Gladwell anotadoEl domingo 3 de octubre de 2010, el Suplemento Radar del diario Página/12 publicaba una nota de Malcolm Gladwell sobre “el rol de Twitter y las redes sociales en el activismo político”. El título, como otros tantos que se afanan por profetizar el devenir de una época que está en sus inicios, no se ahorra el ridículo; en el caso que nos ocupa empeora, porque pretende arriesgar una tesis: La revolución no será twitteada. La nota parte de elementos extraídos de los acontecimientos sociales de los últimos años, donde la red social Twitter tuvo un protagonismo considerable. Con esos elementos, Gladwell saca conclusiones que a mi juicio son apresuradas.A continuación voy a reproducir la nota y en el medio voy a ir mechando mis comentarios y refutaciones. Del mismo modo voy a subrayar aquellos párrafos que, más allá de las diferencias, actúan como una clara invitación al debate y la reflexión.La revolución no será twitteadaA las cuatro y media de la tarde del lunes 1 de febrero de 1960, cuatro estudiantes de grado se sentaron a la barra del restaurant de la tienda Woolworth, en el centro de Greensboro, Carolina del Norte. Estudiaban en la A. & T. de Carolina del Norte, un college negro que quedaba a unos kilómetros de distancia.“Me gustaría tomar una taza de café”, le dijo a la moza uno de los cuatro estudiantes, Ezell Blair.“Acá no les servimos a negros”, contestó ella.La barra del restaurant de Woolworth era larga, en forma de L, y tenía capacidad para 66 personas, con un snack-bar donde comer de pie al final. Ese snack bar era para los negros. Otra empleada, una mujer negra que trabajaba en la cocina, se acercó a los estudiantes y trató de prevenirlos. “¡Están actuando de manera estúpida, ignorantes!”, les dijo. Ellos no se movieron. Alrededor de las 5 y media, las puertas principales del negocio se cerraron. Los cuatro siguieron sin moverse. Finalmente, se fueron por la puerta del costado. Afuera se había reunido un pequeño grupo, incluyendo al fotógrafo de Record, el periódico de Greensboro. “Volveré mañana con el college A. & T.”, dijo uno de los estudiantes.A la mañana siguiente, la protesta había crecido hasta veintisiete hombres y cuatro mujeres, la mayoría del mismo edificio donde vivían los cuatro originales en el campus. Los hombres estaban vestidos de saco y corbata. Los estudiantes habían traído sus apuntes, y estudiaban sentados a la barra. El miércoles, estudiantes de la secundaria “negra” Dudley High se unieron, y el número de personas movilizadas ascendió a 80. El jueves, los manifestantes eran 300, incluyendo tres mujeres blancas del campus de la Universidad de Carolina del Norte. Para el sábado, la protesta (una sentada) había alcanzado los 600 participantes. La gente salía a la calle. Adolescentes blancos hacían flamear banderas confederadas. Alguien tiró fuegos artificiales. Al mediodía, llegó el equipo de football de A. & T.Para fin de mes, había sentadas en todo el sur, y por el Oeste llegaban hasta Texas. “Le pregunté a cada estudiante cómo había sido el primer día de la sentada en su campus”, escribió el teórico político Michael Walzer en Dissent. “La respuesta fue siempre la misma: ‘era como una fiebre: todo el mundo quería ir’.” Eventualmente, participaron 70 mil estudiantes. Miles fueron arrestados y otros miles se radicalizaron. Estos eventos de los tempranos años ‘60 se convirtieron en una batalla por los derechos civiles que envolvió al sur durante el resto de la década –y sucedió sin mails, sin mensajes de texto, sin Facebook y sin Twitter.El mundo, se nos dice, está en medio de una revolución. Las nuevas herramientas de las redes sociales han reinventado el activismo social. Con Facebook, Twitter y sus parientes, la relación tradicional entre la autoridad política y la voluntad popular está patas para arriba, haciendo que sea más fácil colaborar para los que no tienen poder, coordinar y darle voz a sus preocupaciones. [el subrayado es mío] Cuando diez mil manifestantes salieron a las calles de Moldavia en la primavera de 2009 para protestar contra el gobierno comunista del país, la acción se dio en llamar la Revolución Twitter, refiriéndose al medio que habían usado para juntarse. Unos meses después, cuando protestas estudiantiles inflamaron Teherán, el departamento de Estado dio el inusual paso de pedirle a Twitter que suspendiera el mantenimiento planeado de su website, porque la Administración no quería semejante herramienta organizativa fuera de servicio durante el pico de las demostraciones.“Sin Twitter los iraníes no se hubieran sentido empoderados y confiados para pedir por libertad y democracia”, escribió más tarde Mark Pfeifle, un ex consejero de seguridad nacional, y llamó a que se nominara a Twitter para el premio Nobel de la Paz. Si una vez los activistas se definieron por sus causas, hoy se definen por sus herramientas. [la bastardilla es mía] Los guerreros de Facebook se lanzan a la red para presionar por cambios. “Son nuestra mejor esperanza”, les dijo James K. Glassman, ex oficial del Departamento de Estado, a un grupo de cyberactivistas en una reciente conferencia sponsoreada por Facebook, AT&T, Howcast, MTV y Google. Sitios como Facebook, dijo Glassman, le dan a Estados Unidos una significativa ventaja competitiva sobre los terroristas. Hace un tiempo, dijo que Al Qaida estaba ‘comiéndose nuestro almuerzo en Internet’. Ya no es así. Al Qaida está atrapada en la Web 1.0. Hoy internet es interactividad y conversación.Estas son declaraciones fuertes, desconcertantes. ¿Realmente la gente que ingresa a Facebook es la mejor esperanza para todos nosotros? Y en cuanto a la llamada Revolución Twitter de Moldavia, Evgeny Morozov, un académico de Stanford que ha sido de los críticos más persistentes al evangelismo digital, apunta que Twitter tuvo poca importancia interna en Moldavia, un país donde existen muy pocas cuentas de Twitter. Tampoco parece haber sido una revolución, no sólo porque los manifestantes pudieron haber sido parte de una puesta en escena orquestada por el gobierno. (En un país paranoico por el revanchismo rumano, los manifestantes hicieron flamear la bandera de Rumania sobre el edificio del Parlamento.) En el caso iraní, mientras tanto, la mayoría de la gente que twitteaba sobre las demostraciones estaba en Occidente.“Es tiempo de que el rol de Twitter en los eventos de Irán se aclare”, escribió el verano pasado Golnaz Esfandiari en Foreign Policy. “Para decirlo fácil: no hubo una Revolución Twitter en Irán.” Los bloggers prominentes, como Andrew Sullivan, campeones del rol de las redes sociales en Irán, continuaba Esfandiari, no comprendieron bien la situación. “Los periodistas occidentales que no pudieron alcanzar –¿o no se molestaron en hacerlo? a la gente de a pie en Irán simplemente repasaron los posteos con el tag #iranelection en inglés”, escribió. “Y mientras lo hacían, a ninguno se le ocurrió preguntarse por qué gente que quería coordinar protestas en Irán usaría otro idioma diferente del propio, el farsi.”Muchas de las exageraciones son esperables. Los innovadores suelen ser solipsistas. Con frecuencia quieren tomar cada hecho aislado y cada experiencia y aplicarles su nuevo modelo. Como el historiador Robert Darnton ha escrito, “las maravillas de la tecnología de la comunicación en el presente han producido una falta conciencia sobre el pasado –incluso una sensación de que la comunicación no tiene historia, o nada de importancia digno de ser considerado antes de la era de la televisión e Internet”. [No es cierto que la comunicación actual no tenga historia ni conciencia del pasado. Los libros de Tim O’Reilly, Pierre Lévy y Manuel Castells, entre otros, lo demuestran de manera categórica.] Pero hay