Las redes sociales, la política y las ciencias sociales
Esta es la versión original de la nota aparecida el viernes 1º de julio de 2011 en la Revista Ñ, bajo el título “Ciudadanos hiperconectados”. Título original: “El 15-M, las redes sociales, la política y las ciencias sociales”
Ciudanos Hiperconectados
No existe un fenómeno social que genere tanta incertidumbre, tantas aventuras intelectuales y tantas contradicciones como las redes sociales. Su vertiginoso crecimiento, su versatilidad y su insoslayable presencia pública parecen haber conminado el pronunciamiento –la mayoría de las veces apresurado y categórico, cuando no prejuicioso– de comunicólogos y consultores políticos hasta pedagogos, periodistas y filósofos. Se repite hasta el cansancio que Facebook es el tercer país más grande del mundo después de China y la India (en la actualidad supera los 600 millones de usuarios); que Twitter puede derrocar gobiernos mientras otros dicen que “la revolución no será twitteada”; que con casi 160 millones de blogs emitiendo noticias se ha terminado el periodismo y se perdió de vista la verdad; que no se puede tener tantos amigos sin conocerles la cara; que internet es el opio de los pueblos, etc. Pero sin certezas, las dudas, la inmediatez, el entusiasmo y los miedos terminaron por reavivar un nuevo round entre apocalípticos e integrados. De un lado los tecnofóbicos que confirman sus presagios decadentistas con cada nuevo gadget que sale al mercado, y del otro los apologistas e ingenuos que celebran acríticamente y corren detrás de las invenciones del “cerebro digital planetario” como quien persigue los designios de un demiurgo. Ahora bien, ¿cómo abordar una manifestación social cuya contemporaneidad y extensión la convierten en una trampa a la medida de todo tipo intrigas? ¿Cómo superar el asombro, los prejuicios y el anecdotario para pasar a pensar la “naturaleza” de las redes sociales y los fenómenos epocales que se producen alrededor de las Nuevas Tecnologías?
Un buen modo de empezar sería reconocer lo que de propio hay en ese acontecimiento, admitir que no se trata de una irrupción marciana y que si bien no podemos ser optimistas sin cierta cuota de intrepidez, tampoco podemos sostener el credo heideggeriano que ve en el pensamiento técnico un irrefrenable alejamiento del Ser y un peligro para el pensamiento reflexivo, porque sería caer en simplificaciones –a esta altura– irresponsables. El cruce de palabra, imagen y velocidad que produjo el siglo XX ha sofisticado las comunicaciones tanto como el modo en que nos relacionamos con el mundo; desde el automóvil y el cine hasta la televisión y la banda ancha hay un complejo proceso de asimilación social que se desagrega en los modos de nuestro presente. La vida cotidiana está atravesada por ese devenir, y por más que pueda parecer un proceso ajeno a nuestras vivencias, todos fuimos parte de su desarrollo. ¿O acaso no es posible ver en la lógica instantánea, intersticial y discontinua del zapping una versión electrónica del shopping, y un antecedente de los múltiples procesos concurrentes que intervienen cuando navegamos por internet?, ¿no son los juegos online y las redes sociales una virtualización de la vida pública que se perdió primero con la urbanización y después con la modernidad tardía? Dicho esto, podríamos decir que, a pesar de su nombre, las Nuevas Tecnologías son un fenómeno social antes que tecnológico, como habitualmente se las referencia.
Mundo extenso
La sociedad capitalista y la globalización contaron con sus propios dispositivos tecnológicos. Sin embargo, hay una diferencia que distancia considerablemente el carácter de estos dos dispositivos. Mientras que en la revolución industrial la máquina a vapor estaba en manos de los capitalistas que esclavizaban a los obreros del siglo XIX, en la era digital, la computadora personal e internet, al alcance de muchos, aumentaron la capacidad de actuar y de comunicar de los ciudadanos de a pie. El acceso masivo a este instrumental, echó a andar volúmenes de información sin antecedentes, capaces de sortear límites que hasta no hace mucho eran la garantía de regímenes de gobierno totalitarios que lograban mantener en el aislamiento a poblaciones enteras. Gran parte de las ciencias sociales, sin embargo, se resiste a ver en la cultura participativa algo más que la corrosión de economías digitalizables, la generación de bienes intangibles, o un relativo empoderamiento de los consumidores. Está muy lejos de ser, dicen, un poder contrahegemónico que genere iniciativa política y presente una alternativa real frente a la globalización y el neoliberalismo. Pero que no logren establecer un poder contrahegemónico, como en su momento fue el movimiento obrero organizado para la sociedad capitalista, no le quita relevancia al protagonismo que tuvieron las redes sociales en los últimos años, haciéndose presentes cada vez que en algún lugar del planeta, por apartado que sea, se necesita ayuda o un pronunciamiento social. ¿No hay en ese acudir una conciencia social y por lo tanto un potencial político? ¿Que Google, YouTube y Wikipedia hayan desbaratado el paradigma de conocimiento que convirtió al modelo ilustrado en un factor de poder y hayan puesto a circular mundialmente otros saberes, no es la expresión mediada de un contenido político a dilucidar? ¿Las banderas del movimiento antiglobalización, de los grupos ecologistas y el Foro Social Mundial, no fueron tomadas y reinventadas (ver el video “Coalición de voluntades”) por un frente generacional-tecnológico que en los últimos 10 años ha producido cambios fundacionales? Hay más de un indicio que nos habilita a pensar que estamos frente a una avanzada contracultural con un alto contenido político, cuyos antecedentes se remontan a los movimientos sociales de los años ’60, de quienes retoman algo más que consignas graffiteras, como el decálogo de “la ética hacker” que hoy presentan como una alternativa a “la ética protestante” con que Weber describió el espíritu del capitalismo.
Las Nuevas Tecnologías han potenciado el surgimiento de una vanguardia polifronte que ha logrado poner en crisis formas dominantes tanto de información, comunicación y conocimiento como de investigación, producción, organización y administración. Esta nueva cultura concibe y cultiva otros tipo de relaciones interpersonales, tanto como otros procedimientos políticos, que no están expresados acabadamente en el uso que hacen de Facebook los televidentes de 6-7-8, como tampoco en el uso que le dieron los jóvenes universitarios a las redes sociales durante la campaña de Obama, pues si bien en ambos casos han ingresando variables bien interesantes a las prácticas políticas, no dejan de reproducir lo que hasta acá se entendía por participación, militancia y compromiso, sólo que en otro registro. Hablamos de un cambio más extenso, que ha perdido la localidad para abrirse a una dimensión planetaria, vaga e inabarcable, que vino de la mano de la globalidad pero que tiene un accionar divergente.
