Adiós a las palabras
En el día de ayer (miércoles 3 de agosto) en la sección La Ventana del diario Página/12 se publicó una nota de mi autoría en respuesta a la que publicara Juan Pablo Ringelheim en la misma sección el pasado 20 de julio. El título, en obvia alusión a Adiós a las armas de Hemingway, como la nota en general, polemizan con cierto pensamiento político-social que está en decadencia y no acusa recibo de los trastornos epocales que atravesamos. Esto, a mi entender, es un debate que necesitamos dar tanto en la política como en las ciencias sociales. Abajo el texto completo y el link:
Adiós a las palabras
Somos testigos y protagonistas de un cambio de época que se produce sobre una mutación que por cotidiana y propia puede parecer extraña, pero no lo es: la que experimentaron el pensamiento y el lenguaje –anche la comunicación– en los últimos veinte años.
El pensamiento abandonó el canon de profundidad, inmersión y gravedad, para refrescarse en la extensión, el surfeo y el juego. El nuevo mundo asume que pensar –como tempranamente lo fue para Vigotsky– es acción, es experiencia, es interacción comunicativa. De este modo, el pensamiento se desprende de la lógica racional para volverse acción sistémica, relativa a un recorrido y a una secuencia aleatoria de relaciones no jerárquicas. El diálogo entre pensamiento y conocimiento también ha cambiado. El conocimiento ha perdido su lugar a manos de un saber vivo, lábil, mutable, extenso, con valor circunstancial. Lo que hoy ayuda se utiliza y comparte; mañana, cuando ya no sirva, se desechará y se compartirán otras cosas.
Bajo esa concepción, la gente (fundamentalmente los jóvenes) ponen a disposición del mundo material bibliográfico, cinematográfico, discográfico, artístico, técnico, científico, y de la más variada índole, incluso aquel que ni la escuela ni la ciencia han sistematizado aún. Esto demuestra no sólo la extensión de un espíritu cooperativo pocas veces visto, sino también el asombroso desarrollo de una expertiz plebeya. Es decir, se genera saber con un alto contenido social para diferentes niveles de demanda, pero por afuera de las estructuras reconocidas porque no existe una institucionalidad acorde.
La implicación colaborativa de los jóvenes en los asuntos públicos, desde lo político-social hasta el medio ambiente, da cuenta de esta impronta epocal.
Lengua y política
El lenguaje, que hasta ayer era la morada del Ser y la estructura que sostenía la lógica del sentido, ya no puede ocultar las fisuras de un logocentrismo que, en su declinación, arrastra consigo una cosmovisión y toda la gama de dispositivos subsidiarios que conformaban la cultura occidental hegemónica. Esta defección y el desarrollo de la tecnología digital habilitaron la multiplicación de recursos comunicativos que no precisan, en términos estrictos, de la palabra.
El lenguaje del nuevo mundo es ligero. Sus texturas son abiertas y, aunque no abandonan totalmente el estatuto de la palabra, lo reformulan y lo satelizan como una prótesis opcional, muy lejos del rectorado de otros tiempos. Frente a esto, se suele decir que el lenguaje ha perdido capacidad reflexiva y potencia expresiva, como heideggerianamente sostiene Juan Pablo Ringelheim en “La ventana” (Página/12, 20/07/2011). Nada más lejos. Apartarse del logos es la condición para pensar críticamente.
El pasaje de un lenguaje logocéntrico a uno transmediático, tanto como la expansión de un sujeto que se ve permanentemente transformado por lo que conoce, tiene connotaciones políticas considerables. Entre otras cosas, porque el nuevo lenguaje desafía el alcance y el sentido de la cultura política. Las nuevas generaciones viven una atmósfera instituyente que rescata y pone en escena una idea divergente del mundo que la osificación del lenguaje había proscripto, pero que persistía como saber histórico. Hablamos de un sujeto político que ha abandonado la postergación personal, la preclaridad y la conducción programática para entregarse a una interpretación colectiva permanente, a un juego semántico cosmopolita que empatiza objetivos desde lo general a lo particular (ver http://playingforchange.org/).
Estas prácticas convierten a la corteza terrestre en una trama neuronal en la que se produce una suerte de sinapsis permanente. Acontece un terremoto en Japón y el mundo entra en estado de alerta colaborativa. Las revueltas de Medio Oriente dialogan con “los indignados” de Europa. Estas experiencias colectivas están generando condiciones macropolíticas que se despliegan en una dimensión temporo-espacial nueva, muy lejos del registro en que todavía lo leen los medios tradicionales y –por el momento– las ciencias sociales. Como dice Manuel Castells, “somos redes conectadas a un mundo de redes” que están construyendo otras narraciones políticas, en las antípodas de la gravedad, la desconfianza, la tristeza y el pesimismo centroeuropeo. Es una idea del mundo que busca su mejor expresión y transita hacia lo “realmente posible”, en el sentido que Pancho Aricó recuperaba a Ernst Bloch: como aquellas condiciones que no están todavía todas reunidas pero que sin embargo ejercen una mediación creciente hacia la posibilidad.
El link: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-173624-2011-08-03.html
F.P.
Las redes sociales, la política y las ciencias sociales
Esta es la versión original de la nota aparecida el viernes 1º de julio de 2011 en la Revista Ñ, bajo el título “Ciudadanos hiperconectados”. Título original: “El 15-M, las redes sociales, la política y las ciencias sociales”
Ciudanos Hiperconectados
No existe un fenómeno social que genere tanta incertidumbre, tantas aventuras intelectuales y tantas contradicciones como las redes sociales. Su vertiginoso crecimiento, su versatilidad y su insoslayable presencia pública parecen haber conminado el pronunciamiento –la mayoría de las veces apresurado y categórico, cuando no prejuicioso– de comunicólogos y consultores políticos hasta pedagogos, periodistas y filósofos. Se repite hasta el cansancio que Facebook es el tercer país más grande del mundo después de China y la India (en la actualidad supera los 600 millones de usuarios); que Twitter puede derrocar gobiernos mientras otros dicen que “la revolución no será twitteada”; que con casi 160 millones de blogs emitiendo noticias se ha terminado el periodismo y se perdió de vista la verdad; que no se puede tener tantos amigos sin conocerles la cara; que internet es el opio de los pueblos, etc. Pero sin certezas, las dudas, la inmediatez, el entusiasmo y los miedos terminaron por reavivar un nuevo round entre apocalípticos e integrados. De un lado los tecnofóbicos que confirman sus presagios decadentistas con cada nuevo gadget que sale al mercado, y del otro los apologistas e ingenuos que celebran acríticamente y corren detrás de las invenciones del “cerebro digital planetario” como quien persigue los designios de un demiurgo. Ahora bien, ¿cómo abordar una manifestación social cuya contemporaneidad y extensión la convierten en una trampa a la medida de todo tipo intrigas? ¿Cómo superar el asombro, los prejuicios y el anecdotario para pasar a pensar la “naturaleza” de las redes sociales y los fenómenos epocales que se producen alrededor de las Nuevas Tecnologías?