algo más aquí, en el desproporcionado entusiasmo por las redes sociales. Cincuenta años después de uno de los más extraordinarios episodios del levantamiento social en la historia de los Estados Unidos, parece que olvidamos lo que es el activismo. [¿De dónde saca Gladwell que hemos olvidado lo que significa el activismo? En todo caso lo que ha cambiado es la idea de lo que significa el activismo, alguien como Gladwell evidentemente lo considera de un modo bien diferente al de los jóvenes twitteros. Pero lo que me parece más grave de las afirmaciones de Gladwell es el modo en que su relato devalúa tácitamente el activismo actual, porque según él no tiene lazos fuertes ni la gallardía que por ejemplo tuvo durante la década del sesenta. Hoy los lazos sociales –más precisamente los de las redes sociales– se sostienen en vínculos que no guardan casi ninguna relación con el ideario del activismo que demandaba poner el cuerpo. Así como los tapiales han cedido su lugar de expresión social al Twitter (Héctor Timerman dixit), sería menester que comenzáramos a percibir que el agite ya no pasa –o no pasa del mismo modo– por ir a poner el cuerpo en una manifestación pública, probando coraje y lazos fuertes]Greensboro, en los tempranos años ‘60, era el tipo de lugar donde la insubordinación racial se encontraba rutinariamente con la violencia. Los cuatro estudiantes que se sentaron a esa barra estaban aterrorizados. “Supongo que si alguien hubiera venido de atrás y me hubiese gritado ‘bu’, yo me hubiera caído de la silla”, contó uno de ellos después. El primer día, el encargado de la tienda notificó al jefe de policía, que inmediatamente envió a dos oficiales. Al tercer día, una pandilla de patovicas blancos apareció en el restaurant y se pararon ostensiblemente detrás de los manifestantes, murmurando ominosamente epítetos como “negros de pelo duro”. Un líder local del Ku Klux Klan hizo su aparición también. El sábado, mientras las tensiones crecían, alguien llamó con una amenaza de bomba y toda la tienda tuvo que ser evacuada.El activismo que enfrenta al statu quo –que ataca problemas de raíces profundas– no es para flojos. El activismo de alto riesgo es un fenómeno de lazos fuertes. [La raíz y la profundidad, dos conceptos de la estructura arbórea por excelencia, no son los conceptos más felices para hablar del activismo actual. Son conceptos antiguos, alejados de la idea de red con que actualmente se piensa el activismo, donde lo que vale es lo extenso y la conexión.]Este patrón aparece una y otra vez. Un estudio sobre las Brigadas Rojas italianas encontró que el 70% de los reclutas tenían por lo menos un amigo cercano en la organización antes de ingresar. Lo mismo sucede con los hombres que se unieron a los mujaidines en Afganistán. Incluso las acciones revolucionarias que parecen espontáneas, como las demostraciones en Alemania Oriental que llevaron a la caída del Muro de Berlín, fueron, en su corazón, fenómenos de lazos fuertes. El movimiento de oposición en Alemania Oriental consistía en varios cientos de grupos, cada uno aproximadamente de una docena de miembros. Cada grupo tenía un contacto limitado con los otros: en ese momento, sólo el 13% de los alemanes orientales tenía teléfono. Todo lo que sabían era que los lunes por la noche, fuera de la iglesia de San Nicolás, en el centro de Leipzig, la gente se juntaba para expresar su enojo al Estado. Y el principal determinante sobre quién asistía era “el amigo crítico” –cuantos más amigos tuviera alguien que fueran críticos del régimen, más posible se volvía que esa persona se uniera a la protesta.El hecho crucial acerca de los cuatro estudiantes de la barra de Greensboro –David Richmond, Franklin McCain, Ezell Blair y Joseph McNeill– era su relación el uno con el otro. McNeil era compañero de habitación de Blair en A. & T. Richmond y McCain también eran compañeros de habitación un piso más arriba, y tres de ellos habían sido compañeros en la secundaria Dudley. Los cuatro hacían pasar cerveza ilegalmente a sus habitaciones y conversaban hasta la madrugada. Todos recordaban el asesinato de Emmett Till en 1955, el boicot al autobús Montgomery ese mismo año. Fue McNeil el que tuvo la idea de hacer una acción en Woolworth’s. Lo discutieron durante un mes. Un día, McNeil fue a la habitación y les preguntó a los otros si estaban listos. Hubo una pausa, y McNeil les preguntó si eran unos gallinas. Ezell Blair juntó coraje al día siguiente para pedir esa taza de café porque estaba flanqueado por su compañero de habitación y por buenos amigos y ex compañeros de la secundaria.El tipo de activismo asociado con las redes sociales no tiene nada que ver con esto. Las plataformas de las redes sociales se construyen alrededor de lazos débiles. [Que los lazos de las redes sociales no se sostengan en el coraje ni en el cuerpo a cuerpo no los vuelve débiles ni ineficaces] Twitter es una forma de seguir (o ser seguido por) gente que uno probablemente jamás conoció. Facebook es una herramienta para organizar eficientemente a los conocidos, para estar al tanto de las vidas de gente que, de otra manera, uno no estaría en contacto. Por eso uno puede tener mil amigos en Facebook, cosa que nunca pasa en la vida real. [Suponer que la categoría de “amigo” de Facebook debe ser valuada en relación a lo que históricamente se entendió por amistad, no sólo es no entender la dimensión de los lazos que se establecen en el Facebook, sino que demuestra una ingenuidad preocupante para alguien que tiene pretensiones de leer el presente de nuestra cultura.]En muchas maneras, esto es algo fantástico. Hay fuerza en los lazos débiles [claro!], como ha observado el sociólogo Mark Granovetter. Nuestros conocidos –no nuestros amigos– son la mejor fuente de nuevas ideas e información. Internet nos deja explotar el poder de estas conexiones distantes con una maravillosa eficiencia. Es genial para la difusión de las innovaciones, para la colaboración interdisciplinaria, para encontrar vendedores y compradores ideales, y para las funciones logísticas del mundo de las citas románticas. Pero los vínculos débiles rara vez llevan al activismo de alto riesgo. [¿Y quién dijo que el riesgo es un valor en los nuevos vínculos sociales? El riesgo que implicaba exposición y coraje, es visto como poco inteligente entre quienes practican los nuevos modos de la participación social]Las redes sociales son efectivas para incrementar la participación –y lo hacen al disminuir el nivel de motivación que esa participación requiere–. La página de Facebook de la Coalición Salven a Darfur tiene un 1.200.300 miembros, que han donado un promedio de nueve centavos cada uno. La siguiente página de caridad para Darfur en Facebook tiene 22 mil miembros, que han donado un promedio de 35 centavos. Help Save Darfur tiene 2700 miembros que han donado, en promedio, 15 centavos. Un vocero de la Coalición Salven a Darfur (Save Darfur Coalition) dijo a Newsweek: “No necesariamente medimos el valor de alguien basándonos en lo que donaron. Informan a su comunidad, van a eventos, trabajan como voluntarios. No es algo que se pueda medir mirando la contaduría”. En otras palabras, el activismo de Facebook tiene éxito no motivando a la gente para que haga un sacrificio real sino motivándolos a hacer las cosas que la gente hace cuando no está motivada lo suficiente para hacer un sacrificio real. Esto queda muy lejos del restaurant de Greensboro. [Tan lejos como el Sr. Gladwell de entender y asimilar la nueva cultura, esa que según le dicen “está en medio de una revolución”. El coraje no tiene el mismo valor de cambio que tenía a principios de la década del sesenta en el restaurante de Greensboro. Las tácticas han cambiado, mas no la