Temor y temblor
El ingreso a la sociedad conexionista puso en juego algo más que un modo de funcionamiento social, puso en duda un modo de estar en el mundo que tiene una tradición milenaria, y con el que hasta las culturas más diversas se habían alineado. Por eso, como decíamos a principio de este año durante las revueltas del mundo árabe, Europa se equivoca cuando ve en los conflictos de Medio Oriente sólo una consecuencia de los regímenes autocráticos musulmanes y la manifestación de un deseo democrático, en lugar de ver en esas sublevaciones un efecto dominó que viene de más atrás y que terminará por afectar –como ya lo está haciendo– su propia suerte. El Movimiento 15-M español y su repercusión en otras ciudades europeas, es un ejemplo vivo de esa transversalidad cultural. Lo que origina las protestas es mucho más ancho que las circunstancias que lo desencadenan en cada lugar. La presencia y el pronunciamiento que posibilitan y estimulan las redes sociales, expresa una voluntad comunicativa y un interés cuya res-pública (cosa pública) es el mundo. Digamos que así como la corporación universitaria no debería dejar de ver en la crisis de los diarios en papel los efectos –en todo caso veloces– de una impronta procedimental que empezó por las discográficas y terminará por alcanzarla y relevarla de su sitial si no logra anticiparse a la jugada; del mismo modo, las democracias occidentales no deberían suponer que están a salvo del Tsunami que están produciendo estos plegamientos intraculturales. No alcanza con presentar credenciales republicanas y esgrimir representatividad democrática, porque no es un sistema de gobierno lo que está en juego sino una cosmovisión.
A diferencia de otras crisis que el capitalismo supo sortear y aprovechar para salir fortalecido, estos trastornos sociales presentan una estrategia renovada, frente a la cual el sistema –hasta el momento– no ha sabido darse una respuesta; entre otras cosas, porque su cuestionamiento trasciende al modelo económico y alcanza a sus fundamentos. El carácter de esta singular prorrupción social podría resumirse en cinco puntos fundacionales: 1] carece de un sujeto de cambio identificable; 2] no acota su accionar a un territorio (locus); 3] socava poder sin disputarlo; 4] evita –en la medida de lo posible– las confrontaciones; 5] abandona el estatuto que tenía en la palabra (logos) como morada del Ser y patrón de sentido para validar una transmediación y una convergencia de lenguajes cuyo producido no es pasible de ser asimilado ni conocido en su totalidad, sólo aludido como campo simbólico-empático. Es decir, se trata de un movimiento que elude cualquier representación acabada, que prefiere accionar y traccionar de un modo dislocado y discontinuo (rizomático), tornándose especialmente escurridizo y difícil de combatir. Estas prácticas se promueven y desarrollan fundamentalmente a través de blogs y redes sociales, lo cual les permite: a) reconocerse en un colectivo de afines; b) multiplicar un mensaje con un alto contenido político implícito; c) expresar un ánimo social verificable; d) manifestar una voluntad política en estado de latencia. ¿Podemos entonces menospreciar las implicancias políticas de las redes sociales o sostener, como hace el analista canadiense Malcolm Gladwell, que los lazos de las redes sociales son débiles y sin compromisos, incapaces de generar activismos efectivos? Habría que preguntarle a José María Aznar qué opina de la efectividad que tuvieron las cadenas de SMS después de Atocha (11-M) o a Hosni Mubarak y el dictador tunecino Ben Alí qué piensan sobre la efectividad de Twitter. Por ejemplo, nadie pudo evitar las previsibles consecuencias políticas que produjo el 15-M español, sólo con sentadas silenciosas en la Puerta del Sol y las principales plazas del país; pero tampoco pueden prever cuáles serán sus derivaciones económicas, políticas y sociales, ni en qué lugares repercutirán.
Estamos frente a una importante renovación de los procedimientos políticos y de una sofisticada manera de discutir lo instituido (el poder). Es cierto que por el momento ha desarrollado mayor capacidad de desinstitucionalización que de construcción e institucionalización, pero todo parece indicar que se trata de una corrida cultural de envergadura, cuyas derivaciones políticas e institucionales aún no podemos predecir. “Los especialistas estamos desconcertados, no podemos hacer un pronóstico” dice el sociólogo español Javier Elzo. “Estamos ante el nacimiento de un nuevo tipo de movimiento social autónomo de partidos y sindicatos”, dice su compatriota Jaime Pastor, experto en movimientos de masas. Leyendo estas palabras y frente a una prorrupción semejante, con ramificaciones que van desde la educación hasta la psicología, no es extraño que las ciencias sociales se muestren particularmente inquietas y en buena medida estimuladas.
F.P.
Redes sociales, política, y ciencias sociales
El sábado pasado la Revista Ñ sacó una serie de notas en torno a las redes sociales. Este es el link a la nota de tapa (de mi autoría) donde trato de refutar algunas simplificaciones apresuradas sobre el tema de las redes sociales e introduzco variables de análisis que comprometen (o deberían comprometer) a las ciencias sociales en general, y en particular a la política, campo sobre el que vengo trabajando desde hace algún tiempo.
Link: http://www.revistaenie.clarin.com/edicion-impresa/ciudadanos_hiperconectados_0_509949008.html
F.P.
España ingresa a Europa en otra época
El M-15 es la primera de una serie manifestaciones multitudinarias que se sucederán en Europa. Cuando estaban ocurriendo las sublebaciones del mundo árabe, los europeos lo miraban a la distancia, como si se tratara de un clamor popular por la democracia. Lo que ocurrió en el mundo árabe fue mucho más que el repudio a un tipo de régimen, es un síntoma de una época nueva, que se expresa con otra lógica. Esto está ocurriendo a sólo 4 días de las elecciones nacionales y España, pero sobre todo Zapatero y Rajoy, saben lo que pueden las multitudes movilizadas inteligentemente a través de los SMS y las redes sociales a pocos días de las elecciones; Zapatero fue presidente gracias a las movilizaciones del 14-M. Reproducimos la nota que Oscar Guisoni escribió desde Madrid para Página/12 donde marca algunos puntos a tener en cuenta sobre el tipo de acontecimiento que está ocurriendo en España.
