está aquí para quedarse? ¿O se trata de una herramienta gratuita sin modelo de negocio que crece sin saber hacia donde, mientras es utilizada como medios para otros fines? Veremos, y el plural acá es literal y performativo.
Fabián Mosenson

El 50 por ciento de Jengibre está en Noruega. Siguiendo con el post de Fernando y la nota de Pola en Radar, podemos decir efectivamente que las nuevas tecnologías están ineludiblemente vinculadas a las nuevas formas de hacer política local y global.

Este lunes 22 de Junio, cruzando el Palacio Real y frente a las escalinatas de la cancillería del Reino, se dieron cita un conjunto variopinto de opositores al régimen de Ali Khamenei, el líder supremo, y de su delfín, Mahmoud Ahmadinejad. El grupo de algunos cientos de personas estaba conformado por iraníes, iraníes-noruegos, noruegos-iraníes, noruegos, curiosos y turistas. Si bien todos coincidían en repudiar el fraude electoral, las motivaciones y grupos de origen era de por más diversas. Demócratas, liberales, miembros del PC iraní, nostálgicos del régimen del Sha Mohammad Reza Pahlavi -si el mismo impuesto vía los oficios de CIA americana y el MI6 británico luego del coup d’etat en 1953 contra Mossadeq- interactuaban con defensores de Mousavi, y hasta un grupo de iraníes secesionistas kurdos que luchan por la creación de un Estado independiente conformado por pedazos contiguos de las naciones de Irak , Irán, Siria, y Turquía. Sin embargo todos estos vectores de sentido coincidían en un par de puntos.

Como es de esperar los conocimientos que Jengibre tiene del Farsi son nulos, y del Noruego francamente insuficientes. Sin embargo a los largo de al menos tres discursos había una serie de palabras que todos pudimos reconocer: Twitter, You Tube, Facebook y Flickr. Más o menos en forma descendiente de importancia. Dada la edad promedio de los asistentes, las referencias son entendibles. Diana y sus amigas (ver foto) se llevan evidentemente mejor con sus celulares que con las apelaciones a un modo clásico de sujeción a las normas islámicas.

Si bien es cierto que al parecer Twitter se las trae, quizás estemos aún en una etapa de inflación. Bill Maher, cómico estadounidense que aparece por HBO, señalo no estar muy seguro si Twitter salvó a Irán o Irán salvo a Twitter. Después de todo el usuario promedio americano si se le pregunta qué es Irán, probablemente responda “¿el nuevo sistema para hacer jogging de Apple?” (no se si traduce bien el chiste de, nuevamente Bill Maher, pero fíjense). De todos modos quizás el valor de Twitter no sean sus posteos individuales, de apenas un poco más de 100 caracteres, sino el peso del conjunto, la creación de una tendencia, la autorregulación de los contenidos, la “sabiduría de las multitudes” para utilizar un término en boga.

¿Twister está aquí para quedarse? ¿O se trata de una herramienta gratuita sin modelo de negocio que crece sin saber hacia donde, mientras es utilizada como medios para otros fines? Veremos, y el plural acá es literal y performativo.

Fabián Mosenson

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