Esta figura pertenece al blog Rizomática, el “Blog personal de opinión y reflexión sobre la Red-Mundo” de José López Ponce. El bloggero, utiliza la figura de “la nube” para representar el carácter rizomático de la organización que promueve el movimiento español 15-M. El “equívoco” obviamente no es casual. La correspondencia que guarda la grafía de la raíz rizomática con “la nube”, no sólo es elocuente: es un modelo de funcionamiento que Ponce adopta para representar una dimensión social. El “modelo” contiene no sólo una intencionalidad política, contiene una estrategia. El movimiento 15M, dice Ponce, “desconcierta a la mayoría de los analistas y políticos. Les cuesta entender, no comprenden”. Esa es precisamente la estrategia: desorientar. Pero hay algo más: es la lógica de una nuevo concepto político.
El link al blog: http://www.rizomatica.net/el-movimiento-15m-un-modelo-rizomatico-de-organizacion/
F. P.
Mundo nuevo Mundo viejo
El sábado pasado apareció en el suplemento Radar del diario Página/12 una nota excelente del escritor y bloggero Hernán Casciari, que también se puede encontrar en la página web de la editorial Orsai. Hace poco, aún cuando nos tiene acostumbrado a sorprendernos gratamente con su desparpajo y su creatividad, nos volvió a sorprender con su conferencia Cómo matar al intermediario en TEDx Río de la Plata, con un discurso autobiográfico que nos resultó tan inquietante como interpelador. Reproducimos a continuación la nota de Página/12 con algunos subrayados hechos por Jengibre con el propósito de destacar dos cosas: 1) la existencia simultánea de dos mundos (uno nuevo y uno viejo) que conviven y se superponen; 2) el procedimiento que Hernán marca en relación al mundo editorial es perfectamente coincidente con el nuevo procedimiento político: avanzar sin confrontar porque el mundo viejo está gagá y se cae solo, por su propio peso. Con ustedes el texto:
Piratas y Tiburones
El contador de suscripciones anuales a la nueva revista Orsai acaba de llegar a mil. En nueve días, y sin noticias sobre los contenidos o la cantidad de páginas, mil lectores ya compraron las seis revistas del año próximo. Y eso que todos saben que habrá una versión en pdf, gratuita, el mismo día que cada revista llegue a sus casas. Repito: acabamos de vender seis mil revistas. Seiscientas sesenta y cinco por día. Veintiocho por hora.
Al mismo tiempo, una escritora española acaba de informar que dejará de publicar. “Dado que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio que no voy a volver a publicar libros”, dijo ayer Lucía Etxebarría. La prensa tradicional se hizo eco de sus palabras y la industria editorial la arropó: “Pobrecita, miren lo que Internet les está haciendo a los autores”.
A nosotros nos ocurre lo mismo. Durante 2011 editamos cuatro revistas Orsai. Vendimos una media de siete mil ejemplares de cada una, y con ese dinero les pagamos (extremadamente bien) a todos los autores. Los pdf gratuitos de esas cuatro ediciones alcanzaron las seiscientas mil descargas o visualizaciones en Internet.
Vendimos siete mil, se descargaron seiscientas mil.
Si los casos de Lucía Etxebarría y de Orsai son idénticos, y ocurren en el mismo mercado cultural, ¿por qué a nosotros nos causan alegría esos números y a ella le provocan desazón?
La respuesta, quizá, es que se trata del mismo mercado pero no del mismo mundo.
Existe, cada vez más, un mundo flamante en el que el número de descargas virtuales y el número de ventas físicas se suma; sus autores dicen: “qué bueno, cuánta gente me lee”. Pero todavía pervive un mundo viejo en el que ambas cifras se restan; sus autores dicen: “qué espanto, cuánta gente no me compra”.
El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.
El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.
Dicho de otro modo: no es responsabilidad de los lectores que no pagan que Lucía sea pobre, sino del modo en que sus editores reparten las ganancias de los lectores que sí pagan. Mundo viejo, mundo nuevo. Hace un par de semanas viví un caso muy clarito de lo que ocurre cuando estos dos mundos se cruzan. Se lo voy a contar a Lucía, y a ustedes, porque es divertido:
me llama por teléfono una editora de Alfaguara (Grupo Santillana, Madrid); me dice que están preparando una Antología de la Crónica Latinoamericana Actual. Y que quieren un cuento mío que aparece en mi último libro, “un cuento que se llama tal y tal, que nos gusta mucho”.