“No somos antisistema, el sistema es antinosotros”
No somos antisistema, el sistema es antinosotros” rezaba anoche la pancarta más festejada en la madrileña Puerta del Sol. El movimiento de los “indignados”, o 15-M, como también se lo conoce, en alusión al pasado domingo 15 de mayo, cuando realizó su primera aparición estelar en las calles españolas, desafió ayer la prohibición de la Junta Electoral madrileña, que pretendía negarles el derecho a manifestarse luego de entender que con su presencia los manifestantes pueden “afectar a la campaña electoral y a la libertad del derecho de los ciudadanos al ejercicio del voto”. España enfrenta este domingo las elecciones municipales y regionales en medio de una revuelta que mucho se parece al “¡que se vayan todos!” de la Argentina de 2001. Protesta que ha ido creciendo durante los últimos cuatro días, poniendo de manifiesto el hastío de los ciudadanos con los dirigentes políticos y los bancos, a los que consideran corresponsables de la crisis económica que azota al país.
La protesta, que no tiene líderes visibles y se ha valido de las redes sociales para multiplicarse, se trasladó ayer como una mancha a otras importantes ciudades españolas, como Sevilla, Granada, Valencia y Barcelona, y recibió adhesiones de más de 500 organizaciones ciudadanas que poco a poco se han ido plegando a un movimiento que comenzaron los jóvenes sin trabajo y que ahora abarca desde jubilados a amas de casa, pasando por jóvenes empresarios, empleados de comercio y, más que nada, desocupados.
Luego de conocerse la decisión del tribunal electoral madrileño, las Juntas Electorales de Sevilla y Granada también decidieron prohibir la protesta con la excusa de la realización de las elecciones, pero también en ellas los manifestantes decidieron ignorar la prohibición. Los voceros del movimiento han advertido que pretenden quedarse en las plazas hasta el mismísimo domingo, en signo de protesta por lo que consideran un abandono de los políticos, entregados a su enriquecimiento personal y a cumplir las directivas del poder financiero internacional más reconcentrado.
Más que apagar las protestas, la prohibición la encendió y a media tarde ya eran una veintena las ciudades que se autoconvocaban a manifestarse en las principales plazas. En Barcelona, donde los manifestantes también han establecido campamentos, se convocó también a un cacerolazo. “Nuestra manifestación es pacífica”, aclaraban los organizadores, aunque la plataforma Democracia Real Ya, que fue la que inició el domingo 15 la convocatoria, logrando manifestaciones en 50 ciudades, se desvinculó del movimiento ayer afirmando que ahora pertenece a los ciudadanos y ha dejado de tener dueño.
Con las elecciones como telón de fondo, los “indignados” pasaron de ser unos desconocidos a transformarse en el eje de la campaña. En el Partido Popular al principio no se preocuparon por ellos, ya que consideraban que se trataba de votantes de izquierda desencantados con las políticas de ajuste llevadas a cabo por José Luis Rodríguez Zapatero. Pero la magnitud de la protesta obligó a los conservadores a manifestarse. “Es fácil criticar a los políticos”, se lamentó el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, al tiempo que la ultraconservadora Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, les sugirió a los manifestantes que trasladen el campamento a La Moncloa, sede del gobierno central y verdadero “responsable del desempleo”.
En el Partido Socialista, en cambio, reina el desconcierto. Durante la campaña electoral de 2008, Zapatero había hecho hincapié en que él no era “lo mismo” que Rajoy, pero su virulento giro en política económica, aplicando un ajuste impopular y recortando derechos y beneficios a los ciudadanos, hace impracticable hoy ese discurso. Y así lo han entendido los votantes que se aprestan el domingo a darle al partido el golpe más duro que pueda haber recibido desde el retorno de la democracia, hace ya más de tres décadas. Algunos dirigentes socialistas han manifestado que “comprenden” las razones del movimiento, y algunos hasta se atrevieron a secundarlo, pero desde la calle los manifestantes no variaron su discurso, llamando a no votar a los partidos tradicionales, a quedarse en casa o a anular el voto, cualquier cosa con tal de emitir el mensaje que se ha instalado en las plazas: “Estamos hartos de políticos y banqueros”.
A pesar de la prohibición, la multitud logró llegar a la plaza sorteando el impresionante cordón policial que el gobierno desplegó en las principales calles aledañas sin mucho éxito, ya que nadie se atrevió a reprimir la manifestación. Ante el éxito de la convocatoria, los “indignados” elevaron la apuesta, convocando a manifestarse también el sábado, jornada de reflexión electoral en la que están estrictamente prohibidas las manifestaciones, y han comenzado a difundir un manifiesto en el que piden una reforma de la ley electoral para que la democracia sea realmente representativa, se oponen “al descrédito paulatino de las instituciones que dicen representarnos, convertidas en meros agentes de administración y gestión, al servicio de las fuerzas del poder financiero internacional” y señalan a los culpables de la crisis: el FMI, la OTAN, la Unión Europea, las agencias de calificación de riesgo y a los partidos como el PP y el PSOE. Más claro, agua.
El link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-168443-2011-05-19.html
F.P.
Social Media Revolution
Muy interesante video de Social Media Revolution con impresionantes datos sobre el crecimiento de las redes sociales en internet.
Va el link: http://www.youtube.com/watch?v=WA1crs5JRQ8
Link subtitulado al español: http://dotsub.com/view/8604974b-74a0-4d2c-927b-ce648869a700
F.P.
Gladwell anotado
El domingo 3 de octubre de 2010, el Suplemento Radar del diario Página/12 publicaba una nota de Malcolm Gladwell sobre “el rol de Twitter y las redes sociales en el activismo político”. El título, como otros tantos que se afanan por profetizar el devenir de una época que está en sus inicios, no se ahorra el ridículo; en el caso que nos ocupa empeora, porque pretende arriesgar una tesis: La revolución no será twitteada. La nota parte de elementos extraídos de los acontecimientos sociales de los últimos años, donde la red social Twitter tuvo un protagonismo considerable. Con esos elementos, Gladwell saca conclusiones que a mi juicio son apresuradas.