idea de lo que hay que hacer y hacia dónde dirigir las acciones, entre otras cosas porque la discriminación no es la misma; lo que sigue existiendo, en todo caso, es un ejercicio del poder que genera desigualdad. Ahora bien, si el poder ha aggiornado sus tácticas para sobrevivir (Boltanski y Chiapello) ¿por qué sostener el mismo modelo de lucha?]Los estudiantes que se unieron a las sentadas en el Sur durante el invierno de 1960 describieron al movimiento como “una fiebre”. Pero el movimiento por los derechos civiles se parecía más a una campaña militar que a un contagio. A fines de los años ‘50 se registraron 16 sentadas en varias ciudades del Sur, 15 de las cuales fueron organizadas por organizaciones de derechos civiles como Naacp y CORE. Se rastrearon locaciones para hacer las movilizaciones. Se dibujaron mapas. Los activistas dirigieron sesiones de entrenamiento y retiros para futuros manifestantes. Los cuatro de Greensboro fueron producto de este trabajo de campo: todos eran miembros del consejo juvenil del Naacp y tenían lazos cercanos con el jefe de la sección local de la organización. Se les había informado sobre la anterior ola de sentadas en Durham, y habían sido parte de una serie de encuentros del movimiento en iglesias activistas. Cuando la sentada se extendió de Greensboro al resto del Sur, no se extendió indiscriminadamente. Se extendió a aquellas ciudades que tenían “centros del movimiento” preexistentes, una base de activistas dedicados y entrenados, preparados para convertir “la fiebre” en acción. [Los nuevos lazos sociales también tienen historia. Lo que se llama nuevas tecnologías, es decir la herramienta que facilita el surgimiento de las nuevas redes sociales, no nacieron de un repollo. Son el producto de expresiones culturales alternativas al poder, así surgieron los hackers sin ir más lejos, contemporáneos del Mayo Francés, en un tiempo que todavía no estaba técnicamente maduro para que pudieran prosperar; pero la compatibilidad de los ideales del Mayo Francés con los principios de lucha de los hackers no tenían grandes diferencias, por el contrario formaron parte de la misma movida cultural-generacional, como en la actualidad la “generación Y”]El movimiento por los derechos civiles era activismo de alto riesgo. Fue también, crucialmente, activismo estratégico: un desafío al establisment montado con precisión y disciplina. [En la actualidad también enfrentan al establisment, sólo que de un modo diferente, de ninguna manera haciendo hincapié en la militancia tal cual se la conocía en la década del setenta, ni pretendiendo el mismo nivel de compromiso. Es algo más light, pero no menos conciente.] La Naacp era una organización centralizada, dirigida desde Nueva York de acuerdo a procedimientos operativos altamente formalizados. En la Southern Christian Leadership Conference, Martin Luther King, Jr. era la autoridad incuestionable. En el centro del movimiento estaba la Iglesia negra, que tenía una división del trabajo cuidadosamente demarcada, con varios comités y grupos disciplinados.Esta es la segunda distinción crucial entre el activismo tradicional y su variante online: las redes sociales no tienen nada que ver con esta organización jerárquica. Facebook y sus parientes son herramientas para construir redes, que son lo opuesto, en estructura y carácter, a las jerarquías. A diferencia de las jerarquías, con sus reglas y procedimientos, las redes no están controladas por una autoridad central. Las decisiones se toman por consenso, y los lazos que unen a la gente con el grupo son flojos. [Por suerte no tienen el mismo nivel de obediencia ni la misma estructura jerárquica. Basta con mirar hacia atrás y, como el Angelus Novus, ver los estragos que ha dejado ese modo de entender el compromiso político. La carta de Oscar del Barco, y todo lo que produjo, es parte de esa historia, que más que historia es laceramiento.]Esta estructura hace que las redes sean enormemente resistentes y adaptables en situaciones de bajo riesgo. Wikipedia es el ejemplo perfecto. No tiene un editor, sentado en Nueva York, que dirija y corrija cada entrada. El esfuerzo de armar cada entrada se organiza a sí mismo. Si cada entrada de Wikipedia se borrara mañana, el contenido sería rápidamente restituido, porque eso es lo que sucede cuando una red de miles espontáneamente dedica su tiempo a una tarea.Hay muchas cosas, sin embargo, que las redes no hacen bien. Las compañías de autos usan sensiblemente una red para organizar a sus cientos de proveedores, pero no usan redes para diseñar sus autos. ¿Cómo se toman decisiones difíciles sobre táctica o estrategia o dirección filosófica cuando todos tienen el mismo poder de decisión? [La pregunta denota una gran ignorancia de lo que significan las redes. La red funciona como un estado asambleario en tiempo real que no necesita un jefe (un centro) para funcionar. Hay que reconocer, sin embargo, que para aquellos casos en que la lucha ha demandado un nivel de presencia diferente, la red aún no ha sabido organizar una respuesta acorde, como si fuera un proceso que aún no ha podido darse una solución satisfactoria]En la Alemania de los ‘70, por ejemplo, los militantes de izquierda más unificados y más exitosos se organizaban jerárquicamente, con management profesional y divisiones claras de trabajo. Estaban concentrados geográficamente en universidades, donde podían establecer liderazgo central, confianza y camaradería en encuentros regulares y cara a cara. Rara vez traicionaban a sus camaradas de armas durante los interrogatorios de la policía. Sus enemigos de la derecha estaban organizados en redes descentralizadas, y no tenían esa disciplina. Estos grupos eran fáciles de infiltrar, y lo eran regularmente, y sus miembros, una vez arrestados, entregaban con facilidad a sus compañeros. Similarmente, Al Qaida era mucho más peligrosa cuando era una jerarquía unificada. Ahora que es una red disipada, ha probado ser menos efectiva.Los boicots, las sentadas y las confrontaciones no violentas –los métodos elegidos por el movimiento por los derechos civiles– son estrategias de alto riesgo. Dejan poco espacio para el conflicto o el error. El momento en que un solo manifestante se desvía del guión y responde a una provocación compromete la legitimidad de toda la protesta. Los entusiastas de las redes sociales sin duda nos querrán hacer creer que el trabajo de King en Birmingham hubiera sido infinitamente más fácil si hubiera podido comunicarse con sus seguidores por Facebook o si hubiera mandado tweets desde la cárcel. Pero las redes son desordenadas: piensen en el constante patrón de corrección y revisión, debate y enmienda, que caracteriza a Wikipedia. Si Martin Luther King Jr. hubiera intentado hacer un wiki-boicot en Montgomery hubiera sido aplastado por la estructura del poder blanco. ¿Y de qué sirve la comunicación digital en una ciudad donde el 90% de la comunidad negra puede ser localizada cada domingo en la iglesia? Las cosas que King necesitaba en Birmingham, disciplina y estrategia, son cosas que las redes sociales no pueden brindar.Las redes sociales hacen que sea más fácil para los activistas expresarse, y más difícil que esa expresión tenga un impacto. Los instrumentos de las redes sociales están muy bien preparados para hacer que el orden social existente sea más eficaz. No son un enemigo natural del statu quo. Si usted es de la opinión de que todo lo que el mundo necesita es ser pulido, esto no debería preocuparlo. Pero si piensa que todavía hay barras como la de Greensboro que necesitan integrarse, debe llamarlo a la reflexión.Publicado el 3 de octubre de 2010.http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-6505-2010-10-09.html
F.P.