Le digo que por supuesto, que agarre el cuento que quiera. Me dice que me enviará un mail para solicitar la autorización formal. Le digo que bueno.
A la semana me llega el mail, con un archivo adjunto:
“Estimado Hernán, te explico lo que te adelanté por teléfono: Alfaguara editará próximamente una antología de bla bla bla cuya selección y prólogo está a cargo de Fulanito de Tal. El ha querido incluir tu cuento Equis. Si estás de acuerdo con el contrato que te adjunto, envíame dos copias en papel con todas las páginas firmadas a la siguiente dirección” (y pone la dirección de Prisa Ediciones, Alfaguara).
Abro el archivo adjunto, leo el contrato. Me fascina la lectura de contratos del mundo viejo. No se molestan en lo más mínimo en disfrazar sus corbatas.
Al cuento que me piden lo llaman “La aportación”. En la cláusula 4 dice que “el editor podrá efectuar cuantas ediciones estime convenientes hasta un máximo de cien mil (100.000)”. En la cláusula 5, ponen: “Como remuneración por la cesión de derechos de ‘La aportación’, el editor abonará al autor cien euros (¿100?) brutos, sobre la que se girarán los impuestos y se practicarán las retenciones que correspondan”.
Pensé en los otros autores que componen la antología, los que seguramente sí firman contratos así. Cien euros menos impuestos y retenciones son sesenta y tres euros, y a eso hay que quitarle el quince por ciento que se lleva el agente o representante (todos tienen uno), o sea que al autor le quedan cincuenta y tres euros limpios. No importa que la editorial venda dos mil libros o cien mil libros. El autor siempre se llevará cincuenta y tres euros. ¿Firmará Lucía Etxebarría contratos así?
Esa misma tarde le respondí el mail a la editora de Alfaguara:
“Hola Laura, el cuento que querés aparece en mi último libro, que se distribuye bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported, que es la más generosa. Es decir, podés compartir, copiar, distribuir, ejecutar, hacer obras derivadas e incluso usos comerciales de cualquiera de los cuentos, siempre que digas quién es el autor. Te regalo el texto para que hagas con él lo que quieras, y que sirva este mail como comprobante. Pero no puedo firmar esa porquería legal espantosa. Un beso.”
La respuesta llegó unos días después; ya no era ella la que me hablaba, sino otra persona:
“Hernán: entendemos esto, pero el departamento legal necesita que firmes el contrato para que no tengamos problemas en el futuro. ¡Saludos!”
Y ya no respondí más nada. ¿Para qué seguir la cadena de mails?
La anécdota es esa, no es gran cosa. Pero quiero decir, al narrarla, que no hay que luchar contra el mundo viejo, ni siquiera hay que debatir con él. Hay que dejarlo morir en paz, sin molestarlo. No tenemos que ver al mundo viejo como aquel padre castrador que fue en sus buenos tiempos, sino como un abuelito con Alzheimer.
–¿Me das eso? –dice el abuelito.
–Sí, abuelo, tomá.
–No, así no. Firmame este papel donde decís que me das eso y yo a cambio te escupo.
–No hace falta, abuelo, te lo doy. Es gratis.
–¡Necesito que me firmes este papel, no lo puedo aceptar gratis!
–¿Pero por qué, abuelo?
–Porque si no te cago de alguna manera, no soy feliz.
–Bueno, abuelo, otro día hablamos… Te quiero mucho.
Y de verdad lo queremos mucho al abuelo. Hace veinte, treinta años, ese hombre que ahora está gagá, nos enseñó a leer, puso libros hermosos en nuestras manos.
No hay que debatir con él, porque gastaríamos energía en el lugar incorrecto. Hay que usar esa energía para hacer libros y revistas de otra manera; hay que volver a apasionarse con leer y escribir; hay que defender a muerte la cultura para que no esté en manos de abuelos gagá. Pero no hay que perder el tiempo luchando contra el abuelo. Tenemos que hablar únicamente con nuestros lectores.
Lucía: tenés un montón de lectores. Sos una escritora con suerte. El demonio no son tus lectores; ni los que compran tus novelas ni los que se descargan tus historias de la red.
No hay demonios, en realidad. Lo que hay son dos mundos. Dos maneras diferentes de hacer las cosas.