A continuación voy a reproducir la nota y en el medio voy a ir mechando mis comentarios y refutaciones. Del mismo modo voy a subrayar aquellos párrafos que, más allá de las diferencias, actúan como una clara invitación al debate y la reflexión.
La revolución no será twitteada
A las cuatro y media de la tarde del lunes 1 de febrero de 1960, cuatro estudiantes de grado se sentaron a la barra del restaurant de la tienda Woolworth, en el centro de Greensboro, Carolina del Norte. Estudiaban en la A. & T. de Carolina del Norte, un college negro que quedaba a unos kilómetros de distancia.
“Me gustaría tomar una taza de café”, le dijo a la moza uno de los cuatro estudiantes, Ezell Blair.
“Acá no les servimos a negros”, contestó ella.
La barra del restaurant de Woolworth era larga, en forma de L, y tenía capacidad para 66 personas, con un snack-bar donde comer de pie al final. Ese snack bar era para los negros. Otra empleada, una mujer negra que trabajaba en la cocina, se acercó a los estudiantes y trató de prevenirlos. “¡Están actuando de manera estúpida, ignorantes!”, les dijo. Ellos no se movieron. Alrededor de las 5 y media, las puertas principales del negocio se cerraron. Los cuatro siguieron sin moverse. Finalmente, se fueron por la puerta del costado. Afuera se había reunido un pequeño grupo, incluyendo al fotógrafo de Record, el periódico de Greensboro. “Volveré mañana con el college A. & T.”, dijo uno de los estudiantes.
A la mañana siguiente, la protesta había crecido hasta veintisiete hombres y cuatro mujeres, la mayoría del mismo edificio donde vivían los cuatro originales en el campus. Los hombres estaban vestidos de saco y corbata. Los estudiantes habían traído sus apuntes, y estudiaban sentados a la barra. El miércoles, estudiantes de la secundaria “negra” Dudley High se unieron, y el número de personas movilizadas ascendió a 80. El jueves, los manifestantes eran 300, incluyendo tres mujeres blancas del campus de la Universidad de Carolina del Norte. Para el sábado, la protesta (una sentada) había alcanzado los 600 participantes. La gente salía a la calle. Adolescentes blancos hacían flamear banderas confederadas. Alguien tiró fuegos artificiales. Al mediodía, llegó el equipo de football de A. & T.
Para fin de mes, había sentadas en todo el sur, y por el Oeste llegaban hasta Texas. “Le pregunté a cada estudiante cómo había sido el primer día de la sentada en su campus”, escribió el teórico político Michael Walzer en Dissent. “La respuesta fue siempre la misma: ‘era como una fiebre: todo el mundo quería ir’.” Eventualmente, participaron 70 mil estudiantes. Miles fueron arrestados y otros miles se radicalizaron. Estos eventos de los tempranos años ‘60 se convirtieron en una batalla por los derechos civiles que envolvió al sur durante el resto de la década –y sucedió sin mails, sin mensajes de texto, sin Facebook y sin Twitter.
El mundo, se nos dice, está en medio de una revolución. Las nuevas herramientas de las redes sociales han reinventado el activismo social. Con Facebook, Twitter y sus parientes, la relación tradicional entre la autoridad política y la voluntad popular está patas para arriba, haciendo que sea más fácil colaborar para los que no tienen poder, coordinar y darle voz a sus preocupaciones. [el subrayado es mío] Cuando diez mil manifestantes salieron a las calles de Moldavia en la primavera de 2009 para protestar contra el gobierno comunista del país, la acción se dio en llamar la Revolución Twitter, refiriéndose al medio que habían usado para juntarse. Unos meses después, cuando protestas estudiantiles inflamaron Teherán, el departamento de Estado dio el inusual paso de pedirle a Twitter que suspendiera el mantenimiento planeado de su website, porque la Administración no quería semejante herramienta organizativa fuera de servicio durante el pico de las demostraciones.
“Sin Twitter los iraníes no se hubieran sentido empoderados y confiados para pedir por libertad y democracia”, escribió más tarde Mark Pfeifle, un ex consejero de seguridad nacional, y llamó a que se nominara a Twitter para el premio Nobel de la Paz. Si una vez los activistas se definieron por sus causas, hoy se definen por sus herramientas. [la bastardilla es mía] Los guerreros de Facebook se lanzan a la red para presionar por cambios. “Son nuestra mejor esperanza”, les dijo James K. Glassman, ex oficial del Departamento de Estado, a un grupo de cyberactivistas en una reciente conferencia sponsoreada por Facebook, AT&T, Howcast, MTV y Google. Sitios como Facebook, dijo Glassman, le dan a Estados Unidos una significativa ventaja competitiva sobre los terroristas. Hace un tiempo, dijo que Al Qaida estaba ‘comiéndose nuestro almuerzo en Internet’. Ya no es así. Al Qaida está atrapada en la Web 1.0. Hoy internet es interactividad y conversación.
Estas son declaraciones fuertes, desconcertantes. ¿Realmente la gente que ingresa a Facebook es la mejor esperanza para todos nosotros? Y en cuanto a la llamada Revolución Twitter de Moldavia, Evgeny Morozov, un académico de Stanford que ha sido de los críticos más persistentes al evangelismo digital, apunta que Twitter tuvo poca importancia interna en Moldavia, un país donde existen muy pocas cuentas de Twitter. Tampoco parece haber sido una revolución, no sólo porque los manifestantes pudieron haber sido parte de una puesta en escena orquestada por el gobierno. (En un país paranoico por el revanchismo rumano, los manifestantes hicieron flamear la bandera de Rumania sobre el edificio del Parlamento.) En el caso iraní, mientras tanto, la mayoría de la gente que twitteaba sobre las demostraciones estaba en Occidente.
“Es tiempo de que el rol de Twitter en los eventos de Irán se aclare”, escribió el verano pasado Golnaz Esfandiari en Foreign Policy. “Para decirlo fácil: no hubo una Revolución Twitter en Irán.” Los bloggers prominentes, como Andrew Sullivan, campeones del rol de las redes sociales en Irán, continuaba Esfandiari, no comprendieron bien la situación. “Los periodistas occidentales que no pudieron alcanzar –¿o no se molestaron en hacerlo? a la gente de a pie en Irán simplemente repasaron los posteos con el tag #iranelection en inglés”, escribió. “Y mientras lo hacían, a ninguno se le ocurrió preguntarse por qué gente que quería coordinar protestas en Irán usaría otro idioma diferente del propio, el farsi.”