Gladwell anotado

El domingo 3 de octubre de 2010, el Suplemento Radar del diario Página/12 publicaba una nota de Malcolm Gladwell sobre “el rol de Twitter y las redes sociales en el activismo político”. El título, como otros tantos que se afanan por profetizar el devenir de una época que está en sus inicios, no se ahorra el ridículo; en el caso que nos ocupa empeora, porque pretende arriesgar una tesis: La revolución no será twitteada. La nota parte de elementos extraídos de los acontecimientos sociales de los últimos años, donde la red social Twitter tuvo un protagonismo considerable. Con esos elementos, Gladwell saca conclusiones que a mi juicio son apresuradas.
A continuación voy a reproducir la nota y en el medio voy a ir mechando mis comentarios y refutaciones. Del mismo modo voy a subrayar aquellos párrafos que, más allá de las diferencias, actúan como una clara invitación al debate y la reflexión.

La revolución no será twitteada
A las cuatro y media de la tarde del lunes 1 de febrero de 1960, cuatro estudiantes de grado se sentaron a la barra del restaurant de la tienda Woolworth, en el centro de Greensboro, Carolina del Norte. Estudiaban en la A. & T. de Carolina del Norte, un college negro que quedaba a unos kilómetros de distancia.
“Me gustaría tomar una taza de café”, le dijo a la moza uno de los cuatro estudiantes, Ezell Blair.
“Acá no les servimos a negros”, contestó ella.
La barra del restaurant de Woolworth era larga, en forma de L, y tenía capacidad para 66 personas, con un snack-bar donde comer de pie al final. Ese snack bar era para los negros. Otra empleada, una mujer negra que trabajaba en la cocina, se acercó a los estudiantes y trató de prevenirlos. “¡Están actuando de manera estúpida, ignorantes!”, les dijo. Ellos no se movieron. Alrededor de las 5 y media, las puertas principales del negocio se cerraron. Los cuatro siguieron sin moverse. Finalmente, se fueron por la puerta del costado. Afuera se había reunido un pequeño grupo, incluyendo al fotógrafo de Record, el periódico de Greensboro. “Volveré mañana con el college A. & T.”, dijo uno de los estudiantes.
A la mañana siguiente, la protesta había crecido hasta veintisiete hombres y cuatro mujeres, la mayoría del mismo edificio donde vivían los cuatro originales en el campus. Los hombres estaban vestidos de saco y corbata. Los estudiantes habían traído sus apuntes, y estudiaban sentados a la barra. El miércoles, estudiantes de la secundaria “negra” Dudley High se unieron, y el número de personas movilizadas ascendió a 80. El jueves, los manifestantes eran 300, incluyendo tres mujeres blancas del campus de la Universidad de Carolina del Norte. Para el sábado, la protesta (una sentada) había alcanzado los 600 participantes. La gente salía a la calle. Adolescentes blancos hacían flamear banderas confederadas. Alguien tiró fuegos artificiales. Al mediodía, llegó el equipo de football de A. & T.
Para fin de mes, había sentadas en todo el sur, y por el Oeste llegaban hasta Texas. “Le pregunté a cada estudiante cómo había sido el primer día de la sentada en su campus”, escribió el teórico político Michael Walzer en Dissent. “La respuesta fue siempre la misma: ‘era como una fiebre: todo el mundo quería ir’.” Eventualmente, participaron 70 mil estudiantes. Miles fueron arrestados y otros miles se radicalizaron. Estos eventos de los tempranos años ‘60 se convirtieron en una batalla por los derechos civiles que envolvió al sur durante el resto de la década –y sucedió sin mails, sin mensajes de texto, sin Facebook y sin Twitter.