Está en vos, en nosotros, en cada autor, seguir firmando contratos absurdos con viejos dementes, o empezar a escribir una historia nueva y que la pueda leer todo el mundo.
El link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7594-2012-01-02.html
F.P.
¿Qué es la Política 2.0?
Como hemos referido en algunos post anteriores, la nota que Página/12 le publicara a Gerardo Adrogué, cuyo título es Los malentendidos de la Política 2.0, nos llevó a reflexionar acerca del alcance de las nuevas tecnologías en política; más aún, fue una sana interpelación a algunas ideas y conceptos que venimos trabajando en este blog desde hace más de dos años, por lo cual nos sirvió para poner a prueba lo que pensamos. A continuación el texto completo de la nota que salió en Página/12 a modo de respuesta:
Sobre los malentendidos de la política 2.0
A casi dos años de haber ingresado en la segunda década del siglo XXI, podemos decir que brecha digital no es igual a brecha económica. Sostener la homologación de estos dos elementos de análisis es desconocer que la brecha digital es cada vez menos económica que mental. De allí que el manejo de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) que en Argentina está entre los más altos de Iberoamérica no guarde una relación directa con la cantidad de hogares que tienen computadora e internet, sino con el nivel de acceso y manejo de cierto capital cultural. Es decir, si bien la conectividad puede servir para expresar cierto standard de vida, no es una variable de hierro para establecer niveles de inclusión. Lo mismo ocurre con la PC. Hoy, pensar el acceso a la PC como una variable de inclusión, es como haber supuesto en el boom de la industria liviana que la radio o la televisión iban a definir pertenencias de clase. La accesibilidad tiende a resolverse fácticamente, con celulares y netbooks cada vez más económicos. Mucho más cuando las políticas de Estado (nacionales, provinciales, incluso municipales) marchan hacia una inclusión digital que, lejos de estancarse, iguala las oportunidades de los diferentes sectores sociales.
Tomemos el ejemplo del celular. El celular, que era un artículo de lujo en los ‘90, ha dejado de ser excluyente para la inmensa mayoría; hoy sólo el 10 por ciento de la población mundial no usa celular. Pero hay un dato aún más significativo: los últimos 20 años conformaron un proceso de alfabetización digital que le permitió a un número todavía creciente de personas interactuar y producir contenidos. Pensémoslo en perspectiva: si hoy somos 2 mil millones de personas [inter]conectadas en el mundo, en menos de cinco años ese número lejos de estancarse habrá aumentado exponencialmente, incluyendo la producción y la interacción de gente que no provendrá precisamente de Europa, América del Norte o Japón, sino de China, India y Sudamérica. Podríamos decir entonces que mientras en “la lógica del capitalismo” las telefónicas y las fábricas de celulares aumentan su poderío económico, en la lógica social aumenta la capacidad de interacción e intervención de muchos con muchos, y por lo tanto una cierta autonomía como un renovado poder contracultural. Hace ya bastante tiempo, por ejemplo, que diferentes comunidades de pescadores del mundo han incorporado el SMS para consensuar cotizaciones que cuando atracan en los puertos les permiten negociaciones más ventajosas. Algo parecido ocurre con sectores populares de Perú que mediante SMS acceden a información fiable y necesaria para decidir sus compras frente a la rapacidad corporativa de los supermercados. ¿No son estos ejemplos la demostración de una fortaleza colectiva que se apoya en las TIC? ¿La incorporación de ese instrumental no tiene una dimensión política? ¿Eso que con descrédito suelen llamar Política 2.0 no abrió acaso el camino de la crítica global que hoy llevan adelante los “indignados” en el mundo entero? Si alguna conclusión podemos sacar es que las TIC, antes que un fenómeno tecnológico, demostraron ser plataformas de socialización y de construcción cooperativa de conocimiento. ¿Es disparatado pensar que esa cultura colaborativa pueda generar su propio dispositivo de poder como en su momento lo hizo el modelo ilustrado? Aunque intrépida, no es una pregunta inoportuna en el contexto de una crisis del capitalismo —y de los sistemas políticos— como la que atravesamos. Los medios de producción que en el capitalismo industrial se sostenían en el paradigma energético, en la actualidad han ingresado en una fase crítica bajo el paradigma del conocimiento. Esto, que algunos teóricos llaman “capitalismo cognitivo” está modificando las relaciones de fuerza de los actores que intervienen en el proceso de producción y está produciendo mutaciones históricas. Los trabajadores son cada vez menos piezas reemplazables de una cadena de producción, como lo fueron durante el taylorismo y el fordismo; lo cual ha puesto en marcha un proceso de reapropiación de los medios de producción y una revaloración de lo que Eduardo Rojas llama el “saber obrero”. No es lo mismo el tipo de oposición (física) que se le presentaba al capitalismo industrial, que el tipo de oposición (intelectual) que se le presenta al capitalismo actual. Antes los obreros se resistían a la explotación, ahora —sobre todo los jóvenes— se preservan de la alienación. Lo mismo ocurre en el campo de la política, con jóvenes que interpelan viejas prácticas y recusan las alternativas de “participación” que les ofrecen los partidos. Occupy Wall Street, el 15-M de España y la Primavera Arabe, rechazando toda filiación, jerarquía o liderazgo, forman parte de esta movida. Y aunque aún no logren componer una alternativa, porque en la actualidad tienen más poder desestabilizador que instituyente, manifiestan un descontento estructural que más temprano que tarde habrá de (re)presentar una alternativa efectiva.