Un buen modo de empezar sería reconocer lo que de propio hay en ese acontecimiento, admitir que no se trata de una irrupción marciana y que si bien no podemos ser optimistas sin cierta cuota de intrepidez, tampoco podemos sostener el credo heideggeriano que ve en el pensamiento técnico un irrefrenable alejamiento del Ser y un peligro para el pensamiento reflexivo, porque sería caer en simplificaciones –a esta altura– irresponsables. El cruce de palabra, imagen y velocidad que produjo el siglo XX ha sofisticado las comunicaciones tanto como el modo en que nos relacionamos con el mundo; desde el automóvil y el cine hasta la televisión y la banda ancha hay un complejo proceso de asimilación social que se desagrega en los modos de nuestro presente. La vida cotidiana está atravesada por ese devenir, y por más que pueda parecer un proceso ajeno a nuestras vivencias, todos fuimos parte de su desarrollo. ¿O acaso no es posible ver en la lógica instantánea, intersticial y discontinua del zapping una versión electrónica del shopping, y un antecedente de los múltiples procesos concurrentes que intervienen cuando navegamos por internet?, ¿no son los juegos online y las redes sociales una virtualización de la vida pública que se perdió primero con la urbanización y después con la modernidad tardía? Dicho esto, podríamos decir que, a pesar de su nombre, las Nuevas Tecnologías son un fenómeno social antes que tecnológico, como habitualmente se las referencia.
Mundo extenso
La sociedad capitalista y la globalización contaron con sus propios dispositivos tecnológicos. Sin embargo, hay una diferencia que distancia considerablemente el carácter de estos dos dispositivos. Mientras que en la revolución industrial la máquina a vapor estaba en manos de los capitalistas que esclavizaban a los obreros del siglo XIX, en la era digital, la computadora personal e internet, al alcance de muchos, aumentaron la capacidad de actuar y de comunicar de los ciudadanos de a pie. El acceso masivo a este instrumental, echó a andar volúmenes de información sin antecedentes, capaces de sortear límites que hasta no hace mucho eran la garantía de regímenes de gobierno totalitarios que lograban mantener en el aislamiento a poblaciones enteras. Gran parte de las ciencias sociales, sin embargo, se resiste a ver en la cultura participativa algo más que la corrosión de economías digitalizables, la generación de bienes intangibles, o un relativo empoderamiento de los consumidores. Está muy lejos de ser, dicen, un poder contrahegemónico que genere iniciativa política y presente una alternativa real frente a la globalización y el neoliberalismo. Pero que no logren establecer un poder contrahegemónico, como en su momento fue el movimiento obrero organizado para la sociedad capitalista, no le quita relevancia al protagonismo que tuvieron las redes sociales en los últimos años, haciéndose presentes cada vez que en algún lugar del planeta, por apartado que sea, se necesita ayuda o un pronunciamiento social. ¿No hay en ese acudir una conciencia social y por lo tanto un potencial político? ¿Que Google, YouTube y Wikipedia hayan desbaratado el paradigma de conocimiento que convirtió al modelo ilustrado en un factor de poder y hayan puesto a circular mundialmente otros saberes, no es la expresión mediada de un contenido político a dilucidar? ¿Las banderas del movimiento antiglobalización, de los grupos ecologistas y el Foro Social Mundial, no fueron tomadas y reinventadas (ver el video “Coalición de voluntades”) por un frente generacional-tecnológico que en los últimos 10 años ha producido cambios fundacionales? Hay más de un indicio que nos habilita a pensar que estamos frente a una avanzada contracultural con un alto contenido político, cuyos antecedentes se remontan a los movimientos sociales de los años ’60, de quienes retoman algo más que consignas graffiteras, como el decálogo de “la ética hacker” que hoy presentan como una alternativa a “la ética protestante” con que Weber describió el espíritu del capitalismo.
Las Nuevas Tecnologías han potenciado el surgimiento de una vanguardia polifronte que ha logrado poner en crisis formas dominantes tanto de información, comunicación y conocimiento como de investigación, producción, organización y administración. Esta nueva cultura concibe y cultiva otros tipo de relaciones interpersonales, tanto como otros procedimientos políticos, que no están expresados acabadamente en el uso que hacen de Facebook los televidentes de 6-7-8, como tampoco en el uso que le dieron los jóvenes universitarios a las redes sociales durante la campaña de Obama, pues si bien en ambos casos han ingresando variables bien interesantes a las prácticas políticas, no dejan de reproducir lo que hasta acá se entendía por participación, militancia y compromiso, sólo que en otro registro. Hablamos de un cambio más extenso, que ha perdido la localidad para abrirse a una dimensión planetaria, vaga e inabarcable, que vino de la mano de la globalidad pero que tiene un accionar divergente.