El mundo, se nos dice, está en medio de una revolución. Las nuevas herramientas de las redes sociales han reinventado el activismo social. Con Facebook, Twitter y sus parientes, la relación tradicional entre la autoridad política y la voluntad popular está patas para arriba, haciendo que sea más fácil colaborar para los que no tienen poder, coordinar y darle voz a sus preocupaciones. [el subrayado es mío] Cuando diez mil manifestantes salieron a las calles de Moldavia en la primavera de 2009 para protestar contra el gobierno comunista del país, la acción se dio en llamar la Revolución Twitter, refiriéndose al medio que habían usado para juntarse. Unos meses después, cuando protestas estudiantiles inflamaron Teherán, el departamento de Estado dio el inusual paso de pedirle a Twitter que suspendiera el mantenimiento planeado de su website, porque la Administración no quería semejante herramienta organizativa fuera de servicio durante el pico de las demostraciones.
“Sin Twitter los iraníes no se hubieran sentido empoderados y confiados para pedir por libertad y democracia”, escribió más tarde Mark Pfeifle, un ex consejero de seguridad nacional, y llamó a que se nominara a Twitter para el premio Nobel de la Paz. Si una vez los activistas se definieron por sus causas, hoy se definen por sus herramientas. [la bastardilla es mía] Los guerreros de Facebook se lanzan a la red para presionar por cambios. “Son nuestra mejor esperanza”, les dijo James K. Glassman, ex oficial del Departamento de Estado, a un grupo de cyberactivistas en una reciente conferencia sponsoreada por Facebook, AT&T, Howcast, MTV y Google. Sitios como Facebook, dijo Glassman, le dan a Estados Unidos una significativa ventaja competitiva sobre los terroristas. Hace un tiempo, dijo que Al Qaida estaba ‘comiéndose nuestro almuerzo en Internet’. Ya no es así. Al Qaida está atrapada en la Web 1.0. Hoy internet es interactividad y conversación.
Estas son declaraciones fuertes, desconcertantes. ¿Realmente la gente que ingresa a Facebook es la mejor esperanza para todos nosotros? Y en cuanto a la llamada Revolución Twitter de Moldavia, Evgeny Morozov, un académico de Stanford que ha sido de los críticos más persistentes al evangelismo digital, apunta que Twitter tuvo poca importancia interna en Moldavia, un país donde existen muy pocas cuentas de Twitter. Tampoco parece haber sido una revolución, no sólo porque los manifestantes pudieron haber sido parte de una puesta en escena orquestada por el gobierno. (En un país paranoico por el revanchismo rumano, los manifestantes hicieron flamear la bandera de Rumania sobre el edificio del Parlamento.) En el caso iraní, mientras tanto, la mayoría de la gente que twitteaba sobre las demostraciones estaba en Occidente.
“Es tiempo de que el rol de Twitter en los eventos de Irán se aclare”, escribió el verano pasado Golnaz Esfandiari en Foreign Policy. “Para decirlo fácil: no hubo una Revolución Twitter en Irán.” Los bloggers prominentes, como Andrew Sullivan, campeones del rol de las redes sociales en Irán, continuaba Esfandiari, no comprendieron bien la situación. “Los periodistas occidentales que no pudieron alcanzar –¿o no se molestaron en hacerlo? a la gente de a pie en Irán simplemente repasaron los posteos con el tag #iranelection en inglés”, escribió. “Y mientras lo hacían, a ninguno se le ocurrió preguntarse por qué gente que quería coordinar protestas en Irán usaría otro idioma diferente del propio, el farsi.”
Muchas de las exageraciones son esperables. Los innovadores suelen ser solipsistas. Con frecuencia quieren tomar cada hecho aislado y cada experiencia y aplicarles su nuevo modelo. Como el historiador Robert Darnton ha escrito, “las maravillas de la tecnología de la comunicación en el presente han producido una falta conciencia sobre el pasado –incluso una sensación de que la comunicación no tiene historia, o nada de importancia digno de ser considerado antes de la era de la televisión e Internet”. [No es cierto que la comunicación actual no tenga historia ni conciencia del pasado. Los libros de Tim O’Reilly, Pierre Lévy y Manuel Castells, entre otros, lo demuestran de manera categórica.] Pero hay algo más aquí, en el desproporcionado entusiasmo por las redes sociales. Cincuenta años después de uno de los más extraordinarios episodios del levantamiento social en la historia de los Estados Unidos, parece que olvidamos lo que es el activismo. [¿De dónde saca Gladwell que hemos olvidado lo que significa el activismo? En todo caso lo que ha cambiado es la idea de lo que significa el activismo, alguien como Gladwell evidentemente lo considera de un modo bien diferente al de los jóvenes twitteros. Pero lo que me parece más grave de las afirmaciones de Gladwell es el modo en que su relato devalúa tácitamente el activismo actual, porque según él no tiene lazos fuertes ni la gallardía que por ejemplo tuvo durante la década del sesenta. Hoy los lazos sociales –más precisamente los de las redes sociales– se sostienen en vínculos que no guardan casi ninguna relación con el ideario del activismo que demandaba poner el cuerpo. Así como los tapiales han cedido su lugar de expresión social al Twitter (Héctor Timerman dixit), sería menester que comenzáramos a percibir que el agite ya no pasa –o no pasa del mismo modo– por ir a poner el cuerpo en una manifestación pública, probando coraje y lazos fuertes]
Greensboro, en los tempranos años ‘60, era el tipo de lugar donde la insubordinación racial se encontraba rutinariamente con la violencia. Los cuatro estudiantes que se sentaron a esa barra estaban aterrorizados. “Supongo que si alguien hubiera venido de atrás y me hubiese gritado ‘bu’, yo me hubiera caído de la silla”, contó uno de ellos después. El primer día, el encargado de la tienda notificó al jefe de policía, que inmediatamente envió a dos oficiales. Al tercer día, una pandilla de patovicas blancos apareció en el restaurant y se pararon ostensiblemente detrás de los manifestantes, murmurando ominosamente epítetos como “negros de pelo duro”. Un líder local del Ku Klux Klan hizo su aparición también. El sábado, mientras las tensiones crecían, alguien llamó con una amenaza de bomba y toda la tienda tuvo que ser evacuada.
El activismo que enfrenta al statu quo –que ataca problemas de raíces profundas– no es para flojos. El activismo de alto riesgo es un fenómeno de lazos fuertes. [La raíz y la profundidad, dos conceptos de la estructura arbórea por excelencia, no son los conceptos más felices para hablar del activismo actual. Son conceptos antiguos, alejados de la idea de red con que actualmente se piensa el activismo, donde lo que vale es lo extenso y la conexión.]