Por todo esto, aun cuando la matriz moderna nos condicione la percepción, asistimos a la evidente irrupción de una nueva esfera pública y a un nuevo concepto de lo político. Medir esta mutación, como se suele hacer, por la efectividad revolucionaria de Facebook o por los seguidores de Obama en Twitter, es una simplificación, cuando no una descalificación, más cerca del prejuicio y el desconocimiento que de un censo de lo real, en el sentido que Hannah Arendt concebía a lo real, como la aparición y el registro del otro.
El link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-180678-2011-11-07.html
F.P
La mal llamada "Política 2.0"
Comparto con ustedes una nota mía que en el día de ayer publicó Página/12 sobre la mal llamada “Política 2.0”. La nota fue en respuesta a una nota que hace algo más de un mes el diario le había publicado a Gerardo Adrogué y que se llamaba “Los malentendidos de la Política 2.0”. La mía, pues, es “Sobre los malentendidos de la política 2.0”.
Este es el link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-180678-2011-11-07.html
F.P.
Sobre los mal entendidos de la Política 2.0
Hace unos días, apareció en el diario Página/12 una nota del sociólogo Gerardo Adrogué en la que habla sobre “Los malentendidos de la Política 2.0”. Compartimos con nuestros lectores el link a la nota y un par de comentarios ad hoc:
Comentario 1:
Adrogué sostiene que uno de los malentendidos que se ha generado en torno a las TIC es la idea de que hay un nuevo y mejor tipo de participación política. Más aún dice que quien así lo crea incurre en un grave error. Pero quien tal vez quien incurra en un error –no grave, por cierto– sea el propio Adrogué, al realizar una aseveración tan arriesgada. Sobre todo si aceptamos que estamos frente a un proceso social que ha encontrado en las nuevas tecnologías una herramienta de implicación y una oportunidad de consensuar criterios que hasta no hace mucho estaba completamente desbalanceado a favor de quienes producían información y contenidos corporativos y en contra de ese tumulto informe de biografías que se acumulaban en los rubros consumidores, votantes, espectadores, audiencia, usuarios y trabajadores. En ese proceso las nuevas tecnologías, o lo que Adrogué cree que es la Política 2.0, no es un fin, ni siquiera un medio, sino canales que facilitan la expresión de una nueva cosmovisión donde la política, entre otras instituciones de la modernidad, están fuertemente interpeladas. Confundir la política 2.0 con el aprovechamiento que astutamente hizo Obama de las TIC, o con la discutible potencia revolucionaria de Facebook y Twitter es una simplificación, cuando no en una descalificación, más cerca del prejuicio y el desconocimiento que de un censo de lo real, en el sentido que planteaba Hannah Arendt, como la aparición y el registro del otro.
Comentario 2:
No se puede hablar de estancamiento digital si se tiene en cuenta que a fines de 2012 debido a diferentes programas nacionales y provinciales habrá casi 4 millones de computadoras en manos de adolescentes que habrán incorporado lenguajes y lógicas relacionales que darán cuenta de su potencial en un lustro. A esta altura, pensar a la conectividad como una variable de inclusión es como haber supuesto que el cine, la radio o la televisión iban a definir pertenencias de clase.