Temor y temblor
El ingreso a la sociedad conexionista puso en juego algo más que un modo de funcionamiento social, puso en duda un modo de estar en el mundo que tiene una tradición milenaria, y con el que hasta las culturas más diversas se habían alineado. Por eso, como decíamos a principio de este año durante las revueltas del mundo árabe, Europa se equivoca cuando ve en los conflictos de Medio Oriente sólo una consecuencia de los regímenes autocráticos musulmanes y la manifestación de un deseo democrático, en lugar de ver en esas sublevaciones un efecto dominó que viene de más atrás y que terminará por afectar –como ya lo está haciendo– su propia suerte. El Movimiento 15-M español y su repercusión en otras ciudades europeas, es un ejemplo vivo de esa transversalidad cultural. Lo que origina las protestas es mucho más ancho que las circunstancias que lo desencadenan en cada lugar. La presencia y el pronunciamiento que posibilitan y estimulan las redes sociales, expresa una voluntad comunicativa y un interés cuya res-pública (cosa pública) es el mundo. Digamos que así como la corporación universitaria no debería dejar de ver en la crisis de los diarios en papel los efectos –en todo caso veloces– de una impronta procedimental que empezó por las discográficas y terminará por alcanzarla y relevarla de su sitial si no logra anticiparse a la jugada; del mismo modo, las democracias occidentales no deberían suponer que están a salvo del Tsunami que están produciendo estos plegamientos intraculturales. No alcanza con presentar credenciales republicanas y esgrimir representatividad democrática, porque no es un sistema de gobierno lo que está en juego sino una cosmovisión.
A diferencia de otras crisis que el capitalismo supo sortear y aprovechar para salir fortalecido, estos trastornos sociales presentan una estrategia renovada, frente a la cual el sistema –hasta el momento– no ha sabido darse una respuesta; entre otras cosas, porque su cuestionamiento trasciende al modelo económico y alcanza a sus fundamentos. El carácter de esta singular prorrupción social podría resumirse en cinco puntos fundacionales: 1] carece de un sujeto de cambio identificable; 2] no acota su accionar a un territorio (locus); 3] socava poder sin disputarlo; 4] evita –en la medida de lo posible– las confrontaciones; 5] abandona el estatuto que tenía en la palabra (logos) como morada del Ser y patrón de sentido para validar una transmediación y una convergencia de lenguajes cuyo producido no es pasible de ser asimilado ni conocido en su totalidad, sólo aludido como campo simbólico-empático. Es decir, se trata de un movimiento que elude cualquier representación acabada, que prefiere accionar y traccionar de un modo dislocado y discontinuo (rizomático), tornándose especialmente escurridizo y difícil de combatir. Estas prácticas se promueven y desarrollan fundamentalmente a través de blogs y redes sociales, lo cual les permite: a) reconocerse en un colectivo de afines; b) multiplicar un mensaje con un alto contenido político implícito; c) expresar un ánimo social verificable; d) manifestar una voluntad política en estado de latencia. ¿Podemos entonces menospreciar las implicancias políticas de las redes sociales o sostener, como hace el analista canadiense Malcolm Gladwell, que los lazos de las redes sociales son débiles y sin compromisos, incapaces de generar activismos efectivos? Habría que preguntarle a José María Aznar qué opina de la efectividad que tuvieron las cadenas de SMS después de Atocha (11-M) o a Hosni Mubarak y el dictador tunecino Ben Alí qué piensan sobre la efectividad de Twitter. Por ejemplo, nadie pudo evitar las previsibles consecuencias políticas que produjo el 15-M español, sólo con sentadas silenciosas en la Puerta del Sol y las principales plazas del país; pero tampoco pueden prever cuáles serán sus derivaciones económicas, políticas y sociales, ni en qué lugares repercutirán.
Estamos frente a una importante renovación de los procedimientos políticos y de una sofisticada manera de discutir lo instituido (el poder). Es cierto que por el momento ha desarrollado mayor capacidad de desinstitucionalización que de construcción e institucionalización, pero todo parece indicar que se trata de una corrida cultural de envergadura, cuyas derivaciones políticas e institucionales aún no podemos predecir. “Los especialistas estamos desconcertados, no podemos hacer un pronóstico” dice el sociólogo español Javier Elzo. “Estamos ante el nacimiento de un nuevo tipo de movimiento social autónomo de partidos y sindicatos”, dice su compatriota Jaime Pastor, experto en movimientos de masas. Leyendo estas palabras y frente a una prorrupción semejante, con ramificaciones que van desde la educación hasta la psicología, no es extraño que las ciencias sociales se muestren particularmente inquietas y en buena medida estimuladas.
F.P.
Redes sociales, política, y ciencias sociales
El sábado pasado la Revista Ñ sacó una serie de notas en torno a las redes sociales. Este es el link a la nota de tapa (de mi autoría) donde trato de refutar algunas simplificaciones apresuradas sobre el tema de las redes sociales e introduzco variables de análisis que comprometen (o deberían comprometer) a las ciencias sociales en general, y en particular a la política, campo sobre el que vengo trabajando desde hace algún tiempo.
Link: http://www.revistaenie.clarin.com/edicion-impresa/ciudadanos_hiperconectados_0_509949008.html
F.P.
Entrevista a Krisitinn Hrafnsson, número dos de Wikileasks
En la edición de hoy, domingo 20 de marzo, a un día de que entremos en el otoño, Página/12 publicó una entrevista a Krisitinn Hrafnsson, el periodista islandés de 49 que oficia de número dos en Wikileaks. La nota resulta muy interesante por lo que de diferente tiene de Julian Assange. Dos o tres extractos que pueden dar una muestra del tenor de la nota:
• ¿por qué la orden de captura internacional recibió las más alta prioridad de Interpol, la Notificación Roja, reservada para casos de crimen organizado y delitos serios, cuando Julian ni siquiera fue procesado? Hace una semana pidieron la captura de Khadafi con una notificación amarilla, que es menos prioritaria que la roja.
• Wikileaks no busca ningún blanco, ni ataca a nadie ni busca activamente ninguna información. Es el receptor pasivo de información y no le apunta a ninguna empresa o gobierno. [A nadie le cabe ninguna duda, sin embargo, que aún cuando no confrontan interpelan el poder, fiel a los modos de la práctica política cuando queda en manos de las nuevas generaciones]
• Han surgido organizaciones inspiradas en Wikileaks, como Balkanleaks, dedicada el crimen organizado y la corrupción en los países de los Balcanes. Está Brusselleaks, que se ocupa de Bruselas y la Unión Europea. También Greenleaks, dedicada a temas ambientales. Los mismos medios de prensa han copiado nuestros métodos, habilitando sitios seguros para recibir denuncias.