Este patrón aparece una y otra vez. Un estudio sobre las Brigadas Rojas italianas encontró que el 70% de los reclutas tenían por lo menos un amigo cercano en la organización antes de ingresar. Lo mismo sucede con los hombres que se unieron a los mujaidines en Afganistán. Incluso las acciones revolucionarias que parecen espontáneas, como las demostraciones en Alemania Oriental que llevaron a la caída del Muro de Berlín, fueron, en su corazón, fenómenos de lazos fuertes. El movimiento de oposición en Alemania Oriental consistía en varios cientos de grupos, cada uno aproximadamente de una docena de miembros. Cada grupo tenía un contacto limitado con los otros: en ese momento, sólo el 13% de los alemanes orientales tenía teléfono. Todo lo que sabían era que los lunes por la noche, fuera de la iglesia de San Nicolás, en el centro de Leipzig, la gente se juntaba para expresar su enojo al Estado. Y el principal determinante sobre quién asistía era “el amigo crítico” –cuantos más amigos tuviera alguien que fueran críticos del régimen, más posible se volvía que esa persona se uniera a la protesta.
El hecho crucial acerca de los cuatro estudiantes de la barra de Greensboro –David Richmond, Franklin McCain, Ezell Blair y Joseph McNeill– era su relación el uno con el otro. McNeil era compañero de habitación de Blair en A. & T. Richmond y McCain también eran compañeros de habitación un piso más arriba, y tres de ellos habían sido compañeros en la secundaria Dudley. Los cuatro hacían pasar cerveza ilegalmente a sus habitaciones y conversaban hasta la madrugada. Todos recordaban el asesinato de Emmett Till en 1955, el boicot al autobús Montgomery ese mismo año. Fue McNeil el que tuvo la idea de hacer una acción en Woolworth’s. Lo discutieron durante un mes. Un día, McNeil fue a la habitación y les preguntó a los otros si estaban listos. Hubo una pausa, y McNeil les preguntó si eran unos gallinas. Ezell Blair juntó coraje al día siguiente para pedir esa taza de café porque estaba flanqueado por su compañero de habitación y por buenos amigos y ex compañeros de la secundaria.
El tipo de activismo asociado con las redes sociales no tiene nada que ver con esto. Las plataformas de las redes sociales se construyen alrededor de lazos débiles. [Que los lazos de las redes sociales no se sostengan en el coraje ni en el cuerpo a cuerpo no los vuelve débiles ni ineficaces] Twitter es una forma de seguir (o ser seguido por) gente que uno probablemente jamás conoció. Facebook es una herramienta para organizar eficientemente a los conocidos, para estar al tanto de las vidas de gente que, de otra manera, uno no estaría en contacto. Por eso uno puede tener mil amigos en Facebook, cosa que nunca pasa en la vida real. [Suponer que la categoría de “amigo” de Facebook debe ser valuada en relación a lo que históricamente se entendió por amistad, no sólo es no entender la dimensión de los lazos que se establecen en el Facebook, sino que demuestra una ingenuidad preocupante para alguien que tiene pretensiones de leer el presente de nuestra cultura.]
En muchas maneras, esto es algo fantástico. Hay fuerza en los lazos débiles [claro!], como ha observado el sociólogo Mark Granovetter. Nuestros conocidos –no nuestros amigos– son la mejor fuente de nuevas ideas e información. Internet nos deja explotar el poder de estas conexiones distantes con una maravillosa eficiencia. Es genial para la difusión de las innovaciones, para la colaboración interdisciplinaria, para encontrar vendedores y compradores ideales, y para las funciones logísticas del mundo de las citas románticas. Pero los vínculos débiles rara vez llevan al activismo de alto riesgo. [¿Y quién dijo que el riesgo es un valor en los nuevos vínculos sociales? El riesgo que implicaba exposición y coraje, es visto como poco inteligente entre quienes practican los nuevos modos de la participación social]
Las redes sociales son efectivas para incrementar la participación –y lo hacen al disminuir el nivel de motivación que esa participación requiere–. La página de Facebook de la Coalición Salven a Darfur tiene un 1.200.300 miembros, que han donado un promedio de nueve centavos cada uno. La siguiente página de caridad para Darfur en Facebook tiene 22 mil miembros, que han donado un promedio de 35 centavos. Help Save Darfur tiene 2700 miembros que han donado, en promedio, 15 centavos. Un vocero de la Coalición Salven a Darfur (Save Darfur Coalition) dijo a Newsweek: “No necesariamente medimos el valor de alguien basándonos en lo que donaron. Informan a su comunidad, van a eventos, trabajan como voluntarios. No es algo que se pueda medir mirando la contaduría”. En otras palabras, el activismo de Facebook tiene éxito no motivando a la gente para que haga un sacrificio real sino motivándolos a hacer las cosas que la gente hace cuando no está motivada lo suficiente para hacer un sacrificio real. Esto queda muy lejos del restaurant de Greensboro. [Tan lejos como el Sr. Gladwell de entender y asimilar la nueva cultura, esa que según le dicen “está en medio de una revolución”. El coraje no tiene el mismo valor de cambio que tenía a principios de la década del sesenta en el restaurante de Greensboro. Las tácticas han cambiado, mas no la idea de lo que hay que hacer y hacia dónde dirigir las acciones, entre otras cosas porque la discriminación no es la misma; lo que sigue existiendo, en todo caso, es un ejercicio del poder que genera desigualdad. Ahora bien, si el poder ha aggiornado sus tácticas para sobrevivir (Boltanski y Chiapello) ¿por qué sostener el mismo modelo de lucha?]
Los estudiantes que se unieron a las sentadas en el Sur durante el invierno de 1960 describieron al movimiento como “una fiebre”. Pero el movimiento por los derechos civiles se parecía más a una campaña militar que a un contagio. A fines de los años ‘50 se registraron 16 sentadas en varias ciudades del Sur, 15 de las cuales fueron organizadas por organizaciones de derechos civiles como Naacp y CORE. Se rastrearon locaciones para hacer las movilizaciones. Se dibujaron mapas. Los activistas dirigieron sesiones de entrenamiento y retiros para futuros manifestantes. Los cuatro de Greensboro fueron producto de este trabajo de campo: todos eran miembros del consejo juvenil del Naacp y tenían lazos cercanos con el jefe de la sección local de la organización. Se les había informado sobre la anterior ola de sentadas en Durham, y habían sido parte de una serie de encuentros del movimiento en iglesias activistas. Cuando la sentada se extendió de Greensboro al resto del Sur, no se extendió indiscriminadamente. Se extendió a aquellas ciudades que tenían “centros del movimiento” preexistentes, una base de activistas dedicados y entrenados, preparados para convertir “la fiebre” en acción. [Los nuevos lazos sociales también tienen historia. Lo que se llama nuevas tecnologías, es decir la herramienta que facilita el surgimiento de las nuevas redes sociales, no nacieron de un repollo. Son el producto de expresiones culturales alternativas al poder, así surgieron los hackers sin ir más lejos, contemporáneos del Mayo Francés, en un tiempo que todavía no estaba técnicamente maduro para que pudieran prosperar; pero la compatibilidad de los ideales del Mayo Francés con los principios de lucha de los hackers no tenían grandes diferencias, por el contrario formaron parte de la misma movida cultural-generacional, como en la actualidad la “generación Y”]