Link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-177645-2011-09-27.html
F.P.
Sin líderes visibles, la protesta de Wall Street se organiza y cobra forma
NUEVA YORK — Cuando empezaron hace más de dos semanas, los manifestantes que querían ‘ocupar’ Wall Street no sabían muy bien qué pasaría, aunque desde entonces han recibido donaciones por 35.000 dólares y poco a poco surge una organización, a pesar del rechazo a cualquier tipo de liderazgo.
La convocatoria para acampar frente a la Bolsa de Nueva York fue lanzada a través de internet por la organización anticonsumista Adbusters -fundada en 1989 en Vancouver (oeste de Canadá) y que publica la revista del mismo nombre- y grupos de izquierda.
Sin embargo, el colectivo denominado ‘Occupy Wall Street’ asegura tener vida autónoma y rechaza hoy en día toda filiación, jerarquía o liderazgo.
“No estamos afiliados con Adbusters, Anónimos (otro grupo anarquista) ni ninguna otra organización”, proclama el sitio ‘www.occupywallst.org’, la vidriera en la ‘web’ de la protesta contra el corporativismo y la codicia del sector financiero estadounidense en Nueva York.
En Liberty Plaza, el lugar donde los manifestantes acampan desde el pasado 17 de septiembre a 300 metros de Wall Street, la pregunta sobre quiénes están a cargo de la protesta encuentra siempre la misma respuesta.
“No hay jefe. Cada puesto se organiza por sí mismo”, dice por ejemplo Brendan de pie junto al improvisado “Media Center” donde unos chicos trabajan con sus ordenadores cargando material en el sitio ‘web’.
Victoria Sobel, de 21 años y estudiante de arte en The Cooper Union -institución situada en Manhattan- integra desde hace unos días el comité financiero de ‘Occupy Wall Street’.
“Somos cinco, seis personas, más dos auditores que van a sumarse”, explica a AFP esta enérgica chica al referirse al grupo de personas ocupado de manejar las cuentas de los manifestantes, mucho de ellos de tendencia anarquista.
“Al principio teníamos una cuenta individual, de la persona que se ocupaba de la comida, porque no sabíamos cuán grande iba a ser. Pero la gente es muy generosa y si bien las donaciones eran sólo para comida, llegamos a 10.000 dólares y nos dimos cuenta que no podíamos seguir así”, cuenta.
El flujo de donaciones y la necesidad de utilizarlas no sólo para comida sino para otros insumos (frazadas, gas para los generadores), así como el hecho de requerir una contabilidad transparente, forzó a los manifestantes a tener que abrir una cuenta bancaria como organización sin fines de lucro.
Pero dado la falta de estructura con la que comenzaron, eso no fue tan sencillo y recién se logró en los últimos días gracias a la ayuda de quienes preparan la ‘ocupación’ de Washington, más experimentados, y otra organización sin fines de lucro, relata Victoria sentada junto a una caja registradora y unos cuadernos y carpetas donde anota los ingresos y gastos.
Al día de hoy, ‘Occupy Wall Street’ ha recibido donaciones por 35.000 dólares, de los cuales han gastado unos 8.000.
“Las donaciones que han llegado a nosotros a través de los fondos generales son de probablemente unos 35.000 dólares. Tenemos cerca de 27.000. No hemos usado mucho”, señala.
Según el sistema aplicado por los manifestantes hasta ahora, los diferentes grupos (cocina, seguridad, limpieza, medios, etc) puede utilizar hasta 100 dólares sin tener que pasar el filtro de la asamblea general. Todo gasto superior necesita la aprobación de esa instancia.
En el puesto donde se reparte la comida, Claire Lebowitz, una actriz de 28 años de Brooklyn explica que “la major parte de los alimentos la trae la gente” y sólo se compra “leche, azúcar” y algún otro insumo de primera necesidad.
En efecto, las improvisadas mesas aparecen repletas de ensaladas, tortas, arroz: “la gente compra cosas, viene y las dona. Toda la comida es donada”, cuenta esta chica que se sumó a la protesta a mediados de la semana pasada.
Como Bredan, Claire reitera casi en forma mecánica el leitmotiv de que “nadie está a cargo”.
De su lado, y al ser consultada sobre la participación de Adbusters, Victoria presenta su versión: “Tenemos su solidaridad, pero no están aquí”, dice.
F.P.