El link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-164563-2011-03-20.html
F.P.
Internet, juventud y política
Internet, la juventud y la política siguen dando que hablar. En este caso una interesante nota de José Natanson, que vuelve al redil, pero esta vez más enfocado en las derivaciones políticas de intertet. Muy recomendable. Se sigue, sin embargo, analizando y teorizando sobre los efectos, es decir, sobre las anécdotas de una dimensión política a la que no se le realiza un fundamento social, político y generacional histórico, que encuentra en las nuevas tecnologías la posibilidad de expresarse. Aquí va. Abajo el link:
Internet, juventud y política en tiempos de Kirchner
Los avances de la técnica condicionan la política. La política de masas, por ejemplo, es resultado del acelerado proceso de urbanización de entreguerras, las presiones por la ampliación de los derechos sociales y la masificación de los partidos, pero también de los grandes progresos producidos en las primeras décadas del siglo XX, bajo el impulso del cine, en la tecnología del altavoz, sin cuya ayuda los discursos de Mussolini o Perón nunca hubieran llegado a sus destinatarios. El altavoz es la base técnica de lo que Daniel López Gómez (Tecnopolítica del sonido) define como “tecnologías sonoras de convicción”, aquellas que operan produciendo masa, esto es, sujetos colectivos organizados, con límites internos y externos claros, que componen un colectivo capaz de escuchar al líder y proyectar sus fuerzas hacia un único fin. La mejor analogía es la del director de orquesta, que no sólo llega al oído sino que incluso controla los cuerpos de quienes escuchan: por eso la gente tose, se mueve y se despereza en los intervalos.
Pregunta
¿Cómo está afectando el boom de las nuevas tecnologías a la política? ¿Cuál es la influencia real de Internet y sus mil derivaciones –las páginas y los blogs, los foros virtuales, las redes sociales tipo Facebook o Twitter–? ¿Y qué pasa con todo esto en la Argentina de hoy?
Nuevos jóvenes
Vivimos en lo que Manuel Castells define como “sociedad red”, en la que cada vez más cosas –desde las instituciones de la Unión Europea y los flujos financieros globales al tráfico de drogas– funcionan bajo esa forma. En este nuevo contexto, que es global pero que asume características propias en cada país, las nuevas tecnologías están redefiniendo a los sujetos, en particular a los jóvenes, que nacieron en ellas y se mueven por allí como pez en el agua.
Cito desordenadamente algunas de las características compiladas por Sergio Balardini en Impacto y transformaciones de la cultura escolar ante la inclusión de las nuevas tecnologías (Flacso). Los jóvenes, señala Balardini, viven el ciberespacio con comodidad, como si estuvieran en su casa, lo que ha generado un fenómeno inédito: por primera vez en la historia saben cosas que sus padres, a menudo tecnofóbicos, directamente ignoran (les enseñan, por ejemplo, a usar la computadora).
Pero además desarrollan nuevas habilidades, como la capacidad de procesar mucha información de manera rápida (en esto los videojuegos, tan injustamente denostados, son una gran escuela) o de moverse en lenguajes no lineales: el mundo de los hipertextos supone el corte con la secuencialidad serial y la apertura de varios rumbos diferentes, lo que implica una dilución de las jerarquías de lectura clásicas (centro-margen) en pos de direcciones múltiples. Se construyen así discursos más horizontales a partir de diversos retazos, en los que el texto muchas veces funciona como auxiliar, como si sirviera para esclarecer algo que ha sido experimentado primero como imagen.
Hay más información (demasiada, como en la canción de The Police: “Too much information/ running through my brain/ Too much information/ driving me insane”); la clave ya no es su acceso sino la capacidad de jerarquizarla y ordenarla, es decir el filtro. Además, el ciberespacio crea una sensación de proximidad espacio-temporal, como si las clásicas categorías se achicaran, y abre la posibilidad de realizar varias actividades a la vez: hablar por teléfono, mirar la tele, chatear y comer una manzana. Como señala Balardini, la vieja frase de los padres, que por algún motivo Serrat no incluyó en su insoportable canción sobre los hijos, pierde sentido: “No estás prestando atención” ya no significa absolutamente nada.
Brecha digital
Según los últimos datos, la banda ancha llega en Argentina al 40 por ciento de los domicilios, y el acceso de los jóvenes –en sus casas o locutorios– es casi total. Esto significa que la brecha digital no es tal, o al menos no se ha convertido en la fosa que muchos temían a principios de los ’90. Internet se ha democratizado, por los avances tecnológicos pero también –atención anticapitalistas– por el mercado: la superación permanente de la industria del hardware, impulsada por el tecno-snobismo de la clase media, empuja a la baja del precio de las máquinas usadas, fácilmente reciclables para los locutorios o cibercafés de los barrios populares.
Este problema es reemplazado por otro: la calidad en la navegación. Ahora lo crucial no es estar conectado o no. Prácticamente todos los jóvenes lo están, aunque la distancia aumenta entre los adultos, donde sí pesan las diferencias de clase. Ahora lo central es cómo y para qué se usa la red: los jóvenes de clase media –que cuentan con PC en casa, banda ancha, un ambiente cómodo, etc.– tienen más opciones de navegación: participan en comunidades virtuales, crean páginas y blogs, bajan video y música sin que nadie los apure. Las investigaciones revelan que los jóvenes de los sectores populares, que se conectan de manera más precaria, tienen menos posibilidades de interactividad. El Plan Conectar Igualdad puede ser clave para enfrentar estas diferencias.
Algunos impactos políticos
La expansión de las nuevas tecnologías está modificando la política y redefiniendo la democracia. ¿Cómo? Señalemos, antes que nada, dos efectos fácilmente identificables. El primero es tecnocrático: la red permite mejoras de eficiencia y tiempo y abre nuevas oportunidades de gestión, como la posibilidad de hacer trámites en línea, elevar reclamos puntuales a las autoridades e incluso crea instancias –por cierto muy limitadas– de autocontrol comunitario, como el programa lanzado por el gobierno porteño para que los vecinos denuncien con fotos a los infractores.