Muchas de las exageraciones son esperables. Los innovadores suelen ser solipsistas. Con frecuencia quieren tomar cada hecho aislado y cada experiencia y aplicarles su nuevo modelo. Como el historiador Robert Darnton ha escrito, “las maravillas de la tecnología de la comunicación en el presente han producido una falta conciencia sobre el pasado –incluso una sensación de que la comunicación no tiene historia, o nada de importancia digno de ser considerado antes de la era de la televisión e Internet”. [No es cierto que la comunicación actual no tenga historia ni conciencia del pasado. Los libros de Tim O’Reilly, Pierre Lévy y Manuel Castells, entre otros, lo demuestran de manera categórica.] Pero hay algo más aquí, en el desproporcionado entusiasmo por las redes sociales. Cincuenta años después de uno de los más extraordinarios episodios del levantamiento social en la historia de los Estados Unidos, parece que olvidamos lo que es el activismo. [¿De dónde saca Gladwell que hemos olvidado lo que significa el activismo? En todo caso lo que ha cambiado es la idea de lo que significa el activismo, alguien como Gladwell evidentemente lo considera de un modo bien diferente al de los jóvenes twitteros. Pero lo que me parece más grave de las afirmaciones de Gladwell es el modo en que su relato devalúa tácitamente el activismo actual, porque según él no tiene lazos fuertes ni la gallardía que por ejemplo tuvo durante la década del sesenta. Hoy los lazos sociales –más precisamente los de las redes sociales– se sostienen en vínculos que no guardan casi ninguna relación con el ideario del activismo que demandaba poner el cuerpo. Así como los tapiales han cedido su lugar de expresión social al Twitter (Héctor Timerman dixit), sería menester que comenzáramos a percibir que el agite ya no pasa –o no pasa del mismo modo– por ir a poner el cuerpo en una manifestación pública, probando coraje y lazos fuertes]
Greensboro, en los tempranos años ‘60, era el tipo de lugar donde la insubordinación racial se encontraba rutinariamente con la violencia. Los cuatro estudiantes que se sentaron a esa barra estaban aterrorizados. “Supongo que si alguien hubiera venido de atrás y me hubiese gritado ‘bu’, yo me hubiera caído de la silla”, contó uno de ellos después. El primer día, el encargado de la tienda notificó al jefe de policía, que inmediatamente envió a dos oficiales. Al tercer día, una pandilla de patovicas blancos apareció en el restaurant y se pararon ostensiblemente detrás de los manifestantes, murmurando ominosamente epítetos como “negros de pelo duro”. Un líder local del Ku Klux Klan hizo su aparición también. El sábado, mientras las tensiones crecían, alguien llamó con una amenaza de bomba y toda la tienda tuvo que ser evacuada.
El activismo que enfrenta al statu quo –que ataca problemas de raíces profundas– no es para flojos. El activismo de alto riesgo es un fenómeno de lazos fuertes. [La raíz y la profundidad, dos conceptos de la estructura arbórea por excelencia, no son los conceptos más felices para hablar del activismo actual. Son conceptos antiguos, alejados de la idea de red con que actualmente se piensa el activismo, donde lo que vale es lo extenso y la conexión.]
Este patrón aparece una y otra vez. Un estudio sobre las Brigadas Rojas italianas encontró que el 70% de los reclutas tenían por lo menos un amigo cercano en la organización antes de ingresar. Lo mismo sucede con los hombres que se unieron a los mujaidines en Afganistán. Incluso las acciones revolucionarias que parecen espontáneas, como las demostraciones en Alemania Oriental que llevaron a la caída del Muro de Berlín, fueron, en su corazón, fenómenos de lazos fuertes. El movimiento de oposición en Alemania Oriental consistía en varios cientos de grupos, cada uno aproximadamente de una docena de miembros. Cada grupo tenía un contacto limitado con los otros: en ese momento, sólo el 13% de los alemanes orientales tenía teléfono. Todo lo que sabían era que los lunes por la noche, fuera de la iglesia de San Nicolás, en el centro de Leipzig, la gente se juntaba para expresar su enojo al Estado. Y el principal determinante sobre quién asistía era “el amigo crítico” –cuantos más amigos tuviera alguien que fueran críticos del régimen, más posible se volvía que esa persona se uniera a la protesta.
El hecho crucial acerca de los cuatro estudiantes de la barra de Greensboro –David Richmond, Franklin McCain, Ezell Blair y Joseph McNeill– era su relación el uno con el otro. McNeil era compañero de habitación de Blair en A. & T. Richmond y McCain también eran compañeros de habitación un piso más arriba, y tres de ellos habían sido compañeros en la secundaria Dudley. Los cuatro hacían pasar cerveza ilegalmente a sus habitaciones y conversaban hasta la madrugada. Todos recordaban el asesinato de Emmett Till en 1955, el boicot al autobús Montgomery ese mismo año. Fue McNeil el que tuvo la idea de hacer una acción en Woolworth’s. Lo discutieron durante un mes. Un día, McNeil fue a la habitación y les preguntó a los otros si estaban listos. Hubo una pausa, y McNeil les preguntó si eran unos gallinas. Ezell Blair juntó coraje al día siguiente para pedir esa taza de café porque estaba flanqueado por su compañero de habitación y por buenos amigos y ex compañeros de la secundaria.
El tipo de activismo asociado con las redes sociales no tiene nada que ver con esto. Las plataformas de las redes sociales se construyen alrededor de lazos débiles. [Que los lazos de las redes sociales no se sostengan en el coraje ni en el cuerpo a cuerpo no los vuelve débiles ni ineficaces] Twitter es una forma de seguir (o ser seguido por) gente que uno probablemente jamás conoció. Facebook es una herramienta para organizar eficientemente a los conocidos, para estar al tanto de las vidas de gente que, de otra manera, uno no estaría en contacto. Por eso uno puede tener mil amigos en Facebook, cosa que nunca pasa en la vida real. [Suponer que la categoría de “amigo” de Facebook debe ser valuada en relación a lo que históricamente se entendió por amistad, no sólo es no entender la dimensión de los lazos que se establecen en el Facebook, sino que demuestra una ingenuidad preocupante para alguien que tiene pretensiones de leer el presente de nuestra cultura.]