El movimiento por los derechos civiles era activismo de alto riesgo. Fue también, crucialmente, activismo estratégico: un desafío al establisment montado con precisión y disciplina. [En la actualidad también enfrentan al establisment, sólo que de un modo diferente, de ninguna manera haciendo hincapié en la militancia tal cual se la conocía en la década del setenta, ni pretendiendo el mismo nivel de compromiso. Es algo más light, pero no menos conciente.] La Naacp era una organización centralizada, dirigida desde Nueva York de acuerdo a procedimientos operativos altamente formalizados. En la Southern Christian Leadership Conference, Martin Luther King, Jr. era la autoridad incuestionable. En el centro del movimiento estaba la Iglesia negra, que tenía una división del trabajo cuidadosamente demarcada, con varios comités y grupos disciplinados.
Esta es la segunda distinción crucial entre el activismo tradicional y su variante online: las redes sociales no tienen nada que ver con esta organización jerárquica. Facebook y sus parientes son herramientas para construir redes, que son lo opuesto, en estructura y carácter, a las jerarquías. A diferencia de las jerarquías, con sus reglas y procedimientos, las redes no están controladas por una autoridad central. Las decisiones se toman por consenso, y los lazos que unen a la gente con el grupo son flojos. [Por suerte no tienen el mismo nivel de obediencia ni la misma estructura jerárquica. Basta con mirar hacia atrás y, como el Angelus Novus, ver los estragos que ha dejado ese modo de entender el compromiso político. La carta de Oscar del Barco, y todo lo que produjo, es parte de esa historia, que más que historia es laceramiento.]
Esta estructura hace que las redes sean enormemente resistentes y adaptables en situaciones de bajo riesgo. Wikipedia es el ejemplo perfecto. No tiene un editor, sentado en Nueva York, que dirija y corrija cada entrada. El esfuerzo de armar cada entrada se organiza a sí mismo. Si cada entrada de Wikipedia se borrara mañana, el contenido sería rápidamente restituido, porque eso es lo que sucede cuando una red de miles espontáneamente dedica su tiempo a una tarea.
Hay muchas cosas, sin embargo, que las redes no hacen bien. Las compañías de autos usan sensiblemente una red para organizar a sus cientos de proveedores, pero no usan redes para diseñar sus autos. ¿Cómo se toman decisiones difíciles sobre táctica o estrategia o dirección filosófica cuando todos tienen el mismo poder de decisión? [La pregunta denota una gran ignorancia de lo que significan las redes. La red funciona como un estado asambleario en tiempo real que no necesita un jefe (un centro) para funcionar. Hay que reconocer, sin embargo, que para aquellos casos en que la lucha ha demandado un nivel de presencia diferente, la red aún no ha sabido organizar una respuesta acorde, como si fuera un proceso que aún no ha podido darse una solución satisfactoria]
En la Alemania de los ‘70, por ejemplo, los militantes de izquierda más unificados y más exitosos se organizaban jerárquicamente, con management profesional y divisiones claras de trabajo. Estaban concentrados geográficamente en universidades, donde podían establecer liderazgo central, confianza y camaradería en encuentros regulares y cara a cara. Rara vez traicionaban a sus camaradas de armas durante los interrogatorios de la policía. Sus enemigos de la derecha estaban organizados en redes descentralizadas, y no tenían esa disciplina. Estos grupos eran fáciles de infiltrar, y lo eran regularmente, y sus miembros, una vez arrestados, entregaban con facilidad a sus compañeros. Similarmente, Al Qaida era mucho más peligrosa cuando era una jerarquía unificada. Ahora que es una red disipada, ha probado ser menos efectiva.
Los boicots, las sentadas y las confrontaciones no violentas –los métodos elegidos por el movimiento por los derechos civiles– son estrategias de alto riesgo. Dejan poco espacio para el conflicto o el error. El momento en que un solo manifestante se desvía del guión y responde a una provocación compromete la legitimidad de toda la protesta. Los entusiastas de las redes sociales sin duda nos querrán hacer creer que el trabajo de King en Birmingham hubiera sido infinitamente más fácil si hubiera podido comunicarse con sus seguidores por Facebook o si hubiera mandado tweets desde la cárcel. Pero las redes son desordenadas: piensen en el constante patrón de corrección y revisión, debate y enmienda, que caracteriza a Wikipedia. Si Martin Luther King Jr. hubiera intentado hacer un wiki-boicot en Montgomery hubiera sido aplastado por la estructura del poder blanco. ¿Y de qué sirve la comunicación digital en una ciudad donde el 90% de la comunidad negra puede ser localizada cada domingo en la iglesia? Las cosas que King necesitaba en Birmingham, disciplina y estrategia, son cosas que las redes sociales no pueden brindar.
Las redes sociales hacen que sea más fácil para los activistas expresarse, y más difícil que esa expresión tenga un impacto. Los instrumentos de las redes sociales están muy bien preparados para hacer que el orden social existente sea más eficaz. No son un enemigo natural del statu quo. Si usted es de la opinión de que todo lo que el mundo necesita es ser pulido, esto no debería preocuparlo. Pero si piensa que todavía hay barras como la de Greensboro que necesitan integrarse, debe llamarlo a la reflexión.