El segundo efecto son las movilizaciones espontáneas en momentos de crisis. Tras los atentados en España del 11 de marzo de 2004, el gobierno del Partido Popular se apuró a responsabilizar a la ETA, consciente del posible impacto electoral de la noticia en las elecciones que se realizarían tres días después. A las pocas horas, sin embargo, comenzó a circular la versión de que los ataques habían sido cometidos por terroristas islámicos (el gobierno de Aznar había enviado tropas a Medio Oriente). Miles de manifestantes, reunidos espontáneamente mediante cadenas de mensajes de texto y mails, marcharon a la sede del PP para protestar por la versión oficial, que tuvo que ser desmentida y terminó costándole a Rajoy las elecciones.
Otro caso de movilizaciones espontáneas convocadas mediante SMS y mails fue el de Honduras, donde los partidarios de Mel Zelaya organizaron varias manifestaciones en defensa del presidente depuesto. En ambos casos, las nuevas tecnologías contribuyeron a romper el cerco desinformativo.
Pero más allá de las nuevas posibilidades de gestión y convocatoria espontánea, no resulta sencillo analizar los efectos de las nuevas tecnologías en la política. ¿Permitirán acaso acercanos a la utopía de la democracia directa?
En una primera mirada, daría la sensación de que la red puede encoger inmensos territorios hasta convertirlos en pequeñas aldeas suizas y, al hacerlo, concretar el sueño de la decisión colectiva e instantánea de todos los ciudadanos. Pero conviene andar con cuidado. Como sostiene Gilberto Dupas (Nueva Sociedad Nº 196), el bien común, fin último de cualquier democracia, no es nunca la simple suma de los puntos de vista individuales. La democracia exige procesos de deliberación que llevan cierto tiempo y que requieren un desplazamiento de los individuos del espacio privado al espacio público, donde se reconocen libres e iguales y se convierten en ciudadanos. Las nuevas tecnologías pueden ayudar a conectar pero también aislar, reforzar la dispersión. O pueden conectar al individuo social y culturalmente, pero no políticamente. La idea de la plaza publica a un click de distancia es una pavada.
Argentina
El nuevo protagonismo de los jóvenes se nota en las tomas de los colegios y la marcha por la Noche de los Lápices, y por supuesto en el acto en el Luna Park. ¿Emerge una nueva militancia? En notas anteriores señalamos la dificultad del Gobierno para dar cuenta de este fenómeno y profundizarlo mediante políticas específicamente orientadas a la juventud (desde planes de primer empleo hasta programas para enfrentar el drama del embarazo adolescente).
También resulta interesante invertir los términos del razonamiento: los jóvenes de hoy, socializados en las nuevas tecnologías y portadores de las características señaladas al comienzo de esta nota, ¿qué le aportan al kirchnerismo? Alguien diría: ahí está el acto en el Luna Park. Fue impactante, por cierto, por su masividad y su entusiasmo, aunque también es verdad que Hugo Moyano puede hacer uno igual, o más masivo, en dos o tres días. Otro caso interesante es el de la liga de blogueros nac & pop: contracara de Carta Abierta, en cuyas asambleas prevalecen los sesentones setentistas, los blogueros discuten la coyuntura con inteligencia y frescura. La ausencia de militancia virtual de otros partidos confirma que es necesario “algo de política” para sostener este tipo de esfuerzos. ¿O alguien ha visto un blog que defienda las ideas de De Narváez?
Pero no se trata de plantear la militancia clásica versus la militancia virtual (ambas se retroalimentan y los protagonistas probablemente se superpongan), sino de buscar pistas acerca del lugar de la juventud en tiempos de Kirchner. Si en los ’70 la JP radicalizó al movimiento, condicionó al líder y hasta pensó en disputarle la conducción (hasta que fue expulsada de la plaza); si en los ’80 la Coordinadora aggiornó un partido de viejos y lo conectó con las masas universitarias, la pregunta que cabe formularse hoy es por el rol histórico de la juventud. En suma, ¿qué es lo nuevo que le aporta la juventud kirchnerista al kirchnerismo?
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-153825-2010-09-26.html
F.P.
Juventud y política
Esta nota continúa -o responde a- una nota anterior, posteada el 28 de julio pasado en este mismo blog. Allí prometía una respuesta, esta, que finalmente llegó. Fue publicada en el día en el diario Págna/12. La nota fue escrita hace algo más de un mes y más o menos a limón (como dicen los españoles cuando quieren decir “a dúo”) con el amigo Eduardo Rojas. Su vigencia se mantiene, pero a la luz de lo sucedido con la toma de la escuelas, se podría decir más. Queda para la próxima, mientras tanti la comparto con ustedes.
Juventud y política
Hace algunas semanas, el periodista y politólogo José Natanson publicó en este diario una nota en la que arriesgaba una tesis sobre el vínculo entre juventud y política que sería interesante retomar en el contexto de la toma de las escuelas secundarias. De título sugestivo, “Kirchner, Ben Stiller y la juventud como actor político”, la nota comienza con una pequeña genealogía de la juventud, como “un fenómeno de la segunda mitad del siglo XX” surgido de la combinación de factores económicos y sociales que incluyeron acontecimientos políticos de gran trascendencia; paso seguido realiza un recorrido por los hitos más salientes que protagonizó ese nuevo grupo etario, remarcando las diferencias que caracterizan a la juventud de clase media –con la que habitualmente se identifica a los jóvenes– respecto de los sectores más desprotegidos, cuyo ideario y devenir biográfico están más signados por la necesidad de subsistir que por sus expresiones estéticas o políticas. El derrotero desemboca en el actual estado de situación, con vivencias partidas que no logran ser integradas por una política de Estado. Luego, Natanson expone su tesis: la clase política, en este caso el kirchnerismo, “descuida las políticas específicamente orientadas a las ‘dos juventudes’, sus problemas y necesidades”. Aceptando que lo propio del Estado es implementar políticas tendientes a contener las demandas y necesidades de quienes integran este rango etario, independientemente de la extracción social a la que pertenezcan, la nota incurre en un error de concepto que comparte con la corporación política: la consideración que hace de la juventud en cuanto identidad social y su modo sistémico de entender la participación.