En muchas maneras, esto es algo fantástico. Hay fuerza en los lazos débiles [claro!], como ha observado el sociólogo Mark Granovetter. Nuestros conocidos –no nuestros amigos– son la mejor fuente de nuevas ideas e información. Internet nos deja explotar el poder de estas conexiones distantes con una maravillosa eficiencia. Es genial para la difusión de las innovaciones, para la colaboración interdisciplinaria, para encontrar vendedores y compradores ideales, y para las funciones logísticas del mundo de las citas románticas. Pero los vínculos débiles rara vez llevan al activismo de alto riesgo. [¿Y quién dijo que el riesgo es un valor en los nuevos vínculos sociales? El riesgo que implicaba exposición y coraje, es visto como poco inteligente entre quienes practican los nuevos modos de la participación social]
Las redes sociales son efectivas para incrementar la participación –y lo hacen al disminuir el nivel de motivación que esa participación requiere–. La página de Facebook de la Coalición Salven a Darfur tiene un 1.200.300 miembros, que han donado un promedio de nueve centavos cada uno. La siguiente página de caridad para Darfur en Facebook tiene 22 mil miembros, que han donado un promedio de 35 centavos. Help Save Darfur tiene 2700 miembros que han donado, en promedio, 15 centavos. Un vocero de la Coalición Salven a Darfur (Save Darfur Coalition) dijo a Newsweek: “No necesariamente medimos el valor de alguien basándonos en lo que donaron. Informan a su comunidad, van a eventos, trabajan como voluntarios. No es algo que se pueda medir mirando la contaduría”. En otras palabras, el activismo de Facebook tiene éxito no motivando a la gente para que haga un sacrificio real sino motivándolos a hacer las cosas que la gente hace cuando no está motivada lo suficiente para hacer un sacrificio real. Esto queda muy lejos del restaurant de Greensboro. [Tan lejos como el Sr. Gladwell de entender y asimilar la nueva cultura, esa que según le dicen “está en medio de una revolución”. El coraje no tiene el mismo valor de cambio que tenía a principios de la década del sesenta en el restaurante de Greensboro. Las tácticas han cambiado, mas no la idea de lo que hay que hacer y hacia dónde dirigir las acciones, entre otras cosas porque la discriminación no es la misma; lo que sigue existiendo, en todo caso, es un ejercicio del poder que genera desigualdad. Ahora bien, si el poder ha aggiornado sus tácticas para sobrevivir (Boltanski y Chiapello) ¿por qué sostener el mismo modelo de lucha?]
Los estudiantes que se unieron a las sentadas en el Sur durante el invierno de 1960 describieron al movimiento como “una fiebre”. Pero el movimiento por los derechos civiles se parecía más a una campaña militar que a un contagio. A fines de los años ‘50 se registraron 16 sentadas en varias ciudades del Sur, 15 de las cuales fueron organizadas por organizaciones de derechos civiles como Naacp y CORE. Se rastrearon locaciones para hacer las movilizaciones. Se dibujaron mapas. Los activistas dirigieron sesiones de entrenamiento y retiros para futuros manifestantes. Los cuatro de Greensboro fueron producto de este trabajo de campo: todos eran miembros del consejo juvenil del Naacp y tenían lazos cercanos con el jefe de la sección local de la organización. Se les había informado sobre la anterior ola de sentadas en Durham, y habían sido parte de una serie de encuentros del movimiento en iglesias activistas. Cuando la sentada se extendió de Greensboro al resto del Sur, no se extendió indiscriminadamente. Se extendió a aquellas ciudades que tenían “centros del movimiento” preexistentes, una base de activistas dedicados y entrenados, preparados para convertir “la fiebre” en acción. [Los nuevos lazos sociales también tienen historia. Lo que se llama nuevas tecnologías, es decir la herramienta que facilita el surgimiento de las nuevas redes sociales, no nacieron de un repollo. Son el producto de expresiones culturales alternativas al poder, así surgieron los hackers sin ir más lejos, contemporáneos del Mayo Francés, en un tiempo que todavía no estaba técnicamente maduro para que pudieran prosperar; pero la compatibilidad de los ideales del Mayo Francés con los principios de lucha de los hackers no tenían grandes diferencias, por el contrario formaron parte de la misma movida cultural-generacional, como en la actualidad la “generación Y”]
El movimiento por los derechos civiles era activismo de alto riesgo. Fue también, crucialmente, activismo estratégico: un desafío al establisment montado con precisión y disciplina. [En la actualidad también enfrentan al establisment, sólo que de un modo diferente, de ninguna manera haciendo hincapié en la militancia tal cual se la conocía en la década del setenta, ni pretendiendo el mismo nivel de compromiso. Es algo más light, pero no menos conciente.] La Naacp era una organización centralizada, dirigida desde Nueva York de acuerdo a procedimientos operativos altamente formalizados. En la Southern Christian Leadership Conference, Martin Luther King, Jr. era la autoridad incuestionable. En el centro del movimiento estaba la Iglesia negra, que tenía una división del trabajo cuidadosamente demarcada, con varios comités y grupos disciplinados.
Esta es la segunda distinción crucial entre el activismo tradicional y su variante online: las redes sociales no tienen nada que ver con esta organización jerárquica. Facebook y sus parientes son herramientas para construir redes, que son lo opuesto, en estructura y carácter, a las jerarquías. A diferencia de las jerarquías, con sus reglas y procedimientos, las redes no están controladas por una autoridad central. Las decisiones se toman por consenso, y los lazos que unen a la gente con el grupo son flojos. [Por suerte no tienen el mismo nivel de obediencia ni la misma estructura jerárquica. Basta con mirar hacia atrás y, como el Angelus Novus, ver los estragos que ha dejado ese modo de entender el compromiso político. La carta de Oscar del Barco, y todo lo que produjo, es parte de esa historia, que más que historia es laceramiento.]
Esta estructura hace que las redes sean enormemente resistentes y adaptables en situaciones de bajo riesgo. Wikipedia es el ejemplo perfecto. No tiene un editor, sentado en Nueva York, que dirija y corrija cada entrada. El esfuerzo de armar cada entrada se organiza a sí mismo. Si cada entrada de Wikipedia se borrara mañana, el contenido sería rápidamente restituido, porque eso es lo que sucede cuando una red de miles espontáneamente dedica su tiempo a una tarea.