Publicado el 3 de octubre de 2010.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-6505-2010-10-09.html

F.P.

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El mundo en 140 caracteres
Christopher Isaac Stone, más conocido como Biz Stone, tiene 36 años y es, junto a Jack Dorsey y Evan Williams, uno de los que a principios de 2006 crearon de Twitter, una de las redes sociales más grandes del mundo junto a Facebook. Habló por primera vez con un medio argentino (La Nación), luego de casi un año de buscar espacio en su agenda. Stone define a Twitter de un modo muy interesante, como “una fuerza para el bien” y “un gran lugar para trabajar”. No es poco si como, él mismo lo resalta, “en 2007, 2008 y 2009, Twitter estuvo presente en casi todo gran evento mundial, desde elecciones hasta catástrofes, pasando por incendios, terremotos, campañas políticas, el Superbowl y los Oscar”. Cabe que nos preguntemos las mismas preguntas que nos hacemos en este blog, desde un comienzo: ¿cuál es la dimensión política de esta red? ¿Qué nos está diciendo el procedimiento de las redes sociales? ¿Qué mundo nos anticipan? Les dejamos el link para que vean la nota, que también tiene el audio. Pasen y vean:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1257552
F.P.

El mundo en 140 caracteres

Christopher Isaac Stone, más conocido como Biz Stone, tiene 36 años y es, junto a Jack Dorsey y Evan Williams, uno de los que a principios de 2006 crearon de Twitter, una de las redes sociales más grandes del mundo junto a Facebook. Habló por primera vez con un medio argentino (La Nación), luego de casi un año de buscar espacio en su agenda. Stone define a Twitter de un modo muy interesante, como “una fuerza para el bien” y “un gran lugar para trabajar”. No es poco si como, él mismo lo resalta, “en 2007, 2008 y 2009, Twitter estuvo presente en casi todo gran evento mundial, desde elecciones hasta catástrofes, pasando por incendios, terremotos, campañas políticas, el Superbowl y los Oscar”. Cabe que nos preguntemos las mismas preguntas que nos hacemos en este blog, desde un comienzo: ¿cuál es la dimensión política de esta red? ¿Qué nos está diciendo el procedimiento de las redes sociales? ¿Qué mundo nos anticipan? Les dejamos el link para que vean la nota, que también tiene el audio. Pasen y vean:

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1257552

F.P.

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El 50 por ciento de Jengibre está en Noruega. Siguiendo con el post de Fernando y la nota de Pola en Radar, podemos decir efectivamente que las nuevas tecnologías están ineludiblemente vinculadas a las nuevas formas de hacer política local y global.
Este lunes 22 de Junio, cruzando el Palacio Real y frente a las escalinatas de la cancillería del Reino, se dieron cita un conjunto variopinto de opositores al régimen de Ali Khamenei, el líder supremo, y de su delfín, Mahmoud Ahmadinejad. El grupo de algunos cientos de personas estaba conformado por iraníes, iraníes-noruegos, noruegos-iraníes, noruegos, curiosos y turistas. Si bien todos coincidían en repudiar el fraude electoral, las motivaciones y grupos de origen era de por más diversas. Demócratas, liberales, miembros del PC iraní, nostálgicos del régimen del Sha Mohammad Reza Pahlavi -si el mismo impuesto vía los oficios de CIA americana y el MI6 británico luego del coup d’etat en 1953 contra Mossadeq- interactuaban con defensores de Mousavi, y hasta un grupo de iraníes secesionistas kurdos que luchan por la creación de un Estado independiente conformado por pedazos contiguos de las naciones de Irak , Irán, Siria, y Turquía. Sin embargo todos estos vectores de sentido coincidían en un par de puntos.
Como es de esperar los conocimientos que Jengibre tiene del Farsi son nulos, y del Noruego francamente insuficientes. Sin embargo a los largo de al menos tres discursos había una serie de palabras que todos pudimos reconocer: Twitter, You Tube, Facebook y Flickr. Más o menos en forma descendiente de importancia. Dada la edad promedio de los asistentes, las referencias son entendibles. Diana y sus amigas (ver foto) se llevan evidentemente mejor con sus celulares que con las apelaciones a un modo clásico de sujeción a las normas islámicas.Si bien es cierto que al parecer Twitter se las trae, quizás estemos aún en una etapa de inflación. Bill Maher, cómico estadounidense que aparece por HBO, señalo no estar muy seguro si Twitter salvó a Irán o Irán salvo a Twitter. Después de todo el usuario promedio americano si se le pregunta qué es Irán, probablemente responda “¿el nuevo sistema para hacer jogging de Apple?” (no se si traduce bien el chiste de, nuevamente Bill Maher, pero fíjense). De todos modos quizás el valor de Twitter no sean sus posteos individuales, de apenas un poco más de 100 caracteres, sino el peso del conjunto, la creación de una tendencia, la autorregulación de los contenidos, la “sabiduría de las multitudes” para utilizar un término en boga.¿Twister está aquí para quedarse? ¿O se trata de una herramienta gratuita sin modelo de negocio que crece sin saber hacia donde, mientras es utilizada como medios para otros fines? Veremos, y el plural acá es literal y performativo.
Fabián Mosenson

El 50 por ciento de Jengibre está en Noruega. Siguiendo con el post de Fernando y la nota de Pola en Radar, podemos decir efectivamente que las nuevas tecnologías están ineludiblemente vinculadas a las nuevas formas de hacer política local y global.

Este lunes 22 de Junio, cruzando el Palacio Real y frente a las escalinatas de la cancillería del Reino, se dieron cita un conjunto variopinto de opositores al régimen de Ali Khamenei, el líder supremo, y de su delfín, Mahmoud Ahmadinejad. El grupo de algunos cientos de personas estaba conformado por iraníes, iraníes-noruegos, noruegos-iraníes, noruegos, curiosos y turistas. Si bien todos coincidían en repudiar el fraude electoral, las motivaciones y grupos de origen era de por más diversas. Demócratas, liberales, miembros del PC iraní, nostálgicos del régimen del Sha Mohammad Reza Pahlavi -si el mismo impuesto vía los oficios de CIA americana y el MI6 británico luego del coup d’etat en 1953 contra Mossadeq- interactuaban con defensores de Mousavi, y hasta un grupo de iraníes secesionistas kurdos que luchan por la creación de un Estado independiente conformado por pedazos contiguos de las naciones de Irak , Irán, Siria, y Turquía. Sin embargo todos estos vectores de sentido coincidían en un par de puntos.

Como es de esperar los conocimientos que Jengibre tiene del Farsi son nulos, y del Noruego francamente insuficientes. Sin embargo a los largo de al menos tres discursos había una serie de palabras que todos pudimos reconocer: Twitter, You Tube, Facebook y Flickr. Más o menos en forma descendiente de importancia. Dada la edad promedio de los asistentes, las referencias son entendibles. Diana y sus amigas (ver foto) se llevan evidentemente mejor con sus celulares que con las apelaciones a un modo clásico de sujeción a las normas islámicas.

Si bien es cierto que al parecer Twitter se las trae, quizás estemos aún en una etapa de inflación. Bill Maher, cómico estadounidense que aparece por HBO, señalo no estar muy seguro si Twitter salvó a Irán o Irán salvo a Twitter. Después de todo el usuario promedio americano si se le pregunta qué es Irán, probablemente responda “¿el nuevo sistema para hacer jogging de Apple?” (no se si traduce bien el chiste de, nuevamente Bill Maher, pero fíjense). De todos modos quizás el valor de Twitter no sean sus posteos individuales, de apenas un poco más de 100 caracteres, sino el peso del conjunto, la creación de una tendencia, la autorregulación de los contenidos, la “sabiduría de las multitudes” para utilizar un término en boga.

¿Twister está aquí para quedarse? ¿O se trata de una herramienta gratuita sin modelo de negocio que crece sin saber hacia donde, mientras es utilizada como medios para otros fines? Veremos, y el plural acá es literal y performativo.

Fabián Mosenson

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