La participación de los jóvenes actuales –como el concepto mismo de juventud– ya no puede ser evaluada a la luz de conceptos y categorías que sólo persisten por efecto inercial y no responden a los datos de realidad disponibles. La modernidad del siglo XXI ha cedido su lugar a una nueva cultura, que tiene precisamente en la participación no regulada una de sus alteraciones copernicanas. El desarrollo digital de los últimos 20 años trajo aparejadas prácticas culturales, interacciones, comunicaciones, colectivos y sistemas organizacionales que reformularon significados, interpretaciones, legitimaciones y valores en todas las capas de la sociedad, trastornando el “orden” de las cosas. Estos rasgos de época alcanzan al conjunto de la sociedad, revelando algo que ya estaba anunciado en el acceso –legal o ilegal– a la TV por cable: los sectores marginales no son marginales a la tecnología de la comunicación y, por consiguiente, a la información social, en la misma medida en que lo son económica o políticamente.
La militancia tradicional funcionaba en concomitancia con una idea del poder y con un modo de abordarlo. Ese modelo incluía la formación de cuadros, el disciplinamiento y la postergación personal en pos de fines más nobles, para “ocupar espacios y conquistar el poder”. La juventud actual, a diferencia de aquellos militantes, no disputa espacios tradicionales ni confronta del mismo modo, no está organizando la toma de la Bastilla. Sus diferencias con lo instituido las dirimen de un modo que no es asequible a las anteriores formas del conocimiento social. Quien decida entenderla o interactuar con ella debe tener una gran apertura teórica y práctica, ver en Cumbio algo más que una bloggera.
Quienes conciben el poder como la interacción de conquista, control y defensa no están preparados para la irrupción desestabilizadora del frente acéfalo y multiforme que despliega la avanzada generacional-tecnológica. Esta irrupción tiene una novedad principal: el poder fáctico de transformar en acción potencialmente política una serie de recursos tecnológicos que están al alcance de mucha gente.
El error es pensar que eso no es participación, que sus acciones no conllevan un pronunciamiento. El posteo de Patricio, un joven bloggero rosarino de 23 años, ayuda a comprender: “Hoy los pibes tenemos más voz e interés que los adultos porque somos artífices de la horizontalidad de los mensajes que plantea Internet, las redes sociales, los blogs y demás. Los viejos miran TN. Nosotros vemos en Facebook la opinión de un amigo kirchnerista, de otro radical y así. Leo a Natanson y después un artículo de La Nación que me envió un amigo, y la participación se agranda cada vez más. La web es más democrática que cualquier gobierno. Se terminó la verticalidad del mensaje que era funcional a los intereses políticos de algunos, y que construyó las ideas cerradas de nuestros abuelos. Por eso Clarín no sabe más qué hacer. Y hasta sacó sus propios blogs. Pero eso no sirve, no entiende que hoy la lógica es otra”. Este posteo, más allá del optimismo (o no), indica formas nuevas de pensar y vivir la política, que se resisten a los esquemas analíticos del pasado.
Estas prácticas han perforado la lógica con que hasta ahora se pensaba lo político y le han dado una dimensión diferente. Los jóvenes ingresaron una concepción vital y soleada que contrasta con el dogma, la organización y el sacrificio de los ’70, más propios de la purga religiosa que de la biofilia. Sus intervenciones forman parte de un colectivo multinodal que se resignifica permanentemente, que rechaza las jerarquías tradicionales y se expande en tiempo real de manera imprevisible, sin posibilidades ciertas –al menos por el momento– de ser controlado.
La adhesión política de estos jóvenes ya no es a una ideología, ni a un partido ni a una persona, mucho menos de manera estable; su adhesión, si así pudiera llamarse, en todo caso, es a un entorno que por definición es un proyecto inacabado, pero que expresa una empatía concreta y un horizonte difuso aunque compartido. Lo que Natanson llama “la emergencia de una militancia juvenil kirchnerista”, por ejemplo, no responde a la cohesión demiúrgica de “un liderazgo y un programa”, sino a un ecosistema integrado por elementos dinámicos y disímiles, pero consonantes, que en su variedad y fragmentación logran conformar una puesta en valor y una metáfora de sus deseos. Estos elementos pueden incluir tanto a Capusotto como al Bicentenario, Facebook, Kapanga, Diego Maradona, Los Simpsons, Arbolito, 6-7-8, la Bomba de Tiempo, la blogosfera, el matrimonio igualitario, y componer una especie de ideario que se puede –de hecho ellos lo hacen– proyectar políticamente. Es decir, se constituyen en una suerte de nuevo sujeto político que realiza intervenciones culturales efectivas; esto es: toman partido, suman, contagian, interpelan y producen resultados precisos. Las tomas de escuelas tienen esa lógica, es el efecto de un estado asambleario dinámico enancado en las redes sociales y objetivado de manera efectiva y cohesionada.
El remanido cambio de paradigmas no es otra cosa que la fatiga de un sistema que resiste su capitulación frente a la emergencia de otro que aún no tiene institucionalidad, pero que no está lejos de hallarla, con todas las incomodidades que trae aparejadas para los partidos políticos, la escuela, los sindicatos, la universidad, el mercado y la comunicación. Se requiere mucho esfuerzo de comprensión teórica y práctica, científica y tecnológica, para encontrar un diálogo con esta nueva dimensión política que plantean los jóvenes. La tarea de la cultura es siempre ardua, pero apasionante.
El link: http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-153520-2010-09-21.html
F.P.
Michel Maffesoli comentado
Hace unos días estuvo en Buenos Aires el polémico sociólgo francés, MIchel Maffesoli. El sábado pasado salió en Ñ una entrevista muy jugosa, donde Maffesoli, además de provocar, como hace siempre, deja entrever un optimismo poco frecuente entre los intelectuales de nuestro tiempo. Es muy interesante el modo en que extiende las marcas de la cancha donde juegan los cientistas sociales. ¿Qué jugador se anima a entrar en esa cancha? ¿Se modifican las reglas? ¿Cuáles son esas nuevas reglas?
Estos son algunos destacados del reportaje. Y más abajo algunos comentarios nuestros.