Hay muchas cosas, sin embargo, que las redes no hacen bien. Las compañías de autos usan sensiblemente una red para organizar a sus cientos de proveedores, pero no usan redes para diseñar sus autos. ¿Cómo se toman decisiones difíciles sobre táctica o estrategia o dirección filosófica cuando todos tienen el mismo poder de decisión? [La pregunta denota una gran ignorancia de lo que significan las redes. La red funciona como un estado asambleario en tiempo real que no necesita un jefe (un centro) para funcionar. Hay que reconocer, sin embargo, que para aquellos casos en que la lucha ha demandado un nivel de presencia diferente, la red aún no ha sabido organizar una respuesta acorde, como si fuera un proceso que aún no ha podido darse una solución satisfactoria]
En la Alemania de los ‘70, por ejemplo, los militantes de izquierda más unificados y más exitosos se organizaban jerárquicamente, con management profesional y divisiones claras de trabajo. Estaban concentrados geográficamente en universidades, donde podían establecer liderazgo central, confianza y camaradería en encuentros regulares y cara a cara. Rara vez traicionaban a sus camaradas de armas durante los interrogatorios de la policía. Sus enemigos de la derecha estaban organizados en redes descentralizadas, y no tenían esa disciplina. Estos grupos eran fáciles de infiltrar, y lo eran regularmente, y sus miembros, una vez arrestados, entregaban con facilidad a sus compañeros. Similarmente, Al Qaida era mucho más peligrosa cuando era una jerarquía unificada. Ahora que es una red disipada, ha probado ser menos efectiva.
Los boicots, las sentadas y las confrontaciones no violentas –los métodos elegidos por el movimiento por los derechos civiles– son estrategias de alto riesgo. Dejan poco espacio para el conflicto o el error. El momento en que un solo manifestante se desvía del guión y responde a una provocación compromete la legitimidad de toda la protesta. Los entusiastas de las redes sociales sin duda nos querrán hacer creer que el trabajo de King en Birmingham hubiera sido infinitamente más fácil si hubiera podido comunicarse con sus seguidores por Facebook o si hubiera mandado tweets desde la cárcel. Pero las redes son desordenadas: piensen en el constante patrón de corrección y revisión, debate y enmienda, que caracteriza a Wikipedia. Si Martin Luther King Jr. hubiera intentado hacer un wiki-boicot en Montgomery hubiera sido aplastado por la estructura del poder blanco. ¿Y de qué sirve la comunicación digital en una ciudad donde el 90% de la comunidad negra puede ser localizada cada domingo en la iglesia? Las cosas que King necesitaba en Birmingham, disciplina y estrategia, son cosas que las redes sociales no pueden brindar.
Las redes sociales hacen que sea más fácil para los activistas expresarse, y más difícil que esa expresión tenga un impacto. Los instrumentos de las redes sociales están muy bien preparados para hacer que el orden social existente sea más eficaz. No son un enemigo natural del statu quo. Si usted es de la opinión de que todo lo que el mundo necesita es ser pulido, esto no debería preocuparlo. Pero si piensa que todavía hay barras como la de Greensboro que necesitan integrarse, debe llamarlo a la reflexión.
Publicado el 3 de octubre de 2010.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-6505-2010-10-09.html
F.P.
Juventud y política
Esta nota continúa -o responde a- una nota anterior, posteada el 28 de julio pasado en este mismo blog. Allí prometía una respuesta, esta, que finalmente llegó. Fue publicada en el día en el diario Págna/12. La nota fue escrita hace algo más de un mes y más o menos a limón (como dicen los españoles cuando quieren decir “a dúo”) con el amigo Eduardo Rojas. Su vigencia se mantiene, pero a la luz de lo sucedido con la toma de la escuelas, se podría decir más. Queda para la próxima, mientras tanti la comparto con ustedes.
Juventud y política
Hace algunas semanas, el periodista y politólogo José Natanson publicó en este diario una nota en la que arriesgaba una tesis sobre el vínculo entre juventud y política que sería interesante retomar en el contexto de la toma de las escuelas secundarias. De título sugestivo, “Kirchner, Ben Stiller y la juventud como actor político”, la nota comienza con una pequeña genealogía de la juventud, como “un fenómeno de la segunda mitad del siglo XX” surgido de la combinación de factores económicos y sociales que incluyeron acontecimientos políticos de gran trascendencia; paso seguido realiza un recorrido por los hitos más salientes que protagonizó ese nuevo grupo etario, remarcando las diferencias que caracterizan a la juventud de clase media –con la que habitualmente se identifica a los jóvenes– respecto de los sectores más desprotegidos, cuyo ideario y devenir biográfico están más signados por la necesidad de subsistir que por sus expresiones estéticas o políticas. El derrotero desemboca en el actual estado de situación, con vivencias partidas que no logran ser integradas por una política de Estado. Luego, Natanson expone su tesis: la clase política, en este caso el kirchnerismo, “descuida las políticas específicamente orientadas a las ‘dos juventudes’, sus problemas y necesidades”. Aceptando que lo propio del Estado es implementar políticas tendientes a contener las demandas y necesidades de quienes integran este rango etario, independientemente de la extracción social a la que pertenezcan, la nota incurre en un error de concepto que comparte con la corporación política: la consideración que hace de la juventud en cuanto identidad social y su modo sistémico de entender la participación.
La participación de los jóvenes actuales –como el concepto mismo de juventud– ya no puede ser evaluada a la luz de conceptos y categorías que sólo persisten por efecto inercial y no responden a los datos de realidad disponibles. La modernidad del siglo XXI ha cedido su lugar a una nueva cultura, que tiene precisamente en la participación no regulada una de sus alteraciones copernicanas. El desarrollo digital de los últimos 20 años trajo aparejadas prácticas culturales, interacciones, comunicaciones, colectivos y sistemas organizacionales que reformularon significados, interpretaciones, legitimaciones y valores en todas las capas de la sociedad, trastornando el “orden” de las cosas. Estos rasgos de época alcanzan al conjunto de la sociedad, revelando algo que ya estaba anunciado en el acceso –legal o ilegal– a la TV por cable: los sectores marginales no son marginales a la tecnología de la comunicación y, por consiguiente, a la información social, en la misma medida en que lo son económica o políticamente.