La modernidad I:
“la intelligentsia política, periodística y universitaria continúa hablando de modernidad para describir el período en el que vivimos. Soy de los que creen que estamos en la posmodernidad dado que tenemos toda una serie de valores que ya no son los que imperaron durante la modernidad. Pero el problema es que siempre hay un desfasaje entre lo que se vive y lo que se piensa y lo que se nombra. Hay que tener en cuenta que el nombre mismo de modernidad apareció recién en 1848: fue Charles Baudelaire justamente quien lo utilizó para nombrar lo que estaba ocurriendo. Hasta entonces, solamente se hablaba de posmedievalismo: lo que venía después de la Edad Media. Y no es sino hasta la mitad del siglo XIX que va a empezar a hablarse de modernidad para nombrar lo que se vivía.”
La modernidad II:
“Hay tres grandes valores modernos: el trabajo –que se convierte en el imperativo esencial, aquello a través de lo cual hay una realización de cada individuo. Segundo, la razón como único elemento que caracteriza tanto al individuo como a la sociedad. Y tercero, el futuro: la fe en el porvenir.”
[Comentario: sería interesante hacer el ejercicio de trasladar esos rasgos a la actualidad y ver qué da. Buscar cuáles son los emergentes epocales de nuestro presente.]
La posmodernidad I:
“[La] posmodernidad ya no gira en torno del trabajo sino de la creación: hacer de la propia vida una obra de arte, poner el acento en lo cualitativo de la existencia, la dimensión un poco hedonista. En segundo lugar, ya no la razón como simple vector por el cual uno se piensa a sí mismo y la sociedad también, sino la imaginación, lo imaginario y en tercer lugar, el presente dado que en términos de temporalidad ya no se vive más el futuro, el carpe diem, diría incluso: presenteísmo. Eso es, dicho de una manera muy simple: lo que se abandona –trabajo, razón, futuro– que es oficial, en las instituciones oficiales.”
[Comentario: Ese rasgo ¿no es más un síntoma de Europa que de época?]
La política actual:
“Lo político no funciona más. Ni izquierda ni derecha. Yo digo ‘lo’ político porque lo propio de lo político es proyectivo, está orientado hacia el futuro. Y estas jóvenes generaciones no adhieren, no se identifican más con los grandes valores futuristas. Se concentran en el presente.”
[Comentario: La idea que había del presente se volvió mucho más próxima. Cuando Maffesoli dice que la idea de futuro ya no moviliza las energías que movilizó durante la modernidad; lo dice suponiendo que él, en París, y nosotros en Argentina, habitamos un mismo presente. Además de nos ser así, se contradice, porque cuando dice que Sudamérica y Oriente son “los laboratorios de la posmodernidad”, los está diferenciando.
El presente, dice Maffesoli, se ha vuelto importante como en otro momento lo fue el futuro. Pero parte de una valoración de la experiencia vivencial del presente que es, por lo menos, dudosa, como cuando habla de “hacer de la propia vida una obra de arte, poner el acento en lo cualitativo de la existencia, la dimensión un poco hedonista”. En esa Sudamérica que él ve como un laboratorio, ¿el presente se ve de esa manera?]
Fernando Peirone
Un par de preguntas
El uso del celular aún no cumplió treinta años. El primer teléfono móvil ingresó al mercado el 13 de junio de 1983. Desde los primeros ladrillos hasta el actual Iphone, sólo pasaron 26 años. Sin embargo, aquello que comenzó siendo un lujo para uso exclusivo de funcionarios y empresarios yuppies, hoy se ha extendido a más de un tercio de la población mundial. Esto quiere decir que más de 2200 millones de personas llevan encima un celular durante las 24 horas del día.
El par de preguntas:
Más allá de las conjeturas personales que podríamos hacer a partir de la propia experiencia, o de lo que podemos imaginar con datos tan reveladores, sería bueno saber ¿qué cambios, que aún nos resultan inconmensurables, se habrán producido en el mundo a partir de una comunicación potenciada por el uso tan extendido del celular?, esto es: ¿cuáles serán las derivaciones cualitativas –más que cuantitativas– que habrá propiciado una comunicación tan fluida?, ¿habrá mejoras, no sólo en los modos, sino en los atributos, por caso, de la cultura, el comercio y la política?, ¿de qué índole?
Fernando Peirone
Pensando el mundo que viene
Como hemos dicho, Jengibre estuvo asistiendo al Congreso Internacional Wikimania 09, y después de presenciar algunas de las ponencias resulta llamativo (cuando no encantador) la convicción con que el mundo Wiki está discutiendo los modos de una nueva cultura. Es una práctica en la que nadie hace alarde de lo que está protagonizando, como si llegaran a eso como parte de una lógica factual que ya no debería sorprender. Esta práctica conlleva una dimensión política que, si bien se asume con conciencia preclara, no es incorporada al discurso, al menos no en los términos que hasta ahora se entendía lo político.
Digo esto porque durante las tres jornadas he descubierto que los “wikimaníacos” dan por sentado –sin aspavientos, pero también sin cortapisas– que la cultura enciclopédica se ha agotado, cosa que me parece tan inquietante como admirable. Por ejemplo, cuando se discute el modo de cargar contenidos, prescindiendo de las firmas (como establece el código Wiki), o prescindiendo de los planes de estudio de un país o de una universidad (en el caso de wikilibros), parten de un modelo social de convivencia, donde lo cosmopolita, lo democrático y la tolerancia son las moneda de cambio, la base sobre la que se interactúa; allí no importan las procedencias ni las creencias, ni lo que estás estudiando, nada, lo único que importa es lo que se está construyendo, que no es otra cosa que un bien común, porque en el mundo Wiki nadie construye sólo para sí, es más, en general se construye para los demás.
En Wikimania se piensa adelantándose al tiempo, como cuando se debate sobre las mejoras posibles para wikidia (para los chicos), que en la práctica funciona como una plataforma social, como un gran simulador de vuelo para que los niños vayan ensayando los modos y las potencialidades del mundo que viene. Sin que nadie lo pida, hay gente que asume lo que la escuela, que tiene la cintura ancha y lenta de cualquier institución decimonónica, no ha podido pensar ni responder: las prácticas-respuestas para un mundo que, como dice Peter Sloterdijk, ha traído el futuro hacia el presente, sólo que de un modo invisible.
Esto de que estoy hablando lo pude ver, por ejemplo, en las ponencias de Pedro Sánchez (de México) hablando sobre “Los Wikis y las matemáticas” o en la de Lila Pagola (de Villa María, Argentina) sobre “La generación Google y las estrategias docentes”. Lila expuso sobre la necesidad de mejorar las Competencias para el Manejo de la Información, no sólo entre los docentes (que no son nativos digitales) sino entre los alumnos, que aún teniendo acceso al universo digital, no incursionan en –por ejemplo– el mundo Wiki; estas competencias son completamente diferentes a las del viejo mundo (el de hace 15 años atrás, cuando un libro sólo se compraba o se conseguía en la biblioteca), no entenderlas es dar ventaja, es habitar un mundo ptolomeico, convencidos de que somos el centro del universo, mientras Copérnico ya se pronunció y está próximo a hablar Galileo. Pagola, sobre el final, fue más allá y dijo más o menos lo siguiente: la escuela ya no es el lugar del conocimiento, hoy la mayoría del conocimiento está y circula por afuera de la escuela; lo que debe hacer la escuela ahora, es ingresarlo al interior de la escuela sin pretender acapararlo ni administrarlo; debe, en todo caso, garantizar las condiciones para su circulación. Eso, en países como el nuestro, no es una práctica menor, porque habilita el mundo que viene a un sector social que, de otro modo, no tendría chances y estaría condenado a mirarlo desde afuera, sin siquiera la posibilidad de entenderlo. De allí la importancia de implementar políticas educativas con una clara conciencia social, que lleve a la educación pública lo que hasta ahora fue un privilegio de la educación privada. En la periferia del mundo, el país que no logre hacer esta jugada a tiempo es probable que quede ubicado en la parte incómoda de una nueva división política mundial, y con él los ciudadanos que por sus propios medios no puedan acceder.
Fernando Peirone
Macaca Day (en inglés)
En la misma líneas que el post anterior, Fabián nos recomienda esta nota del The Huffington Post donde Dan Manatt rastrea el insoslayable vínculo que existe entre la política y las nuevas tecnologías, con una particular referencia sobre el “Día Macaca”, cuando se produce el primer caso famoso de YouTube y el vídeo digital como una herramienta crucial para la democracia.
El que no lea inglés pueda ayudarse con el traductor de google, que zafa.
F.P.
Logo oficial del Partido Pirata (Piratpartiet) de Suecia, que sacó el 7,1% de los votos en las últimas eleccione europeas y ya tiene un escaño en el parlamento de la comunidad. Unos pata de palo que se las traen…
F.P.
Piratas en busca del poder
Desde hace tiempo, en jengibre, venimos invitando a nuestros lectores a traducir al idioma político los fenómenos sociales que se configuran alrededor de las nuevas tecnologías. Esta nota de Eduardo Febbro habla sobre este fenómeno y sobre el caso de “los partidos piratas”, un ejemplo que sirve para proyectar los modos posibles de una realidad cada vez más contundente; sino cómo se explica que “los piratas” tengan una bandera oficial, una ruta de navegación universal, una plataforma electoral sólida y, desde hace dos meses, un escaño en el Parlamento Europeo.
F.P.
El 50 por ciento de Jengibre está en Noruega. Siguiendo con el post de Fernando y la nota de Pola en Radar, podemos decir efectivamente que las nuevas tecnologías están ineludiblemente vinculadas a las nuevas formas de hacer política local y global.
Este lunes 22 de Junio, cruzando el Palacio Real y frente a las escalinatas de la cancillería del Reino, se dieron cita un conjunto variopinto de opositores al régimen de Ali Khamenei, el líder supremo, y de su delfín, Mahmoud Ahmadinejad. El grupo de algunos cientos de personas estaba conformado por iraníes, iraníes-noruegos, noruegos-iraníes, noruegos, curiosos y turistas. Si bien todos coincidían en repudiar el fraude electoral, las motivaciones y grupos de origen era de por más diversas. Demócratas, liberales, miembros del PC iraní, nostálgicos del régimen del Sha Mohammad Reza Pahlavi -si el mismo impuesto vía los oficios de CIA americana y el MI6 británico luego del coup d’etat en 1953 contra Mossadeq- interactuaban con defensores de Mousavi, y hasta un grupo de iraníes secesionistas kurdos que luchan por la creación de un Estado independiente conformado por pedazos contiguos de las naciones de Irak , Irán, Siria, y Turquía. Sin embargo todos estos vectores de sentido coincidían en un par de puntos.
Como es de esperar los conocimientos que Jengibre tiene del Farsi son nulos, y del Noruego francamente insuficientes. Sin embargo a los largo de al menos tres discursos había una serie de palabras que todos pudimos reconocer: Twitter, You Tube, Facebook y Flickr. Más o menos en forma descendiente de importancia. Dada la edad promedio de los asistentes, las referencias son entendibles. Diana y sus amigas (ver foto) se llevan evidentemente mejor con sus celulares que con las apelaciones a un modo clásico de sujeción a las normas islámicas.
Si bien es cierto que al parecer Twitter se las trae, quizás estemos aún en una etapa de inflación. Bill Maher, cómico estadounidense que aparece por HBO, señalo no estar muy seguro si Twitter salvó a Irán o Irán salvo a Twitter. Después de todo el usuario promedio americano si se le pregunta qué es Irán, probablemente responda “¿el nuevo sistema para hacer jogging de Apple?” (no se si traduce bien el chiste de, nuevamente Bill Maher, pero fíjense). De todos modos quizás el valor de Twitter no sean sus posteos individuales, de apenas un poco más de 100 caracteres, sino el peso del conjunto, la creación de una tendencia, la autorregulación de los contenidos, la “sabiduría de las multitudes” para utilizar un término en boga.
¿Twister está aquí para quedarse? ¿O se trata de una herramienta gratuita sin modelo de negocio que crece sin saber hacia donde, mientras es utilizada como medios para otros fines? Veremos, y el plural acá es literal y performativo.
Fabián Mosenson