La militancia tradicional funcionaba en concomitancia con una idea del poder y con un modo de abordarlo. Ese modelo incluía la formación de cuadros, el disciplinamiento y la postergación personal en pos de fines más nobles, para “ocupar espacios y conquistar el poder”. La juventud actual, a diferencia de aquellos militantes, no disputa espacios tradicionales ni confronta del mismo modo, no está organizando la toma de la Bastilla. Sus diferencias con lo instituido las dirimen de un modo que no es asequible a las anteriores formas del conocimiento social. Quien decida entenderla o interactuar con ella debe tener una gran apertura teórica y práctica, ver en Cumbio algo más que una bloggera.
Quienes conciben el poder como la interacción de conquista, control y defensa no están preparados para la irrupción desestabilizadora del frente acéfalo y multiforme que despliega la avanzada generacional-tecnológica. Esta irrupción tiene una novedad principal: el poder fáctico de transformar en acción potencialmente política una serie de recursos tecnológicos que están al alcance de mucha gente.
El error es pensar que eso no es participación, que sus acciones no conllevan un pronunciamiento. El posteo de Patricio, un joven bloggero rosarino de 23 años, ayuda a comprender: “Hoy los pibes tenemos más voz e interés que los adultos porque somos artífices de la horizontalidad de los mensajes que plantea Internet, las redes sociales, los blogs y demás. Los viejos miran TN. Nosotros vemos en Facebook la opinión de un amigo kirchnerista, de otro radical y así. Leo a Natanson y después un artículo de La Nación que me envió un amigo, y la participación se agranda cada vez más. La web es más democrática que cualquier gobierno. Se terminó la verticalidad del mensaje que era funcional a los intereses políticos de algunos, y que construyó las ideas cerradas de nuestros abuelos. Por eso Clarín no sabe más qué hacer. Y hasta sacó sus propios blogs. Pero eso no sirve, no entiende que hoy la lógica es otra”. Este posteo, más allá del optimismo (o no), indica formas nuevas de pensar y vivir la política, que se resisten a los esquemas analíticos del pasado.
Estas prácticas han perforado la lógica con que hasta ahora se pensaba lo político y le han dado una dimensión diferente. Los jóvenes ingresaron una concepción vital y soleada que contrasta con el dogma, la organización y el sacrificio de los ’70, más propios de la purga religiosa que de la biofilia. Sus intervenciones forman parte de un colectivo multinodal que se resignifica permanentemente, que rechaza las jerarquías tradicionales y se expande en tiempo real de manera imprevisible, sin posibilidades ciertas –al menos por el momento– de ser controlado.
La adhesión política de estos jóvenes ya no es a una ideología, ni a un partido ni a una persona, mucho menos de manera estable; su adhesión, si así pudiera llamarse, en todo caso, es a un entorno que por definición es un proyecto inacabado, pero que expresa una empatía concreta y un horizonte difuso aunque compartido. Lo que Natanson llama “la emergencia de una militancia juvenil kirchnerista”, por ejemplo, no responde a la cohesión demiúrgica de “un liderazgo y un programa”, sino a un ecosistema integrado por elementos dinámicos y disímiles, pero consonantes, que en su variedad y fragmentación logran conformar una puesta en valor y una metáfora de sus deseos. Estos elementos pueden incluir tanto a Capusotto como al Bicentenario, Facebook, Kapanga, Diego Maradona, Los Simpsons, Arbolito, 6-7-8, la Bomba de Tiempo, la blogosfera, el matrimonio igualitario, y componer una especie de ideario que se puede –de hecho ellos lo hacen– proyectar políticamente. Es decir, se constituyen en una suerte de nuevo sujeto político que realiza intervenciones culturales efectivas; esto es: toman partido, suman, contagian, interpelan y producen resultados precisos. Las tomas de escuelas tienen esa lógica, es el efecto de un estado asambleario dinámico enancado en las redes sociales y objetivado de manera efectiva y cohesionada.
El remanido cambio de paradigmas no es otra cosa que la fatiga de un sistema que resiste su capitulación frente a la emergencia de otro que aún no tiene institucionalidad, pero que no está lejos de hallarla, con todas las incomodidades que trae aparejadas para los partidos políticos, la escuela, los sindicatos, la universidad, el mercado y la comunicación. Se requiere mucho esfuerzo de comprensión teórica y práctica, científica y tecnológica, para encontrar un diálogo con esta nueva dimensión política que plantean los jóvenes. La tarea de la cultura es siempre ardua, pero apasionante.
El link: http://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-153520-2010-09-21.html
F.P.
Las redes sociales y la intimidad
Una de las cosas que se les achaca a las redes sociales que vinieron de la mano de las nuevas tecnologías, es la de que exponen la privacidad. El paso seguido de ese pensamiento suele ser: ya no les hacen falta que los vigilen, ahora son ellos mismos, de manera disciplinada y atolondrada, que dan a conocer su intimidad sin necesidad de que se lo pidan. Este un pensamiento bastante frecuente de quienes, parados en el siglo XIX y echando mano a Foucault de un modo tan elemental como superficial, rezongan por el advenimiento de un mundo que los ha dejado fuera de carrera.
Anoche, en un programa de C5N analizaban “los genios actuales”, entre los que incluían -en este orden- a los cinco fantásticos: Steve Jobs, Bill Gates. Larry Page, Sergei Brin y Mark Zuckerberg. El invitado en el piso era Alec Oxenford, que fue describiendo las características fundamentales de cada uno del quinteto, pero en el último bloque, cuando habló de las redes sociales dijo algo muy interesante, que no había escuchado antes: “en las redes sociales la gente comparte y resigna voluntariamente privacidad porque hay mayor tolerancia”. Es un pensamiento simple, pero contundente, que expone una de las características fundamentales del pensamiento “bárbaro”, el de un mundo más laxo y amigable, en el que si bien no pierde vigencia la trama del poder que domina los mercados y establece las líneas políticas fundamentales, el tiempo de vigencia de su concepción del mundo tiene fecha de vencimiento. Es menester, pues, comenzar a ver -y preparar- las condiciones para otro sistema de relaciones sociales e institucionales, el que se discutirá en breve, cuando los nativos digitales comiencen a protagonizar el destino del mundo.
